La mujer y su participación en la política

A través de la historia, la mujer ha estado relegada a labores domésticas dándole un lugar subordinado ante los hombres. Esta percepción de la mujer débil y sin voz, se reflejó también en su vida participativa en la sociedad. En la antigüedad por ejemplo, la mujer no podía participar en las elecciones de las autoridades de sus países; todo esto era solamente un derecho que los hombres podían gozar. No obstante, todo comenzó a modificarse gracias a la revolución femenina del siglo XIX, que pausadamente cambió la historia de la mujer hasta el día de hoy, dándole el derecho al voto y la participación en las decisiones de sus países, las que nos afectan a todos sin distinción.

El primer país que autorizó el voto femenino fue Nueva Zelanda en 1893, sin embargo, en 1776 en New Jersey, el Congreso de los EEUU, cometió un error tipográfico en una Ley donde permitía a todas las “personas” terratenientes votar (debemos recordar que en esos tiempos los esclavos de raza negra no eran consideradas personas sino propiedad de sus amos). En este sentido, las mujeres decidieron hacer valer este derecho.  Sin embargo, en 1807 el Congreso modificó la Ley retirando este derecho a las mujeres, negando así su participación política de este país. No fue hasta 1920, donde después de la lucha continua feminista que las mujeres solo de raza blanca recobraron el derecho al voto.

América Latina, no fue distinta a los privilegios patriarcales y la dominación machista en nuestra sociedad. La mujer estuvo silenciada y obligada a obedecer las normas sociales establecidas por hombres. Por consiguiente, su acción participativa en la política era nula. Sin embargo, los movimientos feministas de los países hispanos no fueron indiferentes a esta necesidad; la lucha por reclamar estos derechos cívicos fue ardua. En 1932, Uruguay se convertiría en el primer país que autorizó el derecho al voto femenino. Gradualmente otros países hispanos se unirían a este derecho por la igualdad. Brasil se convirtió en el último país en legalizar el voto femenino, fue en 1961.

En los tiempos que vivimos y hablando de Connecticut, un ejemplo de mujer perseverante es la candidata a Vicegobernadora de Connecticut, Eva Bermúdez Zimmerman, que es de origen Puertorriqueño y está aspirando a uno de los más altos cargos políticos en este país políticamente anglosajón, representando no solo a los hispanos en Connecticut, pero también a todas las mujeres luchadoras que usan su intelecto para el beneficio de nuestra sociedad.

En junio pasado, en una entrevista en Identidad Latina Radio, Eva Bermúdez del Partido Demócrata dijo, Mi mensaje es de unificar a las mujeres, que sepan que tenemos una voz parecida. Recordar que no vamos a cambiar Estados Unidos quedándonos en casa. Somos amas de casa, somos madres, somos hijas, somos políticas, somos líderes, ese es el futuro de la mujer Latina”.  Cabe resaltar, que las elecciones primarias en Connecticut serán el 14 de agosto del 2018, y el 6 de noviembre habrán elecciones generales.

Es imprescindible que las mujeres salgan a votar, y que tomemos conciencia de nuestra realidad social. Toda decisión que se tome sin nuestra opinión nos afecta socioeconómicamente, y por ende debemos buscar leyes que favorezcan a una inclusión igualitaria de ambos sexos. Durante la historia, la ardua labor por reclamar derechos de igualdad de oportunidades fue un trabajo conjunto con muchos grupos minoritarios oprimidos de cada país, y estos eventualmente también obtuvieron su derecho al voto. La lucha de la mujer no termina en solo reclamar este derecho, aun hay mucho por hacer.
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