Otra vez en los brazos de Connecticut

Redactor de IDENTIDAD LATINA de vacaciones en Hartford

Pese a que el invierno le hizo un par de malas jugadas a mi salud, el hecho de volver a la ciudad que me recibió con los brazos abiertos, me hizo reencontrar con momentos que creí perdidos en los vericuetos de mi memoria. Allí estaba la Park Street con su bullicioso devenir de hermanos hispanos, las enormes extensiones de verdor como la Pope Park, y el sereno río Connecticut que deslizaba algunos bloques de hielo.

Encontrar a mi familia y a mis amigos aquí, trabajando por su propio bienestar y el desarrollo de la ciudad, me hizo sentir en determinado momento como el hijo pródigo que vuelve al seno paterno, después de salir a recorrer el mundo para alimentar mi propio crecimiento personal, abrir los ojos a las diferentes manifestaciones del hombre, y aumentar mi capacidad de comprensión a la humanidad.

Tras recibir los consabidos agasajos y bienvenidas, me dispuse, pues, a escuchar y leer las noticias que involucran a Harftord y otras ciudades de Connecticut. Y grande fue mi sorpresa que esas urbes, tan amables y tolerantes con la inmigración hispana, ahora cambiaban de actitud en la persona de algunas de sus autoridades, impulsando medidas que afectaban su situación.

Sólo por citar un caso, me permito mencionar al alcalde de Danbury, Mark Boughton, a quien vi en varios noticiarios de televisión. Resulta que Boughton protegía a efectivos policiales que habían hecho redadas en contra de jornaleros que buscaban empleo. ¿Cuál fue el delito? ¿Robo, asesinato, infracción de tránsito? Ninguno, simplemente eran ecuatorianos, y por su condición de hispanos, eran detenidos por la autoridad.

Esa noticia se mezclaba con información de las elecciones primarias de Estados Unidos. Para muchos sectores, la esperanza de cambio se centraba en Hillary Clinton y Barack Obama, cuya tradición demócrata despierta posibilidades de regularizar a millones de inmigrantes indocumentados.

Sin embargo, queda claro que ese tema se encuentra en debate únicamente por la campaña electoral, pero luego de ello, nuevamente permanecerá en el tintero de las buenas intenciones, en la agenda postergada de planes de gobierno, y en el ahogado deseo de los latinoamericanos en sumarse a una nación de inmigrantes, cuya fortaleza y crecimiento se ha basado precisamente en el deseo de superación para sus descendientes.

¿Y cómo pagan las autoridades norteamericanas a ese anhelo? Con medidas represivas. Basta con ver el tratamiento que recibimos los hispanos en los aeropuertos: nos toman fotografía obligatoria, nos registran las huellas dactilares, y somos sometidos a un interrogatorio para conocer al milímetro nuestras intenciones de visita. Entendemos que son medidas de seguridad post – 11 de Setiembre, pero ¿por qué tanto énfasis en los hispanos?

Si el año 2007 fue negativo porque archivaron más de un proyecto parlamentario para regularizar a los inmigrantes hispanos, el gobierno de George W. Bush permitió la construcción de un muro en la frontera con México, y las autoridades de inmigración iniciaron redadas en los centros de trabajo, espero que este 2008 sea diferente y que el nuevo gobierno reconozca a los inmigrantes como hijos que aman a sus padres.

Julio Panduro
jpanduro@gmail.com

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