OPINION: El libre albedrío

DALTO COMENTA



Siempre nos llamó la atención la frase, el “libre albedrío”, creemos haberla visto en los textos sagrados, donde se dice algo al respecto; supongo que se refiere al ser humano irremediablemente perdido en la inmensidad de la naturaleza, a los primeros seres creados por Dios deambulando por las montañas, y el inicio de la civilización, la libertad plena, hacer lo que uno quiera, o más bien, la repentina explosión del universo, el destino en nuestros pies, la voluntad de tomar una decisión en vez de otra.
Es como la historia de la humanidad encuadrada en un film, las aventuras que se nos vienen cada día, el libre albedrío es como la norma dictada por Dios, por la cual las entrañas y la piel que nos cubre deben cada día dar muestras de valor y someterse al sol incandescente, el Quijote me parece lo más parecido a esa libertad, saliendo con su lanza por su patio trasero, sin imaginar las miles de aventuras que se le vendrían, devorándose todos los días angustias, sensaciones, sorpresas y demás; los niños jugando, los niños por la cuadra jugando a policías y ladrones, dando vueltas e inventando trincheras atrás de sus casas, la melancolía de recordarlas después, el avión en la mano volando por muebles y mesas, el sobrino pequeño jugando a la guerra sobre el piso cerámico, creyéndose autor de estrategias, mundos fantásticos, lejos de las miradas, arrastrándose por el suelo, creciendo y todavía pequeño. Es el libre albedrío, dejándole crecer sus húmeros y su imaginación, haciendo historias breves en su corto espacio.
Es también la soledad del ser humano, el desligarse del Todopoderoso y las distancias marcadas por Jehová, es la libre voluntad del hombre; ya no el paraíso del Génesis, en el que teníamos todo y se nos proyectaba mas bien una vida relajada y sin peligros, con un Dios guiando nuestros pasos, con movimientos calculados y controlados, la felicidad perfecta, prometida y diseñada por una mano magistral; después vino la imperfección del ser humano, su conflicto con la creación y su lucha interna, escapó de ese inmenso jardín, mató a su hermano y terminó huyendo, viendo de reojo la autoridad de su Dios, y vivió siempre queriendo reconciliarse con su Padre, temeroso, salvaje e impreciso; lo sentimos en el alma, como en ese primer día de la creación, en esencia somos el Adán, el Caín o el Abel de hace miles de años, escapando no se de qué, quizá del castigo divino o de las huestes de ángeles y arcángeles tratando de ponernos en orden; pero Dios nos dio este libre albedrío como pauta para sobrevivir en estos áridos desiertos, o en las difíciles montañas; el propósito era ponernos a prueba, de obrar por reflexión y elección y no por la razón.
Hoy luego de diez mil años, nos sentimos vulnerables, seguimos escapando, la figura de Dios siempre está arriba, hemos avanzado algo, caminado cientos de leguas, nos agotamos constantemente, miles de historias sobre estas tierras y comarcas y parecería que luego de la agresión de Caín, tan solo pudimos escondernos tras unas rocas y Dios nos sigue pidiendo cuentas, el planeta parece el mismo, con el Paraíso aguardándonos, y los ríos cristalinos, los verdes maravillosos y las frutas frescas rodeándonos, como si no hubiese pasado el tiempo; hoy las ciudades modernas y la tecnología son el resultado de aquella libertad asumida, sea esa probablemente la esencia del ser humano, el desplazarse y moverse como en un laberinto sin saber cuándo y por dónde salir, la sorpresa y la búsqueda constante, la insatisfacción y el reinventarse cada día. Creo que la felicidad está en lo desconocido, en lo nuevo, en la posibilidad, todavía, de asombrarnos y maravillarnos.
Daniel Torreblanca
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