Mandela a los 95: El abuelo sabio está cansado

El desarrollo actual de Sudáfrica, su imagen ante el mundo, depende en grado sumo de los nuevos vientos de paz y confraternidad que trajo a esta nación el líder Nelson Mandela, con su arribo al poder en 1994. Sus quebrantos de salud preocupan al mundo.
Todavía resuena en las barriadas de Johannesburgo el estribillo de la canción “Welcome home/ Míster Mandela”, que dio la bienvenida a quien pasó 27 años de su vida en la cárcel, por el delito de disentir con respecto a uno de los últimos regímenes racistas del mundo.
Las consecuencias del “Apartheid” llegan hasta nuestros días, con respecto a una población que sale lentamente de la bruma opresora del pasado, para buscar mejores caminos de convivencia. El gobierno de Sudáfrica había impuesto a la población negra unas reglas estrictas para mantener a este pueblo más allá de la línea trazada por quienes, extranjeros otro día en tierra extraña, sojuzgaban a los propios con baños, transportes, viviendas, servicios diseñados con el propósito de mantenerlos alejados de la población blanca.
Cualquier tipo de racismo resulta obsceno, pero este se practicaba precisamente en la tierra expoliada de África, en el continente donde ingleses, españoles y portugueses, entre otros, sojuzgaron por años a las tribus nativas, para traerlas en condición de esclavas a Europa y América.
Mandela logró algo que quizá jamás imaginó, cuando soportaba con estoicismo la cárcel; llegó a ser presidente de Sudáfrica, en elecciones vigiladas por el mundo civilizado. Su figura adquirió rápidamente, fuera de prisión, la imagen de un santo en vida. Como Gandhi. Su palabra fue ley, respeto, devoción, camino; más, nunca se permitió actitudes vindicativas. Como Gandhi, Mandela ha sido un mensajero de paz. Buena parte del desarrollo económico de Sudáfrica, de su imagen en el mundo, tiene que ver con los vientos de equilibrio, paz y aceptación mundial que trajo su figura a la conducción del Estado.
Abogado, se inspiró en Johannesburgo en los métodos de desobediencia civil aprendidos del Mahatma Gandhi. Su familia lo inspiró con sólidos valores morales; bisnieto del rey Mgubengkuka, es llamado familiarmente como “Tata”. Cuando estudiaba secundaria empezó su carrera de rebelión ante el “Apartheid”; fue expulsado por participar en una huelga. Después de la universidad, se convirtió en consejero de muchos jóvenes negros víctimas del régimen racista, quienes acudían a su oficina de abogado en busca de ayuda.
Cuando es puesto preso en 1962 por “sabotaje” y otros cargos inventados, su imagen empezó a crecer dentro de la prisión, hasta ser considerado la figura más importante de la resistencia africana. Aunque era llevado de una cárcel a otra, buena parte de su confinamiento forzado lo pasó en la isla Robben, sometido a trabajos forzados en una cantera de cal. Ahí, lo relataría luego, las raciones para los presos de raza negra eran menores, y los cautivos por razones políticas recibían el peor trato. Fue liberado finalmente el 11 de febrero de 1990, e inmediatamente se puso a la cabeza de su partido, el mismo que ganó por abrumadora mayoría en las primeras elecciones libres de Sudáfrica en toda su historia, en 1994. Gobernó hasta 1999. En 1993 la Academia Sueca le concedió el Premio Nobel de la Paz, además de múltiples condecoraciones de los gobiernos del mundo.
Mientras estuvo preso, el Reino Unido frustró un plan del gobierno sudafricano para asesinar a Mandela. Le habían tendido una trampa en la que supuestamente él se daría a la fuga para luego ser dado de baja en la recaptura. Los servicios secretos británicos advirtieron de este exabrupto, para salvar la vida del líder.
Cuando es trasladado a la prisión de Robben en 1982, con él fueron encarcelados otros líderes pertenecientes a la Asociación Nacional Africana, como Walter Sisulu y Raymond Mhlaba. Según se conoció el poder sudafricano trataba de impedir, a toda costa, la influencia de estos líderes en la juventud del continente africano.
Sus memorias se constituyeron en uno de los libros más leídos de autor africano alguno. Casado en tres ocasiones, se divorció de Winnie, su esposa, a inicios de los 90, por escándalos extra gubernamentales. Con ella tuvo dos hijas; Zindi y Zindsiswa. En sus 80, volvió a contraer nupcias con Graça Machel, la viuda del que fuera presidente de Mozambique.
Uno de sus hijos falleció en accidente automovilístico y otro padeció de una enfermedad asociada al Sida, hasta morir. De esta vida trágica, no obstante, Mandela ha sabido extraer lecciones de templanza y es mirado en África como un abuelo sabio, presto a dar consejo cuando se le requiere.
En julio próximo cumplirá 95 años; nació el 18 de julio de 1818 en Mvezo, una aldea de no más de 300 personas. El mundo ora por su buena salud.
Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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