La tierra en cuidados intensivos

Acuerdos para descontaminar el planeta

El presidente francés Nicolás Sarkozy, acaba de advertir en la Cumbre del Medio Ambiente en Nueva York, que es necesario realizar una reunión previa a la cumbre de Copenhaguen en diciembre próximo, con las naciones más contaminantes del mundo. Este nuevo encuentro tendría lugar en noviembre y llama la atención sobre la necesidad urgente de dar un respiro real al planeta.

En ello estuvo de acuerdo Ban Ki-Moon, Secretario General de la ONU, entidad promotora de estos encuentros, así como el presidente de China, Ju Jintao. China es hoy una de las naciones más contaminantes del mundo, junto a Estados Unidos, por la utilización masiva de petróleo, carbón y gas natural. Las emanaciones de dióxido de carbono, a gran escala, son las que permiten el llamado “Efecto Invernadero”, el cual ha traído como consecuencia el calentamiento del planeta.

Si el efecto del trastorno ambiental se nota cada vez mas, en países como India y en las naciones europeas, responsables estas últimas del 14% de los daños climáticos al planeta, en América Latina y el Caribe, las cifras dan pena. En Colombia, desde hace 50 años, aproximadamente, no se da una atención seria a los ríos, a las fuentes de agua, y la desertificación avanza. En ciudades como Cali, la tercera del país, existe ya racionamiento de agua, y sus cerros tutelares, otro día verdes, son hoy lomas calvas, pasto de incendio en la temporada estival.

El poder cada vez más devastador de los huracanes y tornados, así como la presencia de incendios apocalípticos, la conversión en desiertos de zonas otro día fértiles y la carencia de agua, nos dicen que el calentamiento global dejó de ser una amenaza y es hoy una escueta realidad.

Después que se secó el Mar Aral, hace ya más de veinte años, los científicos de entonces no se atrevieron a conjeturar que lo peor se avecinaba. Desde el lado de la literatura, algunos evocábamos el poder premonitorio de la poesía; ya Gabriel García Márquez había imaginado, en su extraordinaria novela “El otoño del patriarca”, la visión desértica de cráteres y antiguos peces petrificados, en el lugar donde otro día había estado el mar.

Pero, sólo hace diez años, el mundo vino a tomar conciencia real del calentamiento paulatino del planeta, la desaparición de antiguas fuentes de agua, la migración de una fauna considerable y la extinción de una flora apta para posibilitar, en el tiempo, la disposición de mayores depósitos de agua.


Atender de urgencia

al Amazonas

 El Amazonas, región considerada como la tercera fuente hídrica más importante del mundo, perece hoy entre la desertificación declarada por los comerciantes de madera. Muchos de los antiguos bosques que bordean a este, el río más grande del mundo, cinco veces el Mississippi, han desaparecido entre la tala inmisericorde y la ausencia de proyectos serios de rearborización. Por cada árbol que desaparece ahí, el mundo pierde la posibilidad de tener 75 litros diarios de agua.

Especies como los pingüinos, los lobos de mar y las focas, tienden a cambiar sus naturales rutinas, para adaptarse a un clima donde el hielo desaparece y es cada vez más difícil encontrar alimento.

Desde hace más de treinta años, el capitán francés Jacques Cousteau, uno de los primeros ecologistas en denunciar la catástrofe que se avecinaba, señaló cuántos cambios era necesario hacer para evitar lo peor; ahora la situación demandará 1 millón de esfuerzos adicionales para ser superada, cambiada en las condiciones dramáticas de hoy. Así lo denunció el estadounidense Al Gore, ex-candidato a la presidencia, en el documental “Una verdad incómoda”, en la cual admite que Estados Unidos es la nación del mundo que más contribuye al calentamiento de la tierra, y que los esfuerzos mayores a través de los protocolos ya existentes, como el de Kioto, deben venir desde aquí.

Se calcula que cada poblador de los Estados Unidos requiere, en proporción, unos 10 kilovatios hora, para llevar una existencia acorde a los patrones trazados por el modo de vida establecido, en tanto que los suramericanos, los habitantes de Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela, Perú y otras naciones del centro del continente, sólo consumen 3 kilovatios hora.

Las imágenes de los Tsunamis en Asia y la amenaza que estos continúan representando para múltiples comunidades civilizadas del mundo, los impresionantes incendios, el deshielo en los polos, la desaparición del agua en zonas otro día consideradas despensas hídricas, ameritan un esfuerzos conjunto de todas las naciones del mundo, principalmente de las más desarrolladas, para avanzar seguros hacia el futuro, sin que la industria, las comodidades de las posmodernidad y los altos estándares de vida, atenten contra la naturaleza. Un pacto en el que gane la humanidad y se preserve, a toda costa, la vieja y buena tierra. Un ir de la mano, como querían los viejos patriarcas Cherokees.

Porque la tierra es un ser vivo, está hecha del polvo y del espíritu de la raza humana, es fuente de vida y alimento… y es sagrada.


*Escritor colombiano

Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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