OPINION: Campaña de demolición en Perú

DALTO COMENTA

Es muy cierto lo que declaró el Premio Nobel peruano, Mario Vargas Llosa recientemente sobre los medios de prensa peruanos y los latinoamericanos en general; dijo que en Perú existe un oligopolio o concentración de los medios, y que la prensa escrita, hablada, televisiva o de cualquier orden es un alto riesgo cuando la manejan unos pocos, un grupo de gente poderosa y sin escrúpulos; y que escudándose en la tan manoseada “libertad de prensa”, son intocables y manejan a los países a su antojo.

Habíamos internamente, por cuestiones principistas o más bien por razones objetivas, de raciocinio e imparcialidad, no redundar ni insistir en temas cercanos a nosotros; pero cuando la sangre y la tinta se desborda, cuando vemos que el atropello, la mentira y la calumnia inunda nuestro país, cuando la tolerancia se agota y el no contar lo que sucede nos hace cómplices del desorden, creemos que denunciar los hechos en Perú es nuestra obligación.

Es un poco arar en el desierto o ir contra la corriente, pues las fuerzas oscuras que quieren destruir la democracia, las instituciones pero principalmente la verdad y la decencia, son muy poderosas e históricamente enraizadas en las bases y estructuras del país; por lo cual es difícil combatirlas.

Los 365 días del año, sin pausa, sin tregua y sin vergüenza los ya conocidos diarios del Perú amanecen con titulares difamatorios, sucios y alejados de la cordura y la verdad, acusando e insultando torpemente al actual gobierno de Ollanta Humala, con una “campaña de demolición”, metiéndose en la vida privada de los gobernantes, inventando o exagerando sus acciones; creando un clima de desorden, repitiendo denuncias, atropellando con injurias y mentiras.

Pareciera no existir la real denuncia o crítica inteligente, solo querer “bajarse” al gobierno a toda costa, arrinconándolo al extremo para sacar provecho del rio revuelto; y no están solos, se mueven en manadas, maquinando el próximo golpe, azuzando al sentido común, y buscando las mil y una estrategias para voltear la verdad, y revolver las cosas y engañar a la gente.

Es evidente que a casi un año de las elecciones, los intereses y las componendas se han acentuado, la objetividad se ha perdido, y los grandes cínicos que aprovecharon su estancia en las esferas del gobierno, sino para delinquir, por lo menos para sacar el máximo provecho y manejar este país de la forma más despótica, abusiva, engañosa, lujuriosa y muy lejos de cualquier austeridad, vuelven a contraatacar, no dejan que se les investigue, petardean cualquier indagación, acuden a sus amigos, apelan a cualquier coartada mafiosa, ocultan evidencias, amenazan a testigos, y se siguen moviendo en tropeles, son varios y de todo tipo, están escondidos, se protegen unos a otros, las razones son millonarias, hay chantajes, intereses milenarios, sicariato, mentira, poder.

En breve y en términos periodísticos, la cosa es sencilla; un buen día el ex presidente aprista Alan García, cuando recién comenzaba el gobierno de Humala, y la relación era “buena” entre ambos, de pronto se quejó porque se insinuaba una investigación a su reciente administración (2006-2011); luego se fueron encontrando indicios, pesquisas y cosas evidentes de una gran corrupción en su gobierno, los narcoindultos (había liberado a grupos mafiosos so pretexto de la sobrepoblación en las cárceles), los petroaudios (un refrito de componendas para dar las concesiones petroleras); el caso Business Track (ocultamiento de información y entorpecimiento de investigación en casos de corrupción), y otros como “Agua para Todos” y los “Colegios emblemáticos” donde se designaron a los ejecutores “a dedo”, sin concurso de precios y gastando miles de millones de soles.
Alan, como era de esperarse, y como lo retrató el mismo Vargas Llosa, “se desquició” y puso el grito en el cielo; dijo que si quieren guerra, guerra tendrán; y allí nomas inventó lo de la reelección conyugal, criticó salvajemente la política económica del gobierno y apeló a sus “aliados” del poder judicial y el ministerio público y se “safó” de una segura condena, pues ni siquiera pudo ser investigado, escapándose y aferrándose a tretas maquiavélicas; desde entonces la oposición, y hay que decirlo, marcha al compás de García; se volvió brutal e irracional al gobierno de Humala, cuyo mayor pecado fue querer investigarlo.

Así marcha el Perú señores; todavía con intocables; con la mayoría de la prensa poco objetiva y respondiendo a intereses; demoliendo a quien quiera cambiar el estado de cosas; pero todavía con una gran reserva y con una juventud, que esperemos no se deje engañar; y como dijo el cantante de Calle 13, “peor que la prensa distorsionando la realidad, es la gente creyendo en sus contenidos”.

Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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