Marcha por la Vida, expresión del sentido común

He cubierto para IDENTIDAD LATINA las últimas seis Marchas por la Vida que se han realizado en Washington DC, todos los 21 de Enero desde 1973, fecha en que se legalizó el aborto. Esta marcha congrega en la capital del país un promedio de 500,000 personas que paralizan el centro de la ciudad y que fueron escrupulosamente ignoradas por la gran prensa norteamericana, hasta que este año al fin la hicieron visible a los ojos de la nación. Y no por motivos auspiciadores, sino para criticarla, puesto que el Vicepresidente del nuevo gobierno –Mike Pence- estuvo en el estrado de oradores apoyando la marcha.
Parecería a primera instancia que la marcha contra el aborto es parte de la agenda del nuevo gobierno, el cual también tiene en su cartera decretos que dañarían irremediablemente el medio ambiente, a nuestros aliados económicos y políticos, la oportunidad en la inmigración, la libertad religiosa, la igualdad racial, el control de armas automáticas, el razonable salario mínimo y otros derechos.
Lo que se observa al estar presente en Washington DC, es que los participantes de esta Marcha por la Vida son personas de todos los credos o sin credo, todas las razas, todas las edades, pero en su mayoría jóvenes, de todos los Estados de la nación. La Marcha por la Vida no pertenece a la derecha ni a la izquierda estadounidense, es de todas las personas de buena voluntad en las que impera el sentido común. Estudiantes, trabajadores, amas de casa, familias enteras, organizaciones religiosas y civiles tienen en claro algo que aproximadamente la mitad de la población no entiende, que los 1 millón 200,000 bebes eliminados cada año en bolsas de basuras de las clínicas abortistas son humanos. Al abrirse estas bolsas son reconocibles manos, pies, cabezas y torsos de la especie humana no de otra especie, no simples tejidos indiferenciados o conjunto de células como quiere aceptar esta parte de la población por desinformación, ignorancia, apatía, indiferencia o en el peor de los casos para que no se reconozca su crimen.
Hago mención a este punto, pues, es la definición de lo que es humano lo único que separa al aborto de un genocidio. Si reconocemos que esos fetos son seres humanos como lo fuimos todos lo que habitamos este planeta, estamos ante el mayor genocidio de la historia no producido por guerras o las leyes de un solo país, sino por las legislaturas de casi la totalidad de gobiernos del mundo.
Generalmente una nota periodística implica imparcialidad, pero siempre hay una excepción a la regla. Me imagino a los primeros periodistas que entraron en los campos de concentración nazis y los que cubrieron en ese entonces las recientes huellas del genocidio de muchas poblaciones y en especial de los judíos. Por más que quisieron ser imparciales el asco y estupor de ver crímenes de lesa humanidad, no uno sino millones, les debe haber movido a hacer sus notas desde una parcialidad neta a la vida y a como esta se exterminó sin misericordia. Algo similar o peor aún, sentirían hoy, no solo los periodistas sino todo el público si pudieran de un vistazo ver todos los cadáveres de los seres humanos más indefensos. Eliminados legalmente por nuestras propias Constituciones que apoyan un supuesto derecho de privacidad personal, edificado sobre la destrucción del derecho fundamental de todo ser humano: La Vida.
Actualmente se ven las instantáneas protestas, muchas con violencia extrema, de parte del sector liberal contra por los abusivos decretos de Trump respecto a la inmigración calificándolos como crímenes de lesa humanidad.
Un crimen de lesa humanidad de proporciones genocidas sucede hace 44 años y el sector liberal no protesta, más bien lo auspicia. Las Marchas por la Vida seguirán pacíficamente, no solo en los Estados Unidos sino alrededor del mundo, hasta que el aborto sea reconocido como un crimen. Las marchas seguirán sin importar los partidos políticos que estén al mando en los gobiernos, pues esta causa no pertenece a una ideología política sino al sentido común.
Pablo D. Perleche
pablo@identidadlatina.com
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