La OEA, ¿Quién manda a quién?

DALTO COMENTA

Históricamente se ha enfatizado el poder y la participación de la OEA (Organización de los Estados Americanos) en el destino de sus miembros, es decir en los países que lo conforman, y en los arrebatos que ha provocado la existencia de esta institución creada en 1948. Fundado como un foro político para la toma de decisiones, diálogo multilateral y la integración de América, además de fortalecer la paz, seguridad y consolidación de la democracia; pero paralelamente y especialmente en la última década, han surgido instituciones o foros paralelos para contrarrestar su poder, y por qué no, insubordinarse a su accionar.
Comunidades y alianzas como el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de América), CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) o el UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas), han aparecido desde 2004. En diciembre de ese año Cuba y Venezuela fundaron ALBA, creada como un acuerdo alternativo al libre comercio promovido por Bush, fue un gesto simbólico y estratégico de largo alcance, que según Hugo Chávez sería la tumba del ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas). Aquella vez Venezuela se presentaba como un poder regional. Luego en 2008 se firmó en Brasilia el tratado de UNASUR, completado en 2011 al incluir a los 12 países sudamericanos, y promovía un regionalismo abierto, es decir, construir instituciones destinadas a equilibrar asimetrías estructurales y al mismo tiempo fortalecer el marco normativo democrático.
Con Lula da Silva continuaron estos principios, salvo que la idea inicial de detener a la Venezuela de Chávez se fue cayendo gradualmente; con Dilma Rousseff en la presidencia, y en buena parte debido a la creciente influencia del Foro de São Paulo, Brasil se fue acercando al “bolivarianismo”, ello se hizo más evidente todavía cuando Samper asumió la Secretaría General en 2014. En 2010 fue creada la CELAC, sin sede ni un claro diagrama organizacional, se impulsó sobre la simple idea de oponerse a la influencia de Estados Unidos en América Latina. Canadá también fue excluido, presumiblemente por representar ambas naciones la “América anglosajona”.
CELAC también fue concebida como rival y sustituta de la OEA, casi siempre retratada como cautiva de Washington. El expresidente ecuatoriano, Rafael Correa siempre fue el más involucrado en este asunto, proponiendo una ruptura con la organización y la CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos), y la creación de un sistema de fiscalización de derechos humanos exclusivamente latinoamericano. Alternativa difícil de poner en práctica desde la CELAC, por cierto, dada la ausencia de una cláusula democrática en dicho bloque.
Todo ello viene ahora a cuenta de lo sucedido recientemente en la Asamblea General de la OEA, donde el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro fue salvado. Muchos observadores internacionales, los medios y algunos cancilleres regresaron frustrados de dicha asamblea, se sienten defraudados y ven que un grupo minúsculo de islas caribeñas firmemente alineadas con Caracas dominan ese foro. Aceptaron esta idea sin mayor alboroto y pasaron por alto lo que, usualmente, las reuniones de consulta requieren dos tercios de los votos para aprobar una resolución; ello, mientras que la Asamblea General, la cual también cuenta con la presencia de cancilleres, requiere mayoría simple para el mismo propósito.
Por lo que se ve y aunque parezca extraño y a costa de todas las dudas que siempre ha habido sobre la OEA y su supuesta “parcialización” al sistema y su subordinación al país del norte, las intrigas y las movidas regionales, parecen haber tomado por asalto esta organización, luego del empate técnico (23 a 18) y la no censura a Maduro que parecía un hecho. No se sabe si fue accidental o deliberado, en cualquier caso, regresar de la cumbre culpando a la OEA es una forma de culparle a otro la responsabilidad de los fracasos propios.
En resumidas cuentas el “Chavismo” es aún una sombra en Latinoamérica, luego de diez años parecería que se niega a desaparecer, y aunque el secretario de la OEA, Luis Almagro, libra una dura batalla por la democracia y los derechos humanos, evidenciando su liderazgo, se prevé todavía una última y gran asonada por saber quién llevará las riendas de nuestros países.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es
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