Mario Vargas Llosa: Premio Nobel de Literatura

Indudablemente que el Premio Nobel de Literatura 2010 otorgado al escritor Mario Vargas Llosa es la noticia literaria del año para las letras de la lengua española, no solo porque es un reconocimiento a la importancia que el idioma de Cervantes tiene en el mundo actual, sino también debido a que desde hacían varios años, se consideraba que el escritor peruano era injustamente postergado por razones que escapaban al campo literario y que estaban basadas más en la posición política del escritor. El viernes 8 de octubre la Academia Sueca, entidad que otorga el preciado galardón, reparó la injusticia al otorgarle el ansiado premio, “Por su cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes sobre resistencia, la revuelta y la derrota individual”.
La carrera literaria de Mario Vargas Llosa empezó cuando era apenas un adolescente. A los quince años se inició como periodista en el diario La Prensa de Lima, ocupación que nunca ha cesado de practicar, por cuanto es, y ha sido, colaborador de innumerable publicaciones, tanto de su nativo Perú como de importantes periódicos y revistas del mundo. Su primera novela titulada La ciudad y los perros, se publicó en 1963, y está basada en sus experiencias como estudiante de un colegio militar, las cuales convierte en un reflejo de la sociedad de su época a través de los personajes que aparecen en la obra. Este libro es una crítica inmisericorde al militarismo peruano y que volverá a repetir irónicamente en Pantaleón y las visitadoras. Demás está decir que los militares peruanos no se cuentan entre sus más entusiastas fanáticos. La ciudad y los perros fue recibido con interés por la crítica especializada e inmediatamente se convirtió en un éxito literario que lo colocó como una de las jóvenes promesas de su generación, además de hacerle receptor del Premio de la Crítica Española. Sin embargo, este no fue su primer trabajo en salir de la imprenta ya que, anteriormente Vargas Llosa había publicado, a los 21 años, un manojo de cuentos bajo el título de Los jefes, en los cuales se puede oler la calidad de un escritor en ciernes.
Por esos años, a inicios de los sesenta, Vargas Llosa vive en España, a donde había viajado a realizar un doctorado, y luego se traslada a Francia, en donde continúa su trabajo literario. En 1965 publica La casa verde, novela considerada por muchos de los críticos como una de sus mejores creaciones, a la vez que lo coloca como uno de los escritores más importantes de Latinoamérica. Esta novela, escenificada en dos lugares distintos de la geografía peruana, la amazonía y la costa, presenta a su personaje principal, Bonifacia, en dos planos de su vida, uno como una aspirante a monja en una remota misión religiosa perdida en la amazonía y, la segunda, como una prostituta de un burdel costeño. La técnica utilizada por Vargas Llosa, si bien confunde al lector en sus inicios, va desarrollándose de manera fluida hasta juntar los dos planos iniciales en un solo final. Este libro fue merecedor del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos del año 1967, el cual se otorgaba por primera vez y al que habían aspirado verdaderos pesos pesados de la literatura latinoamericana, como Gabriel García Márquez y Juan Carlos Onetti. La calidad narrativa que Vargas Llosa presenta en esta novela lo puso definitivamente como uno de los más conspicuos miembros del famoso Boom Latinoamericano de esos años, que tantos lauros ha proporcionado a las letras de nuestro continente, al punto de hacer despertar a la crítica mundial y reconocer que Latinoamérica ya no era más el patito feo de la literatura del planeta.
Continuando su ascendente carrera de escritor publica, en 1969, Conversaciones en la catedral, una novela en la cual muestra las sombrías características de una dictadura militar, con todos los abusos y corrupción que esta acarrea y, que hace preguntarse a su personaje principal, el joven periodista Zavalita, ¿En qué momento se jodió el Perú? Pregunta que ha pasado a la posteridad política de su país natal, a la vez que ha sido objeto de concienzudos ensayos literarios y también, de tema principal en discusiones entre estudiantes, trabajadores, intelectuales y políticos interesados honestamente en la problemática socio económica peruana.
Es a mediados de la década del setenta cuando Vargas Llosa publica La tía Julia y el escribidor, cuyo tema central es su matrimonio, a los diecinueve años, con una dama boliviana que le llevaba más de una década. Este trabajo muestra la inmensa imaginación del autor y su eximio dominio del lenguaje, además que consolida su reputación como un escritor que hace gala de una técnica capaz de mezclar, en sentido inverso, la trama de una novela sin confundir al lector. Hasta este momento las obras de Vargas Llosa están focalizadas en un ambiente doméstico peruano, es entonces que decide ampliar su radio de acción y emprende la preparación de La guerra del fin del mundo, obra aparecida en 1981 y que está ubicada en Brasil, e inspirada en un hecho histórico. Este libro marca también el inicio de trabajos en los cuales analizará profundamente el comportamiento humano, guiado por el fanatismo y la irracionalidad del mismo. Según el propio Vargas Llosa, escribirlo fue la tarea más difícil que ha enfrentado como escritor, motivo por el cual es el trabajo al que más aprecio le tiene.
Enumerar y analizar el trabajo literario del flamante Premio Nobel es una tarea titánica, dada la inmensa producción con la que ha regalado a sus seguidores de todos los continentes. Sin embargo, no se puede dejar de mencionar La fiesta del chivo, descarnado relato del gobierno y caída de Rafael Trujillo, dictador dominicano que oprimió a su pueblo por casi tres décadas. Otras novelas suyas son Historia de Mayta, ¿Quién mató a Palomino Molero?, Lituma en los Andes, El paraíso en la otra esquina, Travesuras de una niña mala, solo por citar algunas de las obras que han salido de su fecunda pluma.
El trabajo literario del flamante Premio Nobel no solo se circunscribe a la producción novelística, también su trabajo como ensayista le ha deparado elogiosas críticas de los entendidos y del público lector en general. Quien sabe su mejor libro en esta área haya sido el profundo y concienzudo estudio que hizo sobre la obra cumbre de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad. Su trabajo, en realidad su tésis doctoral presentada, el año de 1971, bajo el título de Historia de Un deicidio, califica a la novela de García Márquez, como “novela total”, por la magistral combinación que hace el insigne colombiano, de la biografía, historia y problemática social. Este libro de Vargas Llosa tuvo solamente dos ediciones debido al distanciamiento que se produjo entre, los ahora Premios Nobeles, poco después. Sin embargo, y en un gesto que lo enaltece, Vargas Llosa permitió que una parte de su trabajo se utilizara como presentación de la edición conmemorativa del cuarenta aniversario de la publicación de Cien años de soledad.
El Premio Nobel recibido por Mario Vargas Llosa no solo enaltece a las letras peruanas, enaltece también a la literatura latinoamericana e hispana en general, que a lo largo de los últimos cien años, ha visto a once de su representantes ser galardonados con el más alto reconocimiento que se otorga a la creatividad humana del planeta.
En ésta época, en la cual el placer de la buena lectura es considerada por muchos, como una pérdida de tiempo y fuera de moda, en un mundo pragmático, cibernético y moderno; es bueno transcribir al pie de la letra, las palabras con las que el flamante Premio Nobel respondió a una pregunta alusiva: “ El libro no va a morir. Retornará a donde estuvo casi siempre, a un enclave conformado por minorías que lo mantendrán vivo y al mismo tiempo le exigirán el rigor, la buena palabra, la inventiva, las ideas, las persuasivas ilusiones, la libertad y las audacias que brillan por su ausencia en la gran mayoría de esos libros que usurpan ahora la denominación de literarios”.
Armando Zarazú
azarazu@aol.com

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