OPINION: Gustavo Cerati: Despedida para crecer

Lo de Gustavo Cerati, es una señal de los tiempos.
Cual orquestado, miles de adeptos, poblaron el trayecto de su féretro en Buenos Aires, como enmarcando la lírica de una canción homenaje.
Despidieron a un fantasma, el Cerati del “Gracias Totales” llevaba 4 años enclaustrado en la niebla de un coma clínico. Su madre, cuidaba su cuerpo repitiendo a menudo para los buitres del morbo periodístico: “Parece dormido.”
Alimentando las fantasías de los desconectados, como si Gustavo tramara un regreso operático.
El clamor ante su partida, fue mundial ¿y por qué no? Si todos pueden contribuir a la repercusión, con 140 espacios, para divulgar su reverencia.
¿Pero al final qué? Lo que se pierde junto al genio de su talento, resulta siendo nuestra juventud.
Los Cincuentones, cuarenta y tantos y treinta-mentirosos tienen que enfrentar el paso del tiempo. Inexorable e irrevertible, sin espacio para la ambigüedad que manejaba tan bien en las canciones que nos deja.
Gustavo, simboliza la rebeldía mesurada, el clamor calculado que permeaba primero a un país y luego a un continente ahogado por el totalitarismo.
Que no quede la menor duda, el entorno y la coyuntura, atizó el fuego de la creatividad escapista. “Soda” es el hijo de la desesperanza, un país secuestrado por la necedad del militarismo, era terreno virgen que procreaba rebeldía.
Algunos optaron por el afrontamiento, mientras que otros internalizaron las causas. Nadie tiene la llave para aclarar motivaciones, pero la vertiente creativa de Cerati se desparramó sobre las heridas del ajustamiento.
Testigo de los nos y de lo prohibido, indudablemente se alimentó de ello. La escuela callejera lo tildó de copión en principio, de emulador por aferrarse a la corriente ligera del rock extranjero, reflejada en bandas como The Police, The Cure y mas. Comparaciones que valen en lo trivial. Al fin y al cabo nadie estaba inventando la pólvora y músico sin influencias es músico sin dimensión. ¿Dónde estaba la diferencia?
Lírica y ensamblaje. El genio de Soda era la amalgama de su convicción, imagen y substancia. Zeta y Gustavo fueron punta de lanza, Charly se acopló al engranaje, lo demás es historia. Al umbral de la democracia anunciada, convencieron a todo Buenos Aires de que el rock no tenía que ser foráneo para ser exótico y palpable a la vez.
Eso es lo que se llora. El Cerati de Soda y sus encarnaciones individuales siempre resaltaban, como dice mi primo: “Un paraíso sónico”. Laboriosidad traducida en densidad y un gancho de guitarra. Las canciones de Soda eran para corear y sus discos de solista invitaban a la exploración, a poner el CD en “replay”.
La masiva respuesta al aviso de su partida refleja dos cosas. Una vértice donde se encuentran nuestra habilidad para expresar sin filtros lo pensado en redes sociales y la realidad de que nuestra generación pasa del protagonismo a ser referencia.
Lo que perdemos con Cerati es palpable, enterramos nuestra mejor instancia, mas allá del cálculo matemático, hay una generación escalada que reclama la bandera ochentera en Sudamérica, hijos de la opresión y héroes del cambio que se bancaron de todo y ahora se confunden ante la mortalidad de sus íconos.
En resumen, es indescriptible la pena, la desazón de perder a quien parte.
Dormías con tu vieja al lado y todos pensamos que regresabas, y resulta que no…
Como dijo mi amigo el Grillo Villegas: “Me desesperaba su cárcel, ahora descansa”.
Queda el rock, la época, tu rareza y nuestra inocencia… Nos consolamos con lo que dijo el Indio Solari de ti: “Los verdaderos artistas no se dejan llevar ni un minuto antes ni uno después de reconciliarse con la vida”.
Y así maduramos a las malas…

* Tonny Velasco es un escritor, cineasta y productor de televisión y radio que reside en Connecticut.
Tonny Velasco
tonnyvelasco@mac.com

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