Nuevo papel de la mujer americana

Existe un viejo adagio que dice que el pez muere por su boca. Nada más cierto en el caso de un despistado presidente de una de las universidades más prestigiadas de los Estados Unidos, el cual, muy suelto de huesos, expresó durante un discurso académico, que “existían diferencias genéticas entre el hombre y la mujer que explicaban el por qué pocas mujeres destacaban en ciencias y matemáticas”. El revuelo que causó su exabrupto entre la intelectualidad estadounidense y mundial fue de tal magnitud que, pese a sus disculpas y afirmaciones de que no intentó ofender a la mujer, el procaz presidente de marras se ha visto obligado a renunciar a su alto cargo. Casos como este se suceden a diario, lamentablemente no todos sus actores o, mejor dicho, perpetradores, tienen una posición pública que permita observar, criticar y castigar actitudes que, a estas alturas, ya no deberían verse, viviendo, como estamos, en pleno siglo XXI.

Siguiendo a pie juntillas la célebre frase Del Quijote “ladran Sancho, señal que avanzamos”, se puede apreciar cómo la mujer va asumiendo posiciones de liderazgo por derecho propio. Aquí, en la parte norte del continente americano, la senadora Hillary Clinton empieza a quitarles el sueño, cada vez más, a sus opositores políticos, a medida en que su nombre se vocea con mayor frecuencia como candidata de fuerza para las próximas elecciones presidenciales. Otro tanto se podría decir de Condoleza Rice, quien ocupa un lugar expectante en el actual gobierno. Ejemplos como los mencionados se van encontrando con mayor frecuencia, en todos los campos del saber y accionar humano. Nuestra querida Latinoamérica, que ya ha visto a Nicaragua y Panamá, tener a una mujer como presidente, ve ahora con beneplácito que Chile, la tierra del inmortal Pablo Neruda, acaba de elegir a Michelle Bachelet como su primera presidente constitucional.

El caso de Bachelet, es especial si se toma en cuenta primero, que tuvo que imponerse a otra contendiente para lograr la candidatura del partido socialista y segundo, su historia personal de perseguida y torturada por el régimen del sanguinario general Pinochet. De profesión médico, tiene experiencia administrativa por haber sido ministra de salud y luego de defensa del presidente Lagos. La llegada de Bachelet a la presidencia de ese país es histórica, no sólo por el hecho de tratarse de una mujer, sino también por ser un cambio generacional en la política chilena. Su triunfo político ha sido indiscutible y cuenta con mayoría absoluta en las dos cámaras legislativas, lo cual indudablemente facilitará el desarrollo de su programa gubernamental.

Chile, es por todos conocido, goza de una bonanza económica poco común en los países latinoamericanos. Sin embargo dicho éxito económico no trasciende a todas las capas sociales, creándose por lo tanto, una creciente desigualdad social que, de acuerdo a Bachelet, se debe de enfrentar ahora antes que sea demasiado tarde. De allí que su programa político enfoque seriamente programas educativos para los más necesitados y atención para las personas de la tercera edad, entre otros los más importantes. El ser divorciada y madre de tres hijos no ha representado impedimento alguno para que esta excelente mujer, madre de familia, profesional y mujer dedicada a su pueblo haya llegado a ser presidente de la tierra en donde, hace poco más de treinta años, su padre fue asesinado por ser leal al gobierno de otro socialista, el democráticamente elegido presidente Salvador Allende.

Al norte de Chile, en tierras peruanas, otra mujer da señales de hacer historia en la política de ese país. Lourdes Flores, llamada cariñosamente Lulú por sus seguidores, va primera en las encuestas presidenciales peruanas, llevándole considerable ventaja a su más cercano contendor, un militar retirado de tendencia nacionalista. Flores no es nueva en la política peruana en la cual participa desde hace varios años. Abogada de profesión, ha sido congresista y esta es la segunda vez que postula a la presidencia de su país. Es un secreto a voces que la frase “el auquénido (1) de Harvard”, pronunciada por su padre y dirigida al actual presidente peruano -Alejandro Toledo-, graduado en dicho centro de estudios, le costó la presidencia a esta mujer quien ahora sufre, en carne propia, la discriminación ciega y machista de algunos candidatos que quieren restarle votos llamándola “solterona”, por el hecho de no haber contraído matrimonio, como si esto último sea requisito necesario para ser elegido presidente.

A nivel de las elecciones parlamentarias peruanas hay una candidatura en que la discriminación, política en este caso, se hace evidente en los medios de comunicación enemigos de su padre. Keiko Fujimori encabeza las encuestas como la candidata al Congreso con mayores posibilidades de obtener la votación más alta, lo cual incomodaría a muchos, porque pasaría a presidir el nuevo congreso. Ignorar o insultar a una mujer, sin base y fundamento, por el solo gusto de hacerlo es, también una forma de discriminar.

La mujer va asumiendo su nuevo rol y los hombres van acostumbrándose a aceptarlo, no hacerlo sería desconocer nuestra condición de seres humanos. Con los mismos derechos y obligaciones. Actualmente hay mujeres al frente de sus respectivos países elegidas democráticamente en los cinco continentes.

(1) Auquénido, familia a la que pertenecen los camélidos andinos como la llama, vicuña, alpaca y guanaco, y que se usa despectivamente en el Perú para referirse a los provenientes de la zona andina.
Armando Zarazu
azarazu@aol.com)

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