La Iglesia Católica es más que sus problemas

Esto es tan cierto como evitar que el sol despunte cada día. Hay procesos en la naturaleza como en el comportamiento humano sobre los que no hay control alguno, es imposible oponer ninguna acción o argumento sobre ellos, carece de lógica y sentido común el intentarlo.

Cuando una persona o grupo humano deciden realmente destrozar a una institución no escatiman esfuerzos y se valen de todas las armas posibles literal o físicamente hablando.

No les importa en absoluto que esa institución en si tenga una posición y doctrina ética y moralmente respetuosas en extremo de la dignidad humana, o que la mayoría de sus miembros sean unas personas de provecho para la humanidad. Basta que algunos de sus miembros hayan tenido una conducta reprobable en extremo para que lo extiendan a toda la institución y se ensañen con ella.

Es más, si esta institución por mucho tiempo ha ido contra sus intereses ideológicos, el ataque será coordinado y se buscará que sea mundial, en especial en estos tiempos en que la tecnología ha convertido a la inmensidad del globo terráqueo en una aldea mediática.

Es por todos conocidos la noticia del reprobable actuar de algunos sacerdotes de la Iglesia Católica en algunas partes del mundo.

No hay excusa de que sea en tiempo pasado y de que hoy el grado de “cero tolerancias” haya convertido a la Iglesia en muy segura.

No hay excusa y la vergüenza se ha dejado sentir en declaraciones desde su líder máximo el Papa, hasta el último de sus feligreses comprometidos. No hay excusa y los culpables deben pagar sus faltas ante la justicia humana y divina.

El Papa Francisco ha dicho que los católicos debemos responder estos furibundos ataques con el silencio y la oración.

Un silencio que no es un cruzarse de brazos sino prudencia para: escuchar la verdad, amar al prójimo, reconocer que nadie está libre de falta y que, así como alguien juzga será juzgado.

Y oración para perseverar por fe en la doctrina católica.

En varias partes del mundo el ataque es inmenso, como en Argentina donde el ataque a la Iglesia es planificado por muchos años y que al perder en el Senado la Ley de Aborto, utilizan ahora la coyuntura actual para instar a los católicos a desafilarse de la Iglesia como si esta fuera un partido político.

A la Iglesia se pertenece por fe y por doctrina no por un carnet o un dirigente político. Otro lugar es Europa, en especial España, donde los ataques se han institucionalizado.

Pese a esto la fe persiste en esos lugares y los que la practican lo hacen con más celo.

Los católicos somos una iglesia universal que a través de los siglos hemos resistido la persecución, el martirio, el descredito, así como también el mal desempeño de miembros de la Iglesia.

Invariablemente seguimos en nuestra fe que ha prevalecido por más de dos milenios a todo ataque recibido y equivocación cometida y sabemos por afirmación de su Fundador que las fuerzas del Adversario no la podrán vencer.

Alrededor del mundo cientos de miles de sacerdotes dan su vida por su grey, luchando no solo por su fe sino por su justicia social y su desarrollo económico, de salud, educativo.

Pero esto no es noticia, no vende a los intereses de los que quieren desacreditar a la Iglesia.

Inevitablemente seguiremos escuchando el cantar de las aves al amanecer como los ataques destemplados de los enemigos de la Iglesia, pero inevitablemente también seguiremos viendo a la Iglesia prevalecer hasta el fin de los tiempos.

 
Pablo D. Perleche
pablodperleche@aol.com
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