Itinerario Desconocido

CUENTO BREVE

Parece que fue ayer, estas calles tan extrañas .Como iba a saber que a los cincuenta y cinco años llegaría a estas tierras de Hartford, Connecticut , siguiendo los ensueños de los sueños de mis hijos.
¿Qué hubiera pasado si me hubiera quedado? Mejor ni pensar, la vida corre sin frenos y te deja ausente de tiempo. ¿Cuántas cosas mejores o peores hubiera hecho? Solo Dios lo sabe. Llegué con dos títulos, uno profesional y otro administrativo. Pero, sin el idioma requerido, eran solo papeles hechos de aire. Hasta que toqué la puerta de la radioemisora.
–Bueno, hay una plaza disponible ¿qué experiencia tiene en ventas, además de estos títulos?
– En mis años jóvenes me dediqué a vender electrodomésticos en el Perú. Tuve la oportunidad de vender los primeros televisores que llegaron a Lima.
–Suena interesante.
–Sí, los clientes me llamaban solo por los televisores, y acababa vendiéndoles lavadoras, refrigeradoras, cocinas y más.
–Bueno, amigo allí tiene todo el mercado hispano de Hartford, el cielo es el límite.
Y así comencé y llegue a tener una de las mejores carteras de clientes de publicidad radial en el ambiente hispano. No me puedo quejar. Incluso fui el primero en incursionar un programa netamente peruano en la radio comercial. Compraba una hora y ponía música y noticias del Perú. El programa salía cuando podía o mejor dicho cuando conseguía mis cuatro auspiciadores. No tenía día, ni horario fijo. Pero siempre el 28 de Julio, con las notas del Himno Nacional, algún invitado especial, noticias de la lejana patria y claro la música peruana.
Tengo tantos recuerdos, tantos cassetes grabados, tantos amigos. En estas nuevas tierras vi nacer y crecer a mis nietos, y vi morir a mi esposa que me acompaño durante medio siglo. Si, acabo de cumplir los setenta y tres años y toda la vida se agolpa en mi mente. Debo escribirla antes de que sea demasiado tarde. Quise escribir algo así cuando cumplí los cuarenta. Hice muchos borradores pero sin concretarlos. Los fui dejando para más tarde. No puedo darme ese lujo a mi edad.
–¿Otra vez soñando despierto, viejo?
–No hijo, ¿te acuerdas de mi Jungla de Cemento?, nunca la termine.
–Cuando viajaste apurado dejaste tus borradores, te los traje todos.
–Pues ahora quiero terminarla, ya planté árboles, tengo hijos y nietos, me falta escribir el libro.
–¡Qué bueno!, ya sabes si quieres ayuda, aquí estoy.
–Si, ayúdame a revisarlo y sobre todo búscame un título original. El título La Jungla de Cemento, ya ha sido usado.
–Ahora mismo estoy trabajando en un cuento y le estoy por poner Itinerario Desconocido o La Vida es una Tómbola. Puedes usar cualquiera de los dos, si te gustan.
–Itinerario Desconocido... Itinerario Desconocido…suena bien, me gusta.
–Pues es tuyo.
Y aquí estoy trabajando en mi libro, que buen título me consiguió mi hijo. Tengo que acabarlo rápido, no sea que se me adelanten también en este título. No es fácil resumir tres cuartos de siglo en unas páginas. No alcanzarían muchos tomos para escribir las anécdotas, alegrías y tristezas, actos casi heroicos y otros que mejor ni recordar. Escribir un libro, es no morir del todo. Menos mal que ya lo tengo delineado: mis padres cada uno proveniente de una familia de más de 10 hijos, mis tres hermanos, mi esposa, mis cuatro hijos y mis nueve nietos.
Mi nacimiento en la norteña Lambayeque. Mí llegada a Lima a los cuatro años en un vapor, bordeando la costa, cuando aún no existía la carretera panamericana. Mi niñez y juventud en los Barrios Altos. Mi primer trabajo a los doce años en el servicio de Correos. Allí tuve que aparentar dieciséis para poder ingresar, no se como lo hice, pero lo hice. Por eso tuve que terminar mi secundaria estudiando de noche.
Más adelante mis estudios en la Universidad de San Marcos y luego en la Universidad de Buenos Aires, Argentina. Paralelos fueron mi noviazgo y matrimonio con la mujer de mi vida. Y luego mi servicio como Auditor Tributario en el Ministerio de Economía en Lima.
El haber trabajado para el estado desde tan temprana edad me permitió jubilarme a los cincuenta y cinco. Así pude viajar a los Estados Unidos, a pedido de mis hijos que vivían aquí. Solo uno quedo en Perú, pero ya llegó y ahora venimos a darnos cuenta que a los dos nos gusta escribir.
Bueno basta de tener los recuerdos dando vueltas, al escritorio y a plasmarlos en papel. Pero, ¿qué esto? ¿qué paso con la luz?, esta todo oscuro, que raro nunca había visto algo así. ¿Estoy en un túnel? Y ese resplandor que viene tan rápido ¡Oh Dios que bello es este lugar!
–Por favor ¿quién es el familiar a cargo?
–Yo doctor, me llamo Víctor Ordóñez.
–Mira Víctor, lo siento mucho, tu padre falleció, pese a todo el esfuerzo de los paramédicos por revivirlo.
–¡Dios mío, mi padre…!
–Tranquilo, Víctor, mira te soy sincero, el día que a mí me toque, desearía la muerte que tuvo tu padre. Ni se entero, fue un infarto cardiaco masivo, nunca supo lo que paso, fue como apagar un interruptor de luz.
–Gracias por sus palabras doctor, él estaba muy triste desde hace un año, cuando murió mi madre. Pero últimamente se le veía tan animoso. Nada hacia presagiar que se iría tan rápido.
–Víctor, se va el niño, se va el adulto y el anciano. Nadie sabe cuando ni donde, la vida es así. Solo hay algo cierto, el nacer, el resto de nuestra vida es un itinerario desconocido.
Pablo D. Perleche
pablo@identidadlatina.com

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