Grandes momentos en la vida de García Márquez

El 6 de marzo de 1927, nació en Aracataca, Magdalena, provincia de Colombia, Gabriel José de la Concordia García Márquez, quién sería uno de los 16 hijos del telegrafista Gabriel Eligio García y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán. El vástago de los García Márquez se convertiría con el tiempo en uno de los escritores más célebres del sur de América y del mundo. Recibió el Premio Nobel de Literatura, el 10 de diciembre de 1982, de manos del Rey Carlos Gustavo de Suecia.
Lo anterior significa que el pasado 6 de marzo, el escritor cumplió 86 años; una edad en la que puede mostrar su robusta obra, conformada no sólo por novelas sino por cuentos, hoy clásicos. García Márquez es uno de los autores que ha llevado de manera más fiel el mundo de los sueños y de la poesía, a la prosa. Ha hecho los mayores elogios a la poesía, esa que “cuece los garbanzos en la cocina”, como lo aseguró en su discurso Nobel.
Cuatro sucesos marcaron para siempre su vida: cuando era un niño, vio los vagones del tren que pasaba por Ciénaga y Aracataca, llenos de cadáveres; obreros de las plantaciones de banano, propiedad de la United Fruit Company, acribillados cuando protagonizaban una huelga, un hecho que se conocería en la historia como “la matanza de las bananeras”; el segundo suceso central en su existencia, fue la relación cercana que tuvo con su abuelo Nicolás Ricardo Márquez, Coronel de la Guerra de los Mil Días, cuya vida le inspiró muchas historias, entre ellas la breve novela “El Coronel no tiene quién le escriba”, la historia de un veterano colombiano que pasa sus días a la espera de un cheque del gobierno, el mismo que nunca llega. De este abuelo, y de su abuela Tranquilina Iguarán Cote, Gabo reconoce que recibió muchos elementos para sus primeras historias. Su abuela hacía predicciones, veía fantasmas por la casa de Aracataca, conversaba con espíritus, invocaba difuntos.
Gabo, como se le conoce familiarmente, dice en sus memorias “Vivir para contarla”, que el viaje con su madre en lancha, desde Barranquilla -ella de riguroso luto- con el propósito de llegar a Aracataca para vender la casa paterna, fue un momento definitivo en su vida y finalmente, el instante en que una delegación colombiana lo acompaña hasta Estocolmo para recibir el Nobel de Literatura. Gabito decidió en ese día lucir el traje de gala de los campesinos venezolanos, un código de vestido conocido también en las Antillas como “liqui-liqui”, una suerte de traje blanco, con camisa de cuello Nehru y botones dorados.
Pero, si buscáramos otros instantes memorables en la vida del escritor , tendríamos que mencionar el momento en que sale de Aracataca para ir a estudiar la secundaria en la fría meseta cundiboyacense; o cuando por accidente se queda encerrado con el Papa Juan Pablo II en uno de los tantos recintos de El Vaticano. O su periplo de cronista por Colombia, un trabajo que le permite escribir la maravillosa historia que tituló como “Relato de un náufrago”, o ese instante en el Chocó, en el Pacífico colombiano, hasta donde se desplaza para cubrir un supuesto levantamiento popular. Al llegar a esa región, se da cuenta que no existe tal insurgencia y la inventa. En breve, el gobierno colombiano envía hasta ahí tropa y muy rápidamente se prende en el Chocó la llama de un levantamiento popular.
García Márquez debió huir de Colombia en el gobierno de Julio César Turbay. Organismos de seguridad lo vinculaban con grupos insurgentes, y llegó a saber que progresaba en su contra una orden de captura. Viajó a México, donde también tiene su casa, y desde ahí le recordó al mandatario que nunca fue más que “uno de los dieciséis hijos del telegrafista de Aracataca”.
El cuento, un género no muy cultivado en estos primeros años del siglo XXI, tiene en García Márquez a un autor clásico. Sus “Doce cuentos peregrinos” hacen parte del acervo literario latinoamericano.

Gabo y la política

diferencia de su otro día amigo y colega de afinidades políticas, Mario Vargas Llosa, García Márquez nunca deseó estar en el “main stream” de su país. Temprano, cuando ya había escrito “Cien años de soledad” y la novela resonaba ya por todo el mundo, le ofrecieron la Embajada de Colombia en México y no aceptó.
Nunca, como Vargas Llosa, quiso ser presidente de la república, y por el contrario, decidió marchar siempre, al igual que el poeta chileno Pablo Neruda, por la “Rive gauche”, por la ribera izquierda, al lado de Fidel Castro en Cuba, su entrañable amigo. Si el Nobel colombiano no hubiera enfermado de manera severa, como lo anunció recientemente uno de sus hermanos -padece demencia senil- hubiera entregado al mundo la segunda parte de sus memorias y seguramente alguna novela acerca de Fidel Castro Ruz, a quien pudo conocer de manera muy cercana, confidente.
Un día antes de su cumpleaños el pasado 6 de marzo, se anunció al mundo el fallecimiento de Hugo Chávez en Venezuela. García Márquez guardó distancia prudente de él, como de Ortega en Nicaragua.
“Cien años de soledad” fue descrita por él como “un largo vallenato” y no fue nunca su novela favorita. No así “El otoño del patriarca”, sin duda su texto más profundo, literario, en el que se permitió no emplear signos de puntuación. Es su novela favorita, menos leída que la saga de Macondo, aquel pueblo de pocas casas, con un río que exhibía piedras que parecían huevos prehistóricos, donde un día llegó el estropicio de ollas y palanganas de una riada gitana.
Quizá Mercedes Barcha, su esposa, nos dé pronto la sorpresa de unas memorias, en segunda entrega, que llegaron -ojalá- a feliz término. Esta esperanza, tiene que ver con lo poco que se sabe, realmente del destino de este nuevo libro, y de la expectativa por saber la historia menuda de los últimos años del notable autor, tan querido en México como en su natal Colombia.

*Escritor colombiano
Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

Avatar
Acerca del Autor