OPINIÓN: Algo pasa con la sociedad estadounidense

Muchos comentarios de los periodistas y columnistas coinciden en señalar que Donald Trump es un individuo sin escrúpulos; no le importa hacer relucir su misoginia y sexismo frente a las cámaras de televisión; su egocentrismo y petulancia es la sombra que nunca lo abandona; su chovinismo y racismo burbujean cada vez que se presenta ante el público.

¿Cómo es posible que un individuo con estas características sea uno de los dos líderes políticos más importantes del país? ¿Qué es lo que ha pasado con la sociedad estadounidense?

Nuestra sociedad está enferma. Tiene unos males similares a aquellos que se presentaban en la sociedad alemana de la República de Weimar de la década de 1920. Después de la capitulación de la Primera Guerra Mundial, Alemania fue obligada a firmar Tratado de Versalles, el cual imponía serias represalias por haber iniciado la primera catástrofe mundial.

Durante toda la década de 1920, Adolfo Hitler utilizó una retórica altamente beligerante, revanchista y racistas, así como también la impopularidad del Tratado de Versalles, para persuadir a sus compatriotas alemanes por la senda del fascismo.

Hitler, como todos los políticos racistas de su periodo en Europa, propagó la filosofía reaccionaria del filósofo inglés Hebert Spencer, quien encontró en la teoría evolucionista de Charles Darwin la fuente y cuna de sus estudios socio-económicos.

Fue Spencer y no Darwin quien formuló la conocida expresión de la “sobrevivencia del más apto”. Y fue también este filósofo, quien propuso, a través de estudios cuasi-científicos y evolucionistas, que la población blanca del Occidente de Europa produjo enormes descubrimientos en el mundo debido a los atributos naturales de su especie y, especialmente, porque fueron ellos los que evolucionaron –y no las poblaciones de otras regiones— a través del tiempo.

De acuerdo a la perspectiva de Spencer, el hecho de que Europa se convirtiera en el centro de la modernización y en el núcleo de grandes descubrimientos revolucionarios en los campos de la tecnología, economía, artes, política, física, entre otros, no fue una obra de la casualidad o del destino, sino que fue producto de un esquema natural de los seres (blancos) más fuertes e inteligentes de la tierra. De no haber sido por su gente –es decir, la raza blanca—, Europa no hubiera crecido en la manera como se desarrolló a lo largo de su historia.

En tal forma, Spencer creó lo que en las ciencias sociales se conoce como la teoría Social Darwinista o el estudio y entendimiento de los fenómenos sociales a través de la evolución humana o, en términos prácticos, el racismo en su más alta expresión.

Los hallazgos de Spencer tuvieron aceptación alrededor del mundo, principalmente en aquellas regiones donde los grupos minoritarios nacionales y étnicos empezaron a tener afluencia en sociedades dominantes por la cultura Occidental. En Europa, particularmente, en Alemania, los estudios racistas de Spencer fueron uno de los tantos elementos que motivaron al régimen de Adolfo Hitler a un proceso de linchamiento que desembocó en el Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial.

Algo similar sucede en la sociedad norteamericana. Los filósofos del Darwinismo-Social volvieron al frente de las páginas en los periódicos y canales de televisión más importantes del país. No es una exageración cuando Hillary Clinton comentó que la mitad de la población que apoya a Trump tiene inclinaciones racistas. Esta gente muestra los dientes de solo pensar que el empresario de copete rojizo va a llegar a la Casa Blanca. La sociedad estadounidense está impregnada de una enfermedad social que potencialmente le conduciría a una dictadura inédita. * Humberto Caspa, Ph.D., es profesor e investigador de Economics On The Move.
Humberto Caspa
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