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Evo Morales enfrenta revocatoria de su mandato en Bolivia

Un eventual rechazo del electorado de Bolivia a la gestión de Morales, quien apoyó una consulta popular revocatoria de su gobierno, encumbraría a un empresario y legislador opositor del departamento de Santa Cruz, rico en recursos naturales y cuna de un fuerte movimiento autonomista. Sectores derechistas, precisamente, entienden que el apoyo al estatuto autonómico departamental del 85% de los votantes santacruceños, significa el ocaso de la popularidad del izquierdista Morales, el primer mandatario indígena en la historia independiente del país.

Por ello, la oposición reflotó en el Senado el proyecto de referéndum revocatorio del mandato presidencial y de los nueve prefectos (gobernadores) en que se divide Bolivia, que ya había sido aprobado en la Cámara de Diputados a impulso entonces del gobernante Movimiento al Socialismo (MAS). “Desde la dirección sindical dijimos sí a las urnas y no a las armas. Quiero reiterar nuestra posición democrática de sometimiento al pueblo y que los ciudadanos nos digan quién sirve y quién no sirve para gobernar al pueblo boliviano”, aceptó un sereno Morales, aludiendo así a su larga trayectoria como líder de los trabajadores de los cultivos de coca.

El referéndum revocatorio para los principales cargos ejecutivos de este país, tiene como único antecedente en América Latina el realizado en el 2004 en Venezuela, donde Hugo Chávez logró confirmar su mandato presidencial en una consulta que está incorporada en su Constitución. A partir de la promulgación de la ley por parte del presidente Morales se establecerá un plazo aproximado de 90 días para organizar la consulta, lapso que coincide con la realización de los restantes referendos autonómicos dispuestos por los gobiernos de los departamentos de Beni, Pando y Tarija, que completan con Santa Cruz la llamada media luna oriental boliviana.

Según el texto aprobado en la víspera, los ciudadanos bolivianos deberán optar entre el Sí y el No a la continuidad en el cargo de Morales como presidente, de Álvaro García Linera como vicepresidente, y de los nueve prefectos. Si alguno de estos mandatos es revocado, deberá convocarse de inmediato a elecciones para elegir reemplazantes. En el caso de un cese de funciones de Morales y García Linera por mandato del referéndum, el sucesor inmediato según la Constitución en vigencia es el presidente del Senado e influyente empresario nacido en Santa Cruz, Óscar Ortiz.

De ahí que una derrota del gobierno crearía un inesperado escenario de transición del poder desde la izquierda identificada con los pueblos indígenas y los sectores populares hacia la derecha más conservadora y partidaria de un modelo económico de apertura comercial y dócil al capital externo, como lo fueron los gobiernos que antecedieron a Morales.

Evo Morales ganó las elecciones del 18 de diciembre de 2005 con un inesperado 53,7 por ciento de los votos, en competencia con antiguos actores de la política boliviana, abriendo así un período de expectativa entre los casi 10 millones de bolivianos, 67 por ciento de los cuales viven en la pobreza. Tras asumir el mando constitucional de cinco años el 22 de enero de 2006, la oposición derechista y empresarios reaccionaron contra su postura cercana a los indígenas, sus medidas de corte popular como el programa de alfabetización y salud con apoyo de Cuba y Venezuela, y el agresivo plan de renegociación de contratos petroleros que ayudaron a multiplicar los ingresos fiscales de unos 180 mil a 2 mil millones de dólares.

Ha sido tildado de “andinocentrista”, en referencia a la localización geográfica de las poblaciones habitadas por los empobrecidos pueblos originarios, mayoritarios en la población del país.