Michael Torres y el Hartford S.C.: El fútbol es su vida

Hartford Soccer Club. Parados: Michael Torres (Coach), Joseph Boakye, Robert Sam, Kenan Mujic. Patrick Agyemang, Sergio Saldívar, Jason Addi, Dillon Pehr y Anthony Delacruz. Abajo: Dane Stephens, Collin, Brandon, Mikey Torres, Alasan Barrie, Alex Rostemburg y Gabe Navarro.

A veces las notas periodísticas aparecen en el momento menos pensado, al igual que la inspiración para los cuentos o novelas. Caminando cerca de mi casa, a las nueve de la noche, pasé por el estadio de fútbol (soccer) de la secundaria de New Britain, Connecticut. Me pareció ver que uno de los jugadores tenía la camiseta de la selección de mi país, Perú. Me acerqué y vi que todo un equipo la tenía y era la camiseta oficial. El público no era numeroso, se jugaba en campo reglamentario, con toda la potente iluminación artificial, árbitro, dos jueces de línea y mesa de control. Me acerqué al entrenador del equipo y me manifestó que era peruano y que si bien es cierto que había jugadores de ascendencia peruana en el equipo, los había también de ascendencia europea, latinoamericana y de otras latitudes.

Los jóvenes jugadores pertenecían a la categoría Premier de 18 años (U-18) del Hartford Soccer Club (Central Connecticut Soccer Alliance) que jugaba contra un equipo del Estado. El estilo de juego con pases al vacío, de toque, dominio de balón y una perfecta táctica de juego me sorprendió y más al equipo contrario que sufrió una aparatosa goleada. Conversamos mientras se desarrollaba el encuentro, el coach, Michael Torres, me mencionó que su equipo jugaba en la Connecticut Juvenil Soccer Association. La temporada de Liga ya había terminado y lo que yo estaba viendo ese jueves eran un torneo relámpago de cuatro días hasta el domingo. El heterogéneo grupo de jugadores provenían de diversas ciudades, culturas y estratos sociales, pero lo que se veía en el campo y en el entretiempo era una camaradería excepcional.

El coach Michael me dijo: “Esto es posible pues, la mayoría de estos jóvenes de dieciocho años llevan jugando juntos por diez o más años, son una familia, una familia basada en el fútbol al que entregan lo mejor de ellos”.

Aunque era la primera vez que me veían al terminar el partido, todos los muchachos me saludaron con mucha cortesía. Antes de despedirme e invitarme para el día siguiente Michael me manifestó: “Como ves estos muchachos no son solo buenos deportistas sino también buenos ciudadanos, mente sana en cuerpo sano”.  Me fascinó el ambiente y asistí todos los días hasta el domingo en que campeonaron demostrando un gran estado físico, ya que jugaron un partido reglamentario de 90 minutos cada día y el domingo dos, uno en la mañana y otro en la tarde.

Me informé que el coach Michael y otros entrenadores manejan varios equipos entre las edades de tres años hasta dieciocho, en las divisiones: Recreacional, Travel y Premier con un total de más de 400 jugadores este año. Si queremos darnos una idea de cuántos jugadores de diversas culturas han sido dirigidos por estos entrenadores, hagamos las cuentas, son cerca de dos décadas en que ellos han forjado jugadores de Hartford y de la parte central de Connecticut, con un fútbol especial, diferente y de riqueza técnica.

Muchos de los muchachos que fueron alumnos han regresado ya hombres para aportar en la medida de sus posibilidades con el club, incluso algunos profesionales en deporte como preparadores físicos y entrenadores aportan voluntariamente sus conocimientos. Básicamente en los estándares norteamericanos para calificar a las finales nacionales hay que acumular puntos en torneos regionales, los cuales son costosos para los ingresos de muchos jugadores. Sin embargo, los entrenadores los padres y muchos colaboradores realizan proezas para donar tiempo y dinero y han acumulado puntos varias veces para ir a las finales nacionales.

