Periodista Peruana involucrada en espionaje

Vicky Peláez refresca la “Guerra Fría” entre EE.UU. y Rusia

Para Judith Torrea, una amiga española que hoy la recuerda desde las páginas de El País de Madrid, Vicky Peláez no puede ser la persona que recientemente fue acusada y deportada por el gobierno de Estados Unidos, bajo cargos de espionaje a favor de Rusia.
“Ella apenas hablaba Inglés”, dice, y agrega que cuando la conoció era sólo una chica de izquierda empecinada en denunciar las injusticias del mundo; que vivía precariamente en un apartamentito del suburbio de Yonkers, área norte de Nueva York, cercana al Bronx, que hacía esfuerzos, como todos los inmigrantes, para mantener un status decoroso, entre los pagos del auto, la casa, los servicios, los hijos.
Lo que dice el FBI es que Vicky Peláez conoce al menos más de tres lenguas, es experta en “escritura invisible”, la que puede ser enviada en códigos digitales, ha sido filmada y grabada en actitudes de espía, y recibió, así lo confirman, una bolsa de dinero de un espía encubierto, en una nación latinoamericana.
El verdadero nombre de la periodista peruana es Victoria Peláez Ocampo. Nació en 1956 en Cusco. Hizo parte de la planta de redacción del diario La Prensa, de Lima, y fue también reportera del programa “90 Minutos”, de Frecuencia Latina. Se distinguió siempre por sus fogosos artículos. En una ocasión, y por unas horas, fue secuestrada, junto a su camarógrafo, por el movimiento guerrillero Tupac Amaru.
El esposo de la comunicadora estaba registrado en Estados Unidos con el nombre de “Juan Lázaro”, más su verdadera identidad responde a Mikhail Anatolojenvic Vasenkov, originario de Rusia.
Lo que rodea hoy a la comunicadora peruana de El diario/La Prensa de Nueva York, así como las circunstancias de detención y posterior deportación de otros nueve ciudadanos en los Estados Unidos, bajo un cargo similar de espionaje, tiene todos los visos de una película de ficción, y se asemeja a los tiempos de la Guerra Fría, cuando la URSS y Estados Unidos se enfrascaron en un intercambio de espías que es hoy motivo de películas de Hollywood, y libros de ficción.

Espionaje hoy
Aunque Estados Unidos y Rusia, país líder de la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, parecieron firmar un pacto en el agua, después de la caída del Muro de Berlín y la desaparición, aún no oficializada, del Socialismo y su hermano el Comunismo, el mundo se pregunta qué razones se tienen hoy para espiarse mutuamente. Sobre todo cuando se observan de por medio pasos para reducir el arsenal nuclear, firmas, convenios, almuerzos con hamburguesas entre Obama y Dimitri Medvedev en restaurantillos populares.
Este caso de espionaje y posterior intercambio de agentes que acaba de presenciar el mundo, tiene que ver, objetivamente, con una realidad: las naciones más poderosas no renuncian, no lo harán, al menos por ahora, a la carrera armamentista, al mantenimiento del secreto en lo que tiene que ver con decisiones de poder que afectan de manera directa o indirecta el rumbo del planeta.
En el asunto de los espías, desde luego, no hay solamente secretos militares. Los hay también tecnológicos, políticos, de rumbos en la economía, de seguridad, etcétera.
Lo que se discute y asombra hoy, no es si la Peláez es culpable o no -ella acaba de admitir su responsabilidad en los hechos de espionaje-, sino hasta dónde llega el brazo de las naciones en “pugna” por el poderío mundial. Una pugna que a veces parece en el olvido, desaparecida, pero que está ahí, como en los tiempos duros de Nikita Krushev y John Kennedy.
En lo que respecta concretamente a la periodista peruana, su abogado John Rodríguez, manifiesta que ella no tiene ningún nexo familiar o cultural con Rusia, ya que fue deportada hasta ahí. Se dice también que el estado ruso le proporcionará una pensión vitalicia de US$2.000, vivienda y bienestar para sus hijos, así como la posibilidad de visitar libremente el Perú, su nación de origen, más todo ello no ha sido plenamente confirmado.
Las muchedumbres piensan que los gigantes duermen, pero estos están siempre con el ojo alerta. Hoy, con los chips informáticos, los micrófonos microscópicos, las lentes que penetran viviendas, a distancia, la depuración de la comunicación satelital, es casi imposible que alguien no pueda ser espiado. Basta una voluntad de alguna de la partes, para hacerlo.

*Escritor colombiano
Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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