Las prioridades del nuevo presidente

Con Obama en la presidencia americana las expectativas de cambio se han apoderado del mundo entero; ha sido un acontecimiento en todo el orbe y no exageramos si decimos que el planeta está en vilo después de ese 20 de Enero histórico, es que, por más que algunos manifiesten que es solo un cambio de color en la Casa Blanca y que el tiempo será contundente con las especulaciones y esperanzas de esta nueva administración, algo de premonición nos invade y parecen iniciarse ciclos y etapas que la historia impone, como sentencias bíblicas o hechos inéditos que están más allá de políticas, pasiones y esfuerzos.

Así como estaba escrito que un Papa extranjero iría al Vaticano y que un Juan Pablo I no culminaría su mandato, y que Rusia se convertiría al catolicismo, que los Kennedy serían asesinados, las dos guerras mundiales se sucederían o cualquier otro dictado apocalíptico cubriría nuestro territorio, Obama parece salido de los cuentos y leyendas impresos siglos atrás y predestinado a cambiar el mundo, parece ser el líder que reivindicará nuestros sueños o el profeta que anuncia un mundo mejor.

Si bien es cierto que la crisis económica, la guerra con Irak y la presencia en Afganistán y el lío entre Israel y Palestina sean los asuntos más urgentes a resolver y deje para un cuarto o quinto lugar en su agenda, la política respecto a los inmigrantes en general y la relación con Sudamérica en particular, su condición racial además de su posición y origen en el conglomerado americano, lo condicionan favorablemente para una política menos dura respecto a los millones de ciudadanos del mundo que quieren apuntalar y sustentar la nación más grande del mundo y de hecho de quienes ya forman parte de su engranaje económico.

Según los especialistas, lo que se viene en materia económica en los próximos meses convulsionará todas las fronteras y los Estados Unidos marcarán, como siempre, el compás de los acontecimientos financieros, por ello el actual presidente norteamericano debe tomar las medidas urgentes para aliviar la crisis que como nunca afecta a los propios ciudadanos yanquis, y más allá de reducir los déficit, controlar la política fiscal, aumentar la producción, redistribuir mejor la riqueza o redescubrir las nuevas políticas liberales, Obama tiene que generar fundamentalmente una gran dósis de confianza y como en la bolsa de valores, deberá apelar a estrategias cualitativas y gestos que impriman y conviertan los discursos y acciones en oro, o más bien en dólares.

El mundo espera mucho de Obama, después del desgaste de la administración Bush, se lo ve como un salvador, pero el compromiso es más complicado de lo que parece, pues pese al aluvión de críticas al presidente saliente, los ocho años de gobierno polémico y agitado han mantenido a USA, pese a todo, como el líder mundial y los próximos lustros nos dirán la verdadera dimensión de su gestión. El presidente Obama debe mantener ese liderazgo por que más allá de sus promesas electorales, su compromiso con el mundo y su discurso nuevo y esperanzador, Barack es más americano que ninguno y él como parte del “sueño americano” priorizará a cualquier precio a su país.

Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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