Lamentablemente, las finales son más costosas aun dando un aproximado de 11,000 dólares solo en transporte aéreo, terrestre y hospedaje para 22 jugadores y eso usando los costos más bajos y sin incluir alimentación. A los torneos que van todos colaboran en un ambiente de camaradería, honestidad y humildad. “Le cuento― dijo el coach Michael― que la mayoría de muchachos son tranquilos, pero llegan algunos un poco movidos y que al poco tiempo el ambiente de bien que se respira los cambia. Una vez nos llegó un muchacho algo rebelde y una vez que estábamos de gira muy lejos y con un presupuesto muy limitado, se nos acercó una persona pobre y este muchacho que aparentemente era insensible fue a Mac Donald y le compró un menú con su propio dinero. Esto es lo que nos mueve a seguir en este ambiente, no solo por lo deportivo que da muchas satisfacciones, sino también porque damos una opción de buena vida a muchos jóvenes, que de otra manera ocuparían su tiempo en otras actividades perjudiciales, en una sociedad cada vez más indiferente de su componente nuclear que es la familia”.

Durante esos cuatro días que compartí con el equipo conversé no solo con los entrenadores, todos voluntarios, sino también con los padres de los jugadores. Muzafer Mujic padre de Kenan (18) dice: “Mi hijo está jugando con el coach Mike por doce años y creo que está listo para jugar a alto nivel de profesionalismo. Confío mi hijo al cuidado de Mike, en los partidos que juegan en Estados lejanos no creo conocer otra persona con la cual mi hijo pueda estar más protegido”. Otro padre Ernest Addi tiene a su hijo Jason (18) jugando en el equipo desde hace ocho años, “Creo que lo principal es que el coach transmite a los chicos una disciplina y moral que se refleja en la actitud de estos en el campo y en todas sus actividades. Les enseña sportmanship, deportividad, la correcta manera de comportarse en la victoria como en las derrotas. Esto moldea a los muchachos especialmente a los que vienen del corazón de la ciudad, a veces de áreas muy deprimidas social y económicamente y esta instrucción los ayuda a ellos y a su comunidad,  pues la mayoría de estos jóvenes gracias a esa disciplina y respeto están aprendiendo a prosperar en cualquier lugar”.

El testimonio más conmovedor fue el del propio padre del coach Michael, el señor Jorge Torres, que nos manifestó: “Mi hijo es un coach serio, fuerte y profesional. Orienta a sus jugadores, los felicita en sus aciertos y les remarca las correcciones. Sus hijos Juan, Mikey, Dane y Jordan juegan en el Club, el hijo mayor Paul también jugó en el Club. El más agradecido es Dane que a los 12 años jugaba en el equipo y quedó solo en Connecticut al ser deportada su madre a Jamaica. Mike pese a sus limitaciones adoptó a Dane legalmente y lo crió, hoy ya un hombre de 18 años le paga siendo uno de los mejores jugadores con que cuenta, mete goles y lucha cada pelota como si fuera la última”.

En invierno, a diferencia de los muchachos de otras ciudades con mayor poder económico, los chicos del Hartford Soccer Club no pueden practicar regularmente, pues no está a su alcance los altos costos para hacerlo en canchas techadas.

En estos momentos en que la selección de Estados Unidos no clasificó al mundial de Rusia, contamos con muchos jugadores jóvenes de ascendencia latina, europea y otros países en estas Ligas a lo largo de la nación y que podrían ser la diferencia para la selección nacional. Pero estos muchachos no están bajo el radar de los scouts, como lo están jugadores de otros deportes como el béisbol y el fútbol americano donde la diferencia en recursos económicos y de publicidad son abismales. Los cazadores de talentos necesitan de nuestra ayuda, debemos promocionar a estos muchachos en la medida de nuestras posibilidades. Si usted es una persona particular o pertenece a una empresa y desea auspiciar a esta familia deportiva, puede comunicarse con el Coach Michael Torres al teléfono (860) 656-4102 o su e-mail: pjmjsoccer@yahoo.com . Puede visitar también la página oficial del Club: Hartford Soccer Club-Activity City.

Una más Michael Torres, ¿Por qué la camiseta peruana?: “Soy peruano y mis contactos no solo consiguieron esta, sino también la de equipos peruanos como el Alianza, U, Cristal y Boys, que las usan las divisiones menores. Vemos los partidos de la selección peruana en grupo e incluso fuimos a New Jersey a ver el partido Perú vs Islandia. Los muchachos admiran mucho a la selección peruana y tratan de imitarlos”.
Pablo D. Perleche
pablodperleche@aol.com
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