La Historia de “Robert” y Manuela

La semana pasada recibí una llamada de alguien que vive en Nevada. Para el propósito de esta historia, lo llamaré “Robert”. Esta historia se desarrolla desde el 2006. Robert es un ciudadano americano, nacido aquí en los Estados Unidos y veterano de la Guerra de Vietnam. Robert viajaba con frecuencia a Cancún, México para relajarse y disfrutar del sol. Un día, Robert conoció a la mujer de sus sueños. La muchacha se llamaba Manuela, quien vivía en Cancún y trabaja en la industria de hoteles.

Robert y Manuela empezaron a salir y de esta manera comenzaron su relación de larga distancia. Robert ahora tenía una razón legítima para viajar a México y lo hace con más frecuencia. El y Manuela se llevaban muy bien y estaban muy enamorados. Todo estaba yendo muy bien.

Luego de un tiempo Robert le preguntó a Manuela si ella quisiera venirse a los Estados Unidos a vivir con él en su espaciosa casa en Nevada. Ella estaba tan emocionada con la idea de vivir junto a su amor que no dudó y dijo que sí. Ellos empezaron a hacer planes para vivir juntos en los Estados Unidos.

Es bueno mencionar que ninguno de los dos tenía un récord criminal. Manuela necesitará una visa para entrar legalmente a los Estados Unidos, pero ellos estaban tan ansiosos que deciden tomar un atajo. Entonces, deciden que no pueden esperar que el Departamento de Inmigración Americano les de la entrada o dejar el trámite en manos del proceso consular en México. Están tan enamorados, que se encuentran ciegos por la felicidad.

En vez de tomar los propios canales migratorios y entrar a los Estados Unidos directamente con una visa, Robert lleva a Manuela a Canadá porque lo único que necesita es un pasaporte, el cual ya posee. Vuelan hacia Vancouver, British Columbia y pasan por la aduana canadiense. Luego intentan entrar a los Estados Unidos. En la frontera americana, se les pregunta a ellos porque tomaron esta ruta tan larga en vez de viajar directamente a Nevada desde México, lo cual será más fácil. Robert no tiene una explicación aceptable por esto y el oficial en la frontera se enoja y marca el pasaporte de Manuela, prohibiéndole la entrada a Estados Unidos por cinco años. Robert regresa a Nevada mientras que Manuela tiene que volverse a México. Los amantes no sólo se ven forzados a estar separados sino también tienen que vivir sabiendo que Manuela no podrá entrar por al menos en cinco años.

A Robert se le ocurre una nueva idea. Regresa a México con un regalo para Manuela. Al llegar, su amada no puede detener su alegría cuando abre el paquete y ve un pasaporte falso de los Estados Unidos con su foto y con un nombre falso. Nuevamente los dos toman rumbo hacia la tierra natal de Robert, esta vez, sin cometer el error de ir primero por Canadá.

En el aeropuerto, Manuela muestra orgullosamente su nuevo pasaporte. Los oficiales no están seguros de la autenticidad del documento. Llevan a los dos enamorados a cuartos separados y los empiezan a interrogar. Bajo presión, Manuela se desespera y les da su nombre real. Ahora el Departamento de Inmigración no solo tiene su récord de haber intentado entrar a través de Canadá sino también ahora tiene un récord de entrada con pasaporte falso. Le dicen que tiene que regresar a México inmediatamente. Robert protesta. Al fin y al cabo, es un veterano de las Fuerzas Armadas de EE.UU. y Manuela es el amor de su vida. Los oficiales le dicen que tiene suerte que no lo estén mandando a la cárcel, y que es mejor que se vaya antes de que cambien de opinión.

Nuevamente, los intentos de la pareja son nulos. Luego de unos meses, Robert viaja a México y se casa con Manuela quien toma el apellido de su marido. Esto fue en Febrero del 2008. En los meses siguientes, Robert viaja varias veces a México, contactándose con muchos abogados en ambos países. Uno de ellos termino siendo yo. El cree que como ella ahora lleva su apellido, es posible que sus dos intentos de ingresar al país son cosas olvidadas. Pero le digo que eso no es el caso, y que toda su información personal continúa siendo la misma. También les comento que cuando llenen el formulario I-130 tendrá que honestamente llenarlo y revelar su apellido previo y responder otras preguntas que mostrarán su identidad verdadera.

Robert se rehúsa a creerme y fue por eso que le aconsejé que tenga que contactar a un abogado en Nevada y posiblemente otro en México. El me dijo que ya había intentado eso, y que yo era su última esperanza. Le dije que esto era algo bien complicado y que no podía ser tratado desde Connecticut.

Realmente me duele recibir llamadas como esta, de gente que pudo haber hecho las cosas de la manera correcta, antes de tomar acciones impulsivas. Dos cosas simples son necesarias para conseguir este ingreso. Contratar un abogado de inmigración que les guíe por el buen proceso y luego... tener paciencia.

Erin M. Field

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