Otro tiroteo, otra masacre, ¿y ahora qué hacemos?

Cuando el presidente Obama se dirigió a los medios de prensa, luego de la matanza de estudiantes y profesores de la Escuela de Oregón, se lo vio muy frustrado y a la vez desconcertado. Y no es para menos.
En la mañana del 1 de Octubre pasado, hace apenas una semana de cuando escribimos la presente, Chris Harper Mercer, de 26 años, había desatado una cobarde e insana matanza en el Umpqua Community College de Roseburg, pequeña localidad de Oregon. En el hecho murieron 9 personas y 7 resultaron heridas y hay que incluir el fallecimiento del homicida que fue abatido por la Policía.
Pero, volvamos a las palabras del presidente, quien habló que esto ya se ha convertido en una rutina, en incluso su comparecencia en la sala de prensa era una rutina y repasó los últimos tiroteos en poco tiempo. Mostró su preocupación pero también su impotencia. Habló de las leyes de regulación sobre las armas, que el mismo propuso hace un año, y que precisamente eligió Connecticut para iniciar su gira explicando su propuesta. Lamentablemente aún no hay leyes duras para restringir la venta de armas a particulares.
La pregunta que todos nos hacemos y no es nada brillante, es el por qué ocurren estas matanzas?, cuál es el motivo de la violencia asesina hacia personas inocentes?
Si dejamos por un momento el tema de la libertad y la facilidad de conseguir armas; podríamos analizar la situación personal del homicida, su vida, su familia, sus amigos, su intimidad… y es ahí, probablemente, en la que encontremos algunas respuestas; por ejemplo las fallas, las deficiencias, los síntomas de desequilibrio mental del homicida. Se nos ocurre pensar, hasta dónde los padres y las familias no pueden advertir rasgos de la personalidad del atacante.
Finalmente, a propósito de la visita del Papa a los Estados Unidos recientemente, en sus discursos habló mucho del valor de la familia, del diálogo y los afectos, recordó que hay muchos divorcios, pero también que existe bastante desconexión entre padres e hijos, y no le echemos la culpa solo a los avances tecnológicos, hay mucho que hablar y hacer en el seno de las familias, quizás luego de eso se pueda, sino evitar, por lo menos disminuir estos casos de locura.
Identidad Latina
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