Llega la hora de la verdad para López Obrador

México, 2 jul (EFE).- Tras recibir un sólido mandato popular con su victoria en la elección presidencial de México, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador afronta ahora el enorme reto de hacer posible el gran cambio político que ha prometido.
Acabar con la corrupción y la impunidad, reducir los niveles de violencia y mejorar las condiciones de vida de los mexicanos son las prioridades a las que se enfrenta López Obrador, que ha ganado la Presidencia en su tercera oportunidad tras sus derrotas en 2006 y 2012.
Junto al fuerte apoyo popular con alrededor de 50 % de los votos, López Obrador recibió, nada más cerrar los centros electorales este domingo, el reconocimiento de su victoria por parte de sus tres oponentes en la elección presidencial, lo que constituye un hecho sin precedentes en la política mexicana.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, felicitó rápidamente a López Obrador en un mensaje vía Twitter y se ofreció a trabajar juntos "por el beneficio mutuo de Estados Unidos y México".
La principal organización de los empresarios mexicanos, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), le felicitó también y se ofreció a trabajar con el nuevo presidente para el bien de México.
Todos estos apoyos otorgan a López Obrador una enorme legitimidad y elevan, a la vez, el desafío de cumplir con las enormes expectativas creadas.
La coalición de izquierdas que lidera López Obrador, denominada Juntos Haremos Historia, ha logrado además un éxito sin precedentes al ganar en cinco de los estados en que presentaba candidatos a gobernador, según resultados preliminares, mientras el oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI) se enfrenta a una enorme pérdida de poder, una debacle histórica.
Los resultados, todavía provisionales, confirman que las encuestas de opinión que otorgaban a López Obrador una amplia ventaja acertaron de pleno y aseguran también la limpieza en las elecciones y la ausencia del temido fraude que dominó durante décadas el sistema político mexicano.
Para López Obrador llega, por tanto, su hora de la verdad para un político profesional que comenzó en el PRI en los años 70, que participó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y hace cuatro años creó el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), que encabeza la coalición de izquierdas que lidera.
Hacer posible un cambio real y cumplir las promesas electorales son los grandes desafíos del próximo presidente, además de equilibrar sus tendencias populistas con el político pragmático que demostró ser en su gestión de jefe de Gobierno de Ciudad de México (2000-2005).
Los sectores conservadores de México y una parte de la clase empresarial temen sus tendencias cuasitotalitarias por sus fuertes convicciones propias y lo complicado que resulta hacerle cambiar de opinión.
Los empresarios que respaldan a López Obrador, como Alfonso Romo, no temen que la nueva administración, que comenzará su gestión el próximo 1 de diciembre, aplique un modelo radical que eche al traste las reformas estructurales de los últimos años.
En materia económica López Obrador repitió la noche del domingo en su discurso triunfal que no habrá nacionalizaciones ni expropiaciones, y que tampoco subirá los impuestos ni aumentará la deuda pública del país.
¿De donde saldrá entonces el dinero para pagar los programas sociales que ha prometido? Programas sociales que van desde las ayudas a los pobres, los discapacitados, los ancianos o desempleados, a semejanza de los programas populares que aplicó cuando fue alcalde de la capital.
Su respuesta básica al interrogante de cómo pagar estos programas es que los fondos vendrán de las estrictas medidas de austeridad en la gestión de gobierno y de la lucha contra la corrupción que reportará a las arcas del gobierno más de 20.000 millones de dólares anuales.
Su modelo de político austero y frugal se asemeja al del ex presidente de Uruguay José Mujica, aunque sus críticos, como el candidato presidencial del PRI, José Antonio Meade, señalan que en realidad su hijos y familia viven de la política y de lo que genera el partido Morena.
Un momento clave de la nueva administración vendrá con las decisiones sobre la continuidad o no de las obras del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México o la continuación de la reforma energética que comenzó en 2014 y que supuso el fin del monopolio estatal sobre la explotación de los hidrocarburos.
López Obrador comenzó la campaña electoral prometiendo que cancelaría esa y otras reformas y las obras del aeropuerto, pero el domingo como ganador habló ya de revisar y no cancelar esos contratos, en una muestra del pragmatismo al que parece obligado cuando en diciembre ocupe oficialmente la Presidencia de México.
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EFE

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