¡Independiente Campeón! Volvió el Rey de Copas

El fútbol o soccer como le han puesto los Yankees es un deporte para gozarlo y sentirlo en la piel. La noche del Miércoles 7 de Diciembre, allá en la lejana Avellaneda de Argentina, con un estadio repleto y enfervorizado, Independiente le ganó al Goiás de Brasil en la tanda definitoria de los penales (5-3). Previamente le había ganado en el tiempo regular y suplementario por 3 a 1, teniendo en cuenta el partido de ida (triunfo de Goiás 2 a 0) todo se definió con el suspenso del penal errado de Felipe y el último toque de Tuzzio para que se desatara la locura en Avellaneda y en todos los lugares donde hubiera un hincha del rojo.
La anterior es la parte estadística y formal, pero cuando uno lleva adentro los colores y la historia de los Diablos Rojos por mas de tres décadas, las sensaciones sobrepasan ciertos límites, y esos instantes de cerrar los puños y agitar los brazos se ubican en los pocos y privilegiados momentos de la vida de un enamorado del fútbol. Escribimos desde el cono norte, desde este helado Hartford, Connecticut.
Y ahora sí, en primera persona. Conocí al equipo de Independiente en la vieja cancha de la doble visera allá por 1975, cuando Bochini, Bertoni y le negro Galván eran los héroes, cuando el toque y el buen fútbol era el que los distinguía de los demás equipos argentinos. Ahí mismo me hice hincha del Rojo y mi vida cambiaría. Siempre recuerdo al maestro César Menotti: jugar, gustar y ganar. Quién sino el Rojo para validar las palabras del flaco. Cuántos partidos, cuántas jugadas, cuántos goles, cuántas alegrías, cuántos días de dientes apretados, pero cuántas alegrías que se llevan bien adentro. No importaba que viajara desde el Gran Buenos Aires, haciendo 3 horas de colectivo para llegar a Avellaneda y volver a la madrugada y casi sin dormir regresara al laburo. El cuerpo aguantaba y las vibraciones que te dejaba tu equipo lo justificaban. El fútbol es así y el Rojo es así. Nació para grandes cosas, nació para Campeón, sus 17 coronas internacionales lo dicen todo: 7 Copas Libertadores, 3 Intercontinentales, 3 Copas Interamericanas, 2 Supercopas Sudamericanas, 1 Recopa Sudamericana y 1 Copa Sudamericana en este bendito 2010.
Gran cierre de año. Los tiempos han cambiado es cierto, los mejores jugadores están en Europa, el dinero manda, pero los colores se quieren y se llevan para toda la vida. Estés donde estés la camiseta se conservan y la mística no se pierde y en algún momento volvería. Ya era hora, en este 2010 cuando no hay jugadores iluminados como el Bocha, como el Pato Pastoriza, Clausen, Balbuena, el Beto Outes, Villaverde, Percudani, como Marangoni y tantos otros… ahí aparecen los pibes que ponen el alma en cada pelota, ahí aparecen los Hilario Navarro, los Tuzzio, Los Parra, los Silvera, Fredes, Cabrera… y el turco Mohamed impulsado por los conocimientos del flaco Menotti y la base que dejó Garnero.
Algun necio y trasnochado, antes del partido, decía qué venida a menos esta Copa, con una final entre un equipo de media tabla y otro descendido. Y la noche del 7 de Diciembre las imágenes del nuevo estadio de Independiente, bien llamado Libertadores de América, con 40,000 almas gritando hasta el hartazgo, le daban un marco imponente y la categoría de una verdadera final. Esa era la respuesta a la mediocridad. Luego sí, un partido jugado como debe jugarse una definición, no hay fantasmas, no hay menosprecios, solo el mas preciado de los deportes. Una final, que bien pudo habérselo llevado el Goiás de Brasil, y había que aplaudirlo, pero la final fue otra. Independiente Campeón de la Sudamericana. ¡Volvió el Rey de Copas! No hay mas!!
Coco Gol

Nota.- La ilustración es de mi gran amigo Pepe Angonoa, hincha de Belgrano de Córdoba pero con corazón Rojo como el mío. ¡Salud Pepe!

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