Muerte de Fidel Castro: La sangre puede mas que la ideas políticas. Escribe: Estela López

El Sábado pasado cuando me desperté me enteré que Fidel Castro había muerto. La gran ironía es que murió en el aniversario de la partida de mi familia de Cuba, un 25 de Noviembre de 1960. La decisión de partir fue difícil para mis padres, pero movidos por el deseo de vivir en un país libre y buscar oportunidades para sus hijos determinaron que valía la pena abandonar el país. Y no fue fácil, mi madre que era abogada tuvo que trabajar en una factoría haciendo trabajo manual. Mi padre repartía periódicos y después trabajaba en una oficina largas horas. Mi hermano y yo hacíamos lo que podíamos para contribuir al hogar.

También tuvimos que ayudar a familiares y amigos dándoles en donde dormir en nuestro pequeño apartamento hasta que encontraran otro lugar, enviando dinero para pasajes y apoyando para que no se desaminaran en la terrible transición que significa abandonar la patria sin dinero, sin idioma y sin conocer el nuevo lugar.

Mi primo salió solo de 13 años a través de la operación Pedro Pan (Peter Pan Airlift) y como no teníamos recursos tuvimos que ver cómo lo enviaban a esa edad a vivir con una familia en Oregon. Mis mejores amigas de la niñez también tuvieron que salir de esa manera, ya que sus padres estaban presos por el gobierno castrista y las tres hermanas fueron a parar a un orfelinato en un Estado del centro de este país.

El padre de mis primos estuvo preso por más de 20 años después de haber sido condenado porque ejercía la profesión de periodista. Mi abuela vio la finca de su familia confiscada a pesar de que la tenía arrendada. Nunca recibió compensación por esta confiscación. Todo lo anterior es simplemente un recuento superficial de cómo el gobierno de Castro afectó nuestras vidas.

Después del fallecimiento de mis padres decidí regresar a Cuba y así lo hice con gran emoción en Diciembre del 2011. Aunque fui con un grupo mi interés era ver a una tía, hermana de mi padre, que todavía estaba viva y a su hijo. En la ciudad de Cienfuegos tuve ese encuentro y ahí empecé a comprender como las decisiones cambian nuestras vidas.

Mi primo era médico, catedrático de la universidad, sin embargo vivía en una casa en ruinas con las paredes cayéndose a pedazos. Su esposa, también médico, hace “cakes” para vender y poder generar más entradas. Los hijos de ambos, excepto uno, habían salido del país buscando un mejor futuro y oportunidades económicas.

También pude ver a otra prima, su madre fue mi madrina de bautismo, pero también ferviente admiradora de Castro. Esta prima tiene dos hijos, ambos viven en Estados Unidos, simplemente porque para la juventud hay muy limitadas oportunidades económicas en Cuba. Aun los partidarios del gobierno de Castro han sufrido de la diáspora.

Este encuentro me demostró que lo mejor que habían hecho mis padres fue tomar la valiente decisión de irse de la Cuba castrista. Un país hermoso, pero con increíbles limitaciones democráticas, económicas y profesionales para sus ciudadanos. Entendí que tanto mi hermano y yo habíamos tenido una vida personal y profesional  privilegiada porque habíamos venido a este país. Entendí que la escasez es real y desde mi visita envío fielmente un paquete mensual de no más de 4 libras (límite que impone el embargo) a mi familia. Las cosas que envío son básicas, café, jabones, sazón, pasta de dientes, sopas en polvo. Y así cada mes busco lo que me piden para enviarlo y esperar que tarde un mes en llegar.

Entendí que mi patria es preciosa y que nunca nadie me preguntó durante los días que estuve allí de dónde era porque sabían que era cubana. Constaté que la educación y el sistema de salud son accesibles para todos al igual que la gran escasez. También sentí lazos muy fuertes con familia que no había visto por 50 años y de ideología diferente, porque la sangre puede más que las creencias políticas.

El anuncio de la muerte de Fidel Castro me hizo recordar todo lo anterior. Amigos que tengo en este país, celebraron el fin de una figura considerada un dictador que asesinó sin justa causa a mucha gente buena.  Por otra parte, amigos de Puerto Rico y Cuba a través de Facebook (si, en Cuba tienen Facebook) celebraban al gran héroe de la patria.

No estoy de acuerdo por todo lo que vivió y experimentó mi familia con la versión de un Castro benefactor. Pero reconozco que para muchos esa es la imagen que tienen de Fidel Castro. Mi reto y convicción es ser fiel a mis valores y experiencias, aunque me duela, pero también respetar la opinión y perspectiva de otros cercanos a mí.  Quizás la mejor respuesta es seguir ayudando a los que están en Cuba, para que tengan mejor calidad de vida, oportunidades económicas y un futuro con esperanzas.

 
Estela López
estelalopez_19@yahoo.com
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