Obesidad, la Epidemia del Siglo XXI

La obesidad es uno de los problemas de salud que afecta a nuestra sociedad. En los últimos tiempos, la obesidad ha alcanzado magnitud de epidemia. Las personas de niveles socio-económicos más bajos y con mayor pobreza son más susceptibles a la obesidad debido a que tienen menos acceso a comidas saludables. También muchas veces carecen de oportunidades para hacer ejercicios con regularidad. La obesidad causa graves problemas de salud como la diabetes tipo 2, hipertensión, alta presión, colesterol alto, asma, dolores en las articulaciones y hasta ciertos tipos de cáncer.


La Obesidad en los Niños

El número de niños obesos o con riesgo de convertirse en obesos cada día aumenta más. Desde hace veinte años la proporción de niños obesos se ha triplicado. Esto se debe a un número de factores, entre ellos el hecho de que los niños y jóvenes pasan más tiempo en actividades pasivas, tales como mirando televisión, usando juegos de video y la computadora. Antes los niños montaban bicicleta, participaban en diferentes deportes en la escuela y en clases de educación física. Estas actividades han disminuido.

Según los estimados, el 25 por ciento de los niños en los EE.UU. son obesos, de ellos, el 80 por ciento continuarán siendo obesos cuando lleguen a ser adultos. Estos datos son alarmantes, ya que indican que esta población tendrá serios problemas de salud que posiblemente acorten sus vidas. Los problemas de salud a los cuales se enfrentarán tendrán un alto impacto económico.

La proporción de niños latinos y afro-americanos que padecen de gordura o sobrepeso se ha duplicado en los últimos doce años comparados con un aumento menor en los niños blancos. Tanto el nivel socio económico como la pobreza, así como pertenecer a familias en donde el padre o la madre padecen de sobrepeso, aumenta el riesgo a la obesidad.


Causas de la Obesidad

Hasta hace poco se le echaba la culpa a la persona por ser obesa. Es decir, se responsabilizaba a la persona que padece de esta condición. Muchas veces se considera que son personas con poca motivación, incapaces de controlar su alimentación o que no les importa su apariencia o su condición. Todo lo anterior es una perspectiva simplista. La epidemia de obesidad a la cual se enfrenta nuestra sociedad está relacionada con hábitos inadecuados de alimentación, en muchos casos promovidos por el sector comercial. Entre estos hábitos se encuentra el comer en sitios que quizás cuesten menos al consumidor, como los llamados "fast food restaurants" pero cuya comida está hecha con grasas, exceso de azúcar y otros ingredientes pocos saludables.

También contribuye la falta de actividad física, muchas veces el resultado de depender de los automóviles y el no tener oportunidad de caminar o de visitar parques en donde los niños puedan jugar.

La mayoría de la población latina en Connecticut vive en centros urbanos y depende para sus compras de tiendas o bodegas que carecen de alimentos frescos, tales como frutas y ensaladas. En su lugar, las personas tienden a consumir comidas procesadas con alto niveles de grasas y azúcares. En estos barrios abundan los "fast food restaurants" en donde se puede comer barato, pero no necesariamente la comida más sana. Salir de este círculo vicioso no es fácil.

Las escuelas tampoco ayudan porque le ofrecen a los niños meriendas que no son saludables tales como papas fritas o procesadas y refrescos llenos de azúcar. La actividad física también ha disminuido en las escuelas promoviendo la inactividad que contribuye al sobrepeso.
Hoy en día en Connecticut se estima que el 18.3% de los hombres latinos adultos padecen de obesidad. Para las mujeres, este por ciento es mayor, 25.5%.

¿Qué se puede hacer para
cambiar esta situación?
La respuesta a esta pregunta es importante
porque se estima que si continúa la
epidemia de obesidad puede ser que se
acorten los años de vida de las futuras
generaciones. En el próximo artículo
sobre este tema les ofreceremos algunas
sugerencias específicas.
(*) Estudiante del Programa de Maestría
de Trabajo Social de la Universidad de
Connecticut.

Katharine Bobel

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