Lula y Chávez disputan aliados en América Latina

Como producto de la globalización, los ejes de alianzas políticas, económicas y de integración latinoamericana empezaron a recomponerse con el viaje del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, a México, América Central y el Caribe; mientras que su homólogo de Venezuela, Hugo Chávez, visitó Argentina, Uruguay, Ecuador y Bolivia.

A la par que Chávez suscribía acuerdos de seguridad energética y ofrecía el petróleo y gas que necesiten a Argentina y Uruguay, una refinería para Ecuador y una planta de gas para Bolivia; Lula sellaba pactos de ayuda a la producción de etanol o biodiésel a base de caña de azúcar o palma africana en México, Honduras, Nicaragua, Panamá y Jamaica.

Lula aprovechó para invitar a México a sumarse al Mercado Común del Sur (Mercosur), conformado de su origen por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y con Venezuela en proceso de adhesión plena, en la búsqueda de “una integración más fuerte en América Latina”. También abogó por un tratado de libre comercio entre América Central y el Mercosur.

Chávez, a su vez, sostuvo un discurso político antiimperialista en cada una de sus escalas y acusó a Washington de mover “sus fichas para impedir que Venezuela ingrese al Mercosur”, en alusión a la demora de los parlamentos de Brasil y de Paraguay en ratificar esa decisión tomada por los gobiernos a fines de 2005 en Montevideo. “Pero fracasará”, aseguró con énfasis.

Mientras tanto, con una política internacional pragmática y moderada, Lula no vaciló en Nicaragua, por ejemplo, en desempolvar la vieja y común militancia en la izquierda con su par anfitrión, Daniel Ortega, hasta arrancar de éste una declaración de bienvenida a la producción masiva de etanol, no a base de maíz sino de otros cultivos. La producción de etanol como combustible alternativo a los de origen fósil es un asunto en el que coincide con el gobierno estadounidense de George W. Bush.

Por su parte, Chávez pactó, con los presidentes Néstor Kirchner de Argentina, y Tabaré Vázquez de Uruguay, la construcción de plantas de regasificación para ese combustible que Venezuela enviaría al Río de la Plata en los próximos años, cuando explote sus yacimientos en el nordeste, pero ya en buques y no a través del supergasoducto. Esa gigantesca tubería de 8 mil kilómetros, que costaría más de 20 mil millones de dólares y tendría un impacto ambiental aún no calculado todavía, fue explicada por Chávez en esta gira sólo como una posibilidad.


Rivalidades regionales

Analistas como Michael Shifter, de la organización Diálogo Interamericano, establecida en Washington, sostienen que entre Chávez y Lula “existe un fuerte distanciamiento, pues no quieren subordinarse el uno al otro”, aunque los mandatarios cuando aluden al tema sostienen que “nada ni nadie nos distanciará”. El punto de enfrentamiento se registró en Bolivia, cuando en esta geopolítica de la energía regional, la compañía Petróleos de Venezuela (PDVSA) irrumpió como inversionista en la explotación del gas natural de Tarija, desplazando a la firma Petróleos del Brasil (Petrobrás).

Precisamente la gira de Chávez culminó en el meridional departamento boliviano de Tarija, donde firmó con el presidente anfitrión, Evo Morales, y con Kirchner convenios para construir una planta que separe los líquidos del gas natural que Bolivia exporta y otros acuerdos de “seguridad energética”.

Lula, en tanto, ha ganado para desarrollar los agro-combustibles a países como Nicaragua y Jamaica, uno de los líderes en la Comunidad del Caribe anglohablante, que incluso con capital venezolano construirán una refinería, de petróleo en el caso nicaragüense, o ampliarán la que ya tienen, en el jamaiquino.

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