Harry Potter y la Literatura Clásica

Que es más rica que la Reina Isabel II de Inglaterra, que practica hechicería y que por donde va lleva sus polvos mágicos, pócimas e invocaciones; todo esto se dice de J.K Rowling, la autora de Harry Potter, una historieta que ha mantenido en vilo la atención de chicos y grandes en los últimos diez años. Lo que ha demostrado esta autora es que en el mundo del mercadeo, al cual no escapan la literatura y los libros, no se requiere hoy demasiado talento, sino una bien aceitada maquinaria publicitaria que permita dar paso, en deslumbrantes viñetas e ilustraciones, a historias que, en el fondo, no son más que majaderías.

Pequeñeces, vacuidades, si se compara este nivel de imaginación o de inspiración, con las sagas de Homero, con la Iliada, La Odisea, o los cuentos fantásticos que con los siglos se volvieron clásicos: Simbad El Marino, El Ladron de Bagdad, Alí Babá y los 40 Ladrones, las Mil y una Noches, la historias de Perrault o de los Hermanos Grimm, y la mismísima e inocente Caperucita Roja. Para los niños siempre, Barba Azul, o la odisea del capitán Ajab en pos de la ballena blanca en una historia como Moby Dick de Herman Melville, o el ya superclásico Principito, de St. Exupery.

El escritor cubano José Martí, autor, entre otras obras, de Los Versos Sencillos, escribió para niños unas historias que harían hoy màs por el mundo que las pavadas voladoras y mágicas de Harry Potter. Me pregunto en qué lugar del olvido quedó “La edad de oro”, ese mester de comportamiento y conducta, de lirismo y verdadera poesía que dejó para la posteridad el patriota cubano.

Cada verano, la Rowling hace su aparición no sólo en las librerías del mundo, sino tambièn en las salas de cine, con unas series interminables a las que se suman hoy millones de admiradores y coleccionistas…y también millones de dólares, de euros, de yenes y libras esterlinas. Sus series alcanzan hoy más fama que “Viaje a las estrellas”, y los chicos están atentos a las peripecias del joven Potter, hoy por sus 17 años, quien ha conocido ya una Orden del Fénix, Cámaras Secretas, un lugar llamado Prive Drive, y una capacidad para conjurar todos los obstáculos humanos, desde la magia, algo que todo niño alguna vez ha querido poseer. Quizá ahí reside el éxito de la Rowling, pues ha sabido explotar, a veces con un morbo descarnado, esa curiosidad que lleva a los chicos a imaginar poderes sobrenaturales para conjurar sus primeras peripecias en el mundo.


De Twain a Rowling

Qué hubiera pasado si Tom Sawyer, el héroe creado por Mark Twain, hubiera tenido poderes mágicos para desaparecer de la cocina de su tía, al momento en que esta lo sorpendía comiendo pastel a hurtadillas; o si el Negro Jim que hacía avanzar su barcaza de troncos por el Mississippi, sintiera de pronto que no eran los remos los que guiaban la embarcación, sino un soplo mefìtico, y mágico, del pequeño Tom, o de su carnal, Huckleberry Finn.

Aquella literatura, más humana, se nutría, en suma, de la realidad y del humor para animar la mente de los niños, y en ocasiones de una bien concebida fantasía, afincada en viejas leyendas y mitos griegos u orientales. Sin embargo, lo que vemos hoy, representado por Potter, es la decadencia de un género que alcanza su mayor proyección a través del poder de los medios de comunicación y su maquinaria publicitaria.

Lo anterior se pudo ver el pasado 21 de Julio, cuando miles de niños hicieron largas filas, con sus padres, frente a las librerías del mundo, atentos a tener el primer ejemplar de su héroe. La Rowling es ya un producto inglés, certificado, como los Beatles, los Rollings, los Punks de Picadilly Circus o las mentiras acerca del futbolista Beckham, quien ha venido por estos días a terminar de apagar sus fuegos fatuos en un equipo de California.


La persistencia de la magia

En Colombia, particularmente, se dice que no hay que creer en brujas, pero que las hay, las hay. En muchos pueblos, inclusive hoy en los Estados Unidos, sobreviven en pequeñas comunidades y también en las urbes, los ritos de los adivinadores, de los expertos del Tarot, de aquellos que certifican el futuro a partir de conjeturas e intuiciones.

Existen en los Estados Unidos muchos centros botánicos, dedicados a extraer “verdades” a partir de hierbas, una creencia que en el pasado fue suficientemente documentada por la autora cubana Lydia Cabrera, en su obra “El Monte”, en la cual dio a conocer las suertes del Osaín, el que corta la hierbas en tiempo de semana santa, y el oficio del yerbero, el que trae mejorana, amansaguapo, altamiza, Vetiver y Rompesaragüey.

Como si la existencia necesitara, cada vez más, este elemento que permite saber, conocer, a partir de una sabiduría no suficientemente documentada por la demostración científica. Es probable, no lo sabemos, que la Rowling sea la Julio Verne de hoy, y los exabruptos de sus tramas sean la realidad de siglos venideros, cuando la magia sea algo tan doméstico como calentar un pan en un microondas. Otros autores del mundo, no están de espaldas a la magia. Prueba de ello es la literatura del brasileño Pablo Coelho, quien vuelve a estar de moda con su obra ¨La Bruja de Portobelo¨.

Brujas y brujos hay muchos hoy. No llevan escoba ni sombrero de lunas y estrellas; tampoco tienen la nariz en forma de gancho, ni ríen con carcajada estentórea. Vuelan en jumbo, tienen oficina en Manhattan, y en sus maletines portan miles de dólares. También diamantes.

Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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