OPINION: Las deportaciones en EEUU y sus cifras

Ahora que se instala una nueva administración en los Estados Unidos, es bueno saber algo de estadísticas en cuanto a las deportaciones y/o expulsiones que ejecuta este país cada año, aclarando que se trata de gente indocumentada, principalmente con antecedentes delictivos; y éstas nos traen más de una sorpresa, en cuanto a sus tendencias, cifras y a políticas instauradas, tanto por presidentes republicanos como por demócratas en las últimas décadas, y sirven para enfocarnos mejor, en el presente siglo.

Las deportación de inmigrantes indocumentados sigue su tendencia a la baja en Estados Unidos; la cifra total de expulsiones cayó en 2015 por segundo año consecutivo y fue la más baja desde 2007, según las últimas estadísticas del Gobierno estadounidense; el descenso afecta especialmente a los inmigrantes mexicanos, que aún así suponen la mayoría de las deportaciones. Les siguen, a mucha distancia, guatemaltecos, salvadoreños y hondureños. El Gobierno de Barack Obama expulsó en el año fiscal 2015 a 333.341 inmigrantes indocumentados (242.456 mexicanos), según las estadísticas divulgadas por el Departamento de Seguridad Interior; es un 20% menos que el año anterior. En  2014, el total de expulsados alcanzó las 414.481 personas (275.911 mexicanas); un año antes, los mexicanos deportados rondaban los 314.000.

Para encontrar el último antecedente de una cifra más baja del conjunto de expulsiones de indocumentados hay que remontarse a 2007 con unas 319.000; el presidente entonces era el Republicano George W. Bush. El descenso de los últimos dos años refleja un viraje en la estrategia de Obama, pues éste fue el presidente estadounidense que más inmigrantes ha expulsado, lo que ha golpeado su imagen entre los latinos. Desde 2009, cuando llegó el demócrata a la Casa Blanca, han sido deportados alrededor de 2,7 millones de personas; con Bush, fueron unas dos millones.

El futuro presidente estadounidense, el Republicano Donald Trump ha anunciado que deportará a entre dos y tres millones de indocumentados con antecedentes delictivos. En campaña, hizo de la retórica antiinmigrante una de sus principales señas de identidad; prometió construir un muro fronterizo con México y expulsar a todos los 11 millones de indocumentados que se calcula hay en EE UU.

Entre los motivos que se barajan para explicar el descenso de expulsiones, está la menor actividad de la patrulla fronteriza. Este año, ha capturado a unas 408.000 personas, una las cifras más bajas desde los años setenta. Otro factor es la caída generalizada de la inmigración tanto autorizada como no autorizada; entre 2008 y 2014 más mexicanos retornaron a su país desde EE UU que los que se trasladaron de México al vecino del norte. También influye la decisión de la Casa Blanca de priorizar el año pasado la deportación de personas condenadas por un delito, junto al hecho de que más comunidades locales han decidido no participar en las expulsiones.

El análisis de las deportaciones de los últimos 15 años es un termómetro que ayuda a calibrar el alcance del flujo migratorio entre México y EE UU, y las decisiones políticas de la primera potencia mundial sobre el control de su frontera sur.

Así las cosas y analizando las cifras, podemos darnos cuenta que los discursos, la retórica y las imágenes que se proyectan no son siempre las más objetivas; la dureza en la aplicación de las leyes puede encontrase en todos lados. Las reformas migratorias, el mejor control y los buenos deseos chocan a veces con la realidad y más allá de las elecciones y el viraje en la conducción del país, como que la gente y sus ansias por movilizarse o incluso su agresiva reacción al sistema, provoca fenómenos difíciles de explicar. Y sin duda, ese malestar que proyectan las deportaciones y/o expulsiones de un país, se tornan, sin embargo, necesarias cuando es aplicada a quienes se manejan al margen de la ley.

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