Nelson Mandela: el valor de un hombre

Hace veinte años, un 11 de febrero de 1990 para ser exactos, gracias a la magia de la televisión satelital, el mundo entero fue testigo del caminar erguido, decidido, con el puño en alto y rodeado de sus leales seguidores, con el cual Nelson Mandela abandonó la prisión, luego de haber permanecido confinado 27 años bajo las peores condiciones carcelarias; por el solo hecho de buscar libertad y justicia para su pueblo, el cual era víctima de un sistema político, conocido como apartheid, que mantenía al noventa por ciento de sudafricanos viviendo en condiciones infrahumanas. Contra ese injusto sistema había luchado toda su vida y, al salir de su encierro, su capacidad de ver y entender la realidad lo llevaría a convertirse en uno de los líderes mundiales más reconocidos, admirados y respetados del mundo.

Nelson Mandela nació en 1918, dentro del seno de una familia que gozaba de cierto liderazgo dentro de su clan. A la edad de nueve años quedó huérfano de padre, razón por la cual se hizo cargo de su cuidado el jefe tribal del cual su padre había sido consejero. Gracias al interés de su mentor, y a la clara inteligencia que el niño poseía, Mandela fue enviado a realizar estudios secundarios al Instituto Clarkebury, en donde los completó en menos tiempo del requerido. Su posterior paso fue enrolarse en la universidad, lugar en donde conoció a muchos de los que posteriormente serían sus compañeros y aliados, antes y después, del triunfo de sus ideales. Por otro lado, es necesario tomar en cuenta que el futuro líder sudafricano fue el primero de su familia en recibir una educación formal, lo cual puede dar una idea aproximada que la condición en la cual vivían los negros sudafricanos en su propia tierra no era nada idílica. Desde su primer año en la universidad, Mandela comienza a destacar como un líder capaz y decidido, lo cual le gana la atención de las autoridades, no solo universitarias sino políticas, las cuales lo obligan a abandonar la ciudad en la que estudia. Es en esos momentos en que su envolvimiento por la liberación racial de su pueblo toma forma definitiva y comienza para él una época en la cual, las prisiones, destierros y persecución se convierten en cosa de todos los días.

Inicialmente Mandela es influenciado por las ideas de Mahatma Gandi, y abraza una postura no violenta. Sin embargo, la realidad de las circunstancias que vivía Sudáfrica, lo convierten en la cabeza del brazo armado del ANC, movimiento que realiza sabotajes y ataques con bombas al gobierno del apartheid. A mediados de 1962 es arrestado y enviado a prisión. Durante el juicio que se le sigue Mandela asume su propia defensa y declara: “Durante toda mi vida me he dedicado a lucha por la gente de Africa. He luchado contra la dominación de la gente blanca y he luchado contra la dominación de la gente negra. Siempre he creído en el ideal de una sociedad libre y democrática, en la cual todas las personas vivan juntas, en armonía y con iguales oportunidades. Es un ideal que tengo la esperanza de cumplir mientras viva. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy preparado para morir”. La respuesta del opresor fue dura e inmisericorde, cadena perpetua bajo el régimen de trabajos forzados.

Tuvieron que transcurrir 27 años para que el gobierno sudafricano, bajo presión del resto del mundo y frente a una realidad que ya no podía evadir, decide liberarlo. Al salir de la prisión Mandela es recibido por multitudes formadas por sus seguidores, quienes ven en él la realización de sus sueños de libertad. Poco tiempo después, en las primeras elecciones libres realizadas en Sudáfrica, es elegido presidente de su país. Es en esa posición en la cual aparecen, en toda su dimensión, la condición humana y de estadista, que lo hacen un líder admirado. Convencido que su país necesita paz para iniciar su nuevo recorrido, predicó reconciliación sin olvido a través del conocimiento de la verdad y de instituciones jurídicas igualitarias. Sus políticas para la reorganización de las bases estructurales de su pueblo han estado basadas en igualdad, sin distingos de razas, credos ni filiación política. Indudablemente que todo ello creo controversia, no solo entre sus compatriotas, sino entre los observadores a nivel mundial del proceso sudafricano.

Los cinco años de su mandato pasaron rápidamente y han servido de base fundamental para la creación de la nueva Sudáfrica. Por otro lado, en un continente en donde las dictaduras y corrupción son cosa corriente, Mandela dio muestra más de su grandeza de espíritu y desprendimiento, rehusó aceptar gobernar por un segundo período más y, por el contrario, dejó bien en claro que era necesario un cambio de gobierno para que el proceso de cambio siga su curso.

Nelson Mandela recibió el Premio Nóbel de la Paz el año 1993 y se retiró de la política a finales de la mitad de la presente década. Un año después demostró que su interés por el bienestar, no solo de su pueblo, sino también de la humanidad sigue latente, al anunciar públicamente que su hijo había fallecido víctima del terrible flagelo del SIDA. Este mal está cobrando mas vidas en África que en otras partes del mundo y el deseo de hacer público su drama personal fue una forma de hacer que el mundo entero tome conciencia de la gravedad y alcances de la enfermedad. Es necesario hacer notar que, pese a estar oficialmente retirado, ha organizado lo que se conoce como el Grupo de los ancianos, organización conformada por líderes mundiales ya entrados en años, con el fin de prestar asesoramiento y consejo en materias concernientes a su experiencia. El ex presidente estadounidense Jimmy Carter es parte de este grupo.

El ejemplo y enseñanzas que lega Nelson Mandela son una muestra que la perseverancia y firmeza en la lucha por el bienestar de la humanidad no debe cesar bajo ninguna circunstancia. Su sapiencia y humanidad son un ejemplo para todos los que habitamos este planeta llamado tierra.

Armando Zarazú
azarazu@aol.com

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