Marcha por la Vida y la Tormenta “Jonás”

El Jueves 20 de Enero llegamos a Washington DC a las 11 pm. para cubrir la Marcha por la Vida que se realizaría al día siguiente, de 12 pm a 5 pm. Sabíamos que justo en ese periodo de tiempo llegaría Jonás, una terrible tormenta de nieve con vientos huracanados. En la mañana del Viernes 21 con los catastróficos pronósticos meteorológicos comenzaron las decisiones.

Como cada año, cientos de miles de manifestantes en favor de la vida llegaron de todos los rincones del país, la mayoría jóvenes de escuelas secundarias o universidades, los responsables de su seguridad optaron por el rápido regreso antes de quedar atrapados por Jonás.

Los que vivían localmente y los más osados decidieron quedarse, consulté con mi hijo, reportero en inglés de IDENTIDAD LATINA, decidimos quemar nuestras naves y quedarnos. En el salón de entrada del Hotel donde nos hospedamos había un caos, cientos de marchistas empacaban precipitadamente y los buses que los trajeron de lugares tan lejanos, como Buffalo NY, cerraban las calles en la espera de sus pasajeros. Bien abrigados y con nuestro equipo listo nos dirigimos a pie hacia el lugar de la marcha, a una milla del Hotel. No hubiéramos llegado en auto, las calles como cada año estaban bloqueadas por la Policía en espera de la multitud de manifestantes, pues el lema es que la marcha se realizara, no importara el clima que hubiera, Jonás no cambiaría esta tradición de 40 años.

La Marcha comienza en el Mall de Washington y recorre dos millas desde allí hasta la Corte Suprema a lo largo de la Avenida Constitución. Cada año el Mall está abarrotado de manifestantes que desembocando por la Avenida Constitución desfilan a lo largo de ella por cinco horas, para luego dirigirse a Union Station y tomar sus transportes de regreso a sus lugares de origen. Este año no hubo cientos de miles sino decenas de miles, que aun así superaron inmensamente a los menos de cien contra marchistas que se ubicaron al final de la marcha, en la Corte Suprema con grandes cartelones y megáfonos. Este reducido grupo ofendía con insultos a los organizadores que esperaban a los marchistas. Generalmente esta escena es la que retratan los diarios de Washington Post, New York Times y otros grandes periódicos sin tomar escenas de la multitud que se acerca.
Al encontrarse con los marchistas que los desbordaban, los contra marchistas redoblaron sus gritos con sus megáfonos pero fueron opacados rápidamente por el coro de miles de personas. Al entrevistar a varios marchistas expusieron un punto central de que los bebes abortados son seres humanos, lo que convierte a este acto en un asesinato doloso. Lamentablemente, expresaron, el aborto está aprobado por la Ley y promovido por el gobierno en contra del sentido común y más aún de la propiedad biológica de todo organismo viviente: tratar de proteger a sus descendientes. “Es por eso que marchamos cada año en la fecha que se aprobó legalmente el aborto y lo haremos hasta revertir este genocidio mucho más grave e inmenso de los que registra la historia de la humanidad”, nos dijeron.
Al ser entrevistados, los contra marchistas esgrimieron varias respuestas entre ellas el derecho inalienable de la mujer sobre su cuerpo, que el embrión o feto abortado no es un ser humano, que “el aborto es justificable en casos de violación o peligro sobre la vida de la madre”. Los marchistas argumentaron al respecto, que el feto no es parte del cuerpo de la mujer sino un ser genéticamente diferente y que por lógica es un ser humano, ya que todos los que habitamos sobre el planeta pasamos por esa etapa. Y que los casos de violación y peligro sobre la madre son menos del 3% a nivel nacional.
Terminaron de desfilar los marchistas a las tres de la tarde y apresuradamente se dirigían a Union Station para tratar de escapar de Jonás, persistiendo solo un grupo de religiosas de Notre Dame de Chicago que imperturbables seguían rezando ante las escalinatas de la Corte Suprema pese a que la nieve ya cubría sus pardos hábitos.
Pernoctamos en Washington pues la tempestad se descargó en pleno. Regresamos el Sábado y pensábamos seguir la tormenta pero esta, dando un giro nos atrapó y encerrados en su centro con visibilidad casi nula, vientos huracanados y carreteras cubiertas de nieve, viajamos hacia Connecticut solos por la carretera más transitada del mundo, por quince horas en una travesía que debía día durar solo cinco en condiciones normales. ¡Misión cumplida!
Pablo D. Perleche
pablodperleche@aol.com
Identidad Latina

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