Mis años en la Universidad

DALTO COMENTA

Alguna vez estuve en la Universidad y me acuerdo de cosas, situaciones y lugares, casi como si fuera ayer, pero de muchos pasajes que hoy me dan escalofríos; el campus universitario es efectivamente un espacio inmenso, una pequeña ciudad, cada facultad un pabellón, senderos, veredas, jardines y escalinatas; el pabellón “C” era algo mágico, y no sé si realmente existió, lo recuerdo como el intermedio entre las aulas en las que yo estudiaba y otros edificios mas o menos antiguos, tenía un patio grande con piso de piedra, rodeado de balcones de concreto dispuestos en tres pisos, por uno de sus pasadizos llegábamos al sótano donde se ubicaba un auditorio, o mas bien un aula en gradiente, con desniveles para permitir las visuales o isópticas más adecuadas, allí hacíamos los cursos electivos o complementarios, o sea aquellos que no eran de la especialidad, por lo cual el misterio y lo desconocido se acentuaba, los reglamentos y las nuevas formas eran algo intimidantes, nunca logré descubrir o conocer a los administrativos que nos daban las separatas, las fichas y los horarios, eran como fantasmas en aquellas paredes, con guardapolvos y miradas distantes.
Ya en esos sótanos los docentes se veían muy lejanos, nunca entendí sus clases y hasta hoy veo en mis pesadillas, tubos de ensayo, fotocopias de pruebas, jefes de prácticas y todo el océano de indiferencia y desazón; cuando volvíamos al pasadizo me acuerdo que habían varias puertas a cada lado, seguramente otras aulas, o secretarías, laboratorios u oficinas de los profesores, pero ahora que lo advierto, habían otras puertas y otras tantas oficinas de no se qué, cuartos partidos y subdivididos por tabiques, alguna carpeta gris, papelotes en las paredes, los clásicos avisos, fechas de exámenes, inscripciones, prácticas, sustitutorios, la relación de algunos alumnos, notas de calificación y ciertos enigmas que me llamaban la atención y a todos quienes éramos nuevos en esos claustros.
Los formatos y disposiciones eran distintos a lo ocurrido en el colegio, nos enfrentábamos a nuevas experiencias, desde el ingreso desfilamos cumpliendo los requisitos de rigor, justo en la adolescencia, aprendiendo a ser hombres de bien en la sociedad; todos iguales, de la misma talla y aún asustados, mientras me esforzaba por adecuarme a estas nuevas sensaciones y me fijaba más en las formas diferentes y el laberinto que significaba las matrículas, los exámenes médicos y las inscripciones, iba descubriendo mi propia personalidad, era uno en la multitud; a veces me perdía, no lograba poner mi nombre en las benditas fichas, había hecho cola en la ventanilla equivocada, eran de los alumnos regulares, además que debía en primer lugar haber hecho firmar, fedatar y autenticar mis papeles; todo era complejo, me costaba preguntar y siempre tenía la sensación de llegar a destiempo o ir a la fila equivocada.
Era todo un mundo, la competencia que existía, el ir descubriendo poco a poco los nuevos caminos, la responsabilidad que se venía, de allí había que salir profesionales; al día siguiente parecía que las ventanillas, las aulas y los administrativos habían cambiado, algún compañero me mostraba un sello o un documento que me faltaba y dicen las inscripciones se habían cerrado, felizmente siempre había una salvación, aparecía el amigo con nuevos plazos y la clásica gestión para rezagados; luego ver tu nombre y apellido pegado en alguna ventana o pared, conformando una lista de un curso a dictarse o la luz verde y aprobación del nuevo alumno, nos llenaba de satisfacción.
De pronto se fueron haciendo cotidiano los desconciertos, las normativas y las clases, eran cursos por horas, en distintos pabellones, distinta gente en cada uno, profesores de los más singulares y hasta patéticos; esa vez las huelgas, algún semestre perdido, un curso que se extravió no sé si en los salones o si finalmente no me matriculé. Sigo pensando que aquello fue como un sueño, una multitud y una fortaleza del que al final, pese a algunos golpes, tropezones y desconciertos, salí bien librado.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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