La Corte Suprema de Justicia y Donald Trump, los protagonistas de Junio

En las últimas semanas del mes de Junio, la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos permitió que la Ley de Cuidado de la Salud Asequible (Conocida como Obamacare) se mantuviera intacta, permitiendo que ciertos subsidios federales brindaran cobertura a casi 6.5 millones de ciudadanos en Estados, donde no hay una cobertura estatal –Connecticut no es uno de ellos porque aquí se creó Access Health a cargo del Estado-. Pero tal vez la decisión que más repercusión tuvo en la opinión pública mundial fue la validación del matrimonio homosexual en el país.
Esta decisión ha sido criticada por grupos conservadores y religiosos que se oponen completamente al hecho de autorizar la unión civil entre personas del mismo sexo. Independientemente de cuál sea su posición, permítame compartirle la mía acerca del proceso: En Estados Unidos la Corte Suprema de Justicia es la encargada, entre otras cosas, de definir la legalidad de las políticas federales, en este caso la unión civil entre individuos. Por experiencia propia, he aprendido que las leyes se crean pensando en individuos que forman parte de un Estado y no en el género específico de dichos individuos, buscando así, la igualdad ante la ley de todas las personas. Thomas Jefferson, uno de los signatarios de la Constitución de este país, señaló en un importante discurso “La separación entre la Iglesia y el Estado”, hablando de la importancia de diferenciar los puntos de vista de ambas instituciones, disminuyendo la influencia de una ante la otra. Habiendo dicho esto, permítame aclarar que la Corte Suprema realizó un argumento legal y no religioso.
Por lo tanto, en primer lugar, creo que si va a criticar la decisión, tiene que hacerlo desde el punto de vista de formulación de políticas públicas legales y no desde el punto de vista religioso, ya que estaría comparando peras con manzanas. En segundo lugar: Si está en contra, la decisión no obliga a su iglesia -sea cual sea- a que realice bodas entre homosexuales, así que su institución religiosa puede estar tranquila, ya que la Ley de los hombres no es la Ley de Dios -que es la que, en teoría, muchas personas están usando en redes sociales y conversaciones informales para basar su opinión al respecto de este asunto al usar versículos bíblicos y otros argumentos religiosos-. Ojalá que así como este tema ha generado múltiples opiniones -independientemente de su posición- otros temas generen opiniones acerca de económica, política y legislación en su comunidad, porque solo al tener la verdadera opinión de la gente se va a crear esa sociedad que tanto anhelamos, donde las cosas funcionen para la mayoría de sus miembros. Intencionalmente, a los que usan la sagrada escritura para opinar acerca de este tema, les digo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”

Donald Trump
y sus disparates

Cuando esta edición se publique, asumo que toda la comunidad Latina ya habrá escuchado acerca del discurso de inicio de campaña del magnate republicano, Donald Trump, el cual es una obvia muestra del racismo y la ignorancia del personaje. Lo que dijo, nos ha insultado a todos los Latinos, y para los que no saben, les ofrezco una traducción casi literal de parte de su discurso: “Cuando México envía a su gente, no envían a la mejor. Están enviando personas con muchos problemas. Nos están trayendo drogas. Nos están trayendo crimen. Son violadores y, algunos, asumo, son buenas personas”.
Yo sé que esa parte del discurso es la que la gran mayoría de noticieros están compartiendo, pero todavía dijo algo más: “Yo he hablado con guardias de la frontera y ellos nos han dicho que es lo que estamos recibiendo, y solamente tiene sentido –sic-. No nos están mandando la gente correcta; vienen de más lugares que de México, vienen de toda Sur y Latinoamérica…”.
Si usted ha seguido mis columnas previas, probablemente se ha dado cuenta que uno de los temas que más repito es la importancia de la participación Latina en los procesos electorales locales, estatales y federales. Si usted es un inmigrante convertido en ciudadano por naturalización, ciudadano por nacimiento descendiente de inmigrantes, o ciudadano por nacer en Puerto Rico -que es considerado parte de Latinoamérica- las palabras insultantes que acaba de leer deberían de ser una motivación suficiente para decidir participar en el proceso electoral, votando en las elecciones presidenciales para asegurarnos que racistas como Trump, NUNCA lleguen al poder. El permitir que Donald Trump, por muy buen negociador que sea, se convierta en el timonel de la nave estadounidense, únicamente nos va a llevar más rápido a la tercera guerra mundial y a un estado constante de odio y búsqueda de venganza. Y no creo que nadie en nuestra comunidad quiera ser parte de eso.
Espero sus comentarios a través del twitter @Columna_Politik y en el blog. ColumnaPolitik.blogspot.com ¡Hasta la próxima!
Fernando Marroquín
fernando@identidadlatina.com
Identidad Latina

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