Es tiempo de parar la violencia

Continuando con el tema de la fatídica violencia que, pareciera no tiene cuándo acabar, es necesario tener bien claro que no solo las armas que, dicho sea de paso, su venta ha aumentado estos últimos días, son las que generan este descontrol. Es bueno también dar una mirada a otro factor que, muchas veces pasa desapercibido, el de la cultura de la violencia a la que niños y jóvenes están expuestos día a día, y que bajo el pretexto de que vivimos en una época de tecnología, se puede encontrar en la mayoría de juegos electrónicos, fáciles de acceder desde cualquier computadora o aparato de comunicación, llamados “inteligentes” por sus mercaderes.
La tecnología es positiva en la formación intelectual de los jóvenes y en diversos aspectos de la vida diaria, negarlo sería necio. Sin embargo, el afán mercantilista, hábido de ensanchar sus tentáculos, crea y lanza al mercado infinidad de juegos en donde la violencia llega a su máxima expresión. Para ganar hay que destruir es la consigna; muchas veces estos “juegos” tienen la muerte como objetivo final, el “bueno” tiene que matar al “malo”. De por sí eso es negativo, porque se va grabando en el subconsciente del usuario falsos valores que a nada bueno conducen.
Los fabricantes de estos “juegos” modernos no reparan, menos les interesa, en el daño que hacen en sus usuarios, la gran mayoría de ellos niños y jóvenes que todavía no han alcanzado la madurez necesaria como para poder tener conciencia del daño que se hacen. Frente a este flagelo es menester que los padres supervisen atentamente qué tipo de juegos les compran a sus hijos. Además, y esto es muy importante, es necesario que hagan lo humanamente posible para compartir y conversar con sus hijos. Con el tiempo ellos se lo agradecerán y harán lo mismo con los suyos. El hogar es la escuela en donde los hijos aprenden a ser los padres del futuro.
Volviendo al tema de la obsesiva tendencia al armamentismo de parte de la sociedad estadounidense, su portaestandarte y defensora a ultranza, la inefable NRA (Asociación Nacional del Rifle), acaba de lanzar al mercado una aplicación electrónica móvil para que los niños aprendan a manejar un arma, lo cual, tras la terrible masacre de Newtown, es añadir gasolina al fuego. La aplicación “NRA: Practice Range”, puede ser descargada en cualquiera de los modernos equipos electrónicos tan comunes hoy en día. La aplicación es gratuita, pero por un cómodo pago de noventa y nueve centavos, los “jugadores” tienen derecho a mejorar su calidad de fuego y desbloquear un rifle de francotirador. Al comienzo el programita de marras era apto para criaturas de hasta cuatro años de edad. Hace escasos días la página web de Apple lo recomienda para mayores de 12 años por su “frecuente” y “realista” violencia.
En un claro desafío al plan de medidas para controlar la proliferación de armas anunciada por el presidente Barack Obama, la que estaban basadas en las recomendaciones presentadas por el vicepresidente Joe Biden, los autores del “jueguito” lo presentaron poco después que Obama hiciera su anuncio. Como podemos apreciar, a los directivos de la NRA poco les interesan los versos de Rubén Darío… “Juventud divino tesoro”. Por otro lado, su presidente David Keene, ha advertido que la agrupación tiene la influencia suficiente para impedir que el Congreso apruebe la prohibición de los rifles de asalto que propugna Obama. Es hora que todos los verdaderamente preocupados por el bienestar, no solo de nuestra niñez y juventud sino también de la sociedad en general, cierren filas y comiencen a repudiar a quienes no se detienen ante nada con el fin de salirse con la suya y de paso llenarse los bolsillos a costas del dolor ajeno.
Indudablemente que Latinoamérica no está exento de la proliferación de armas, pero allí la situación es completamente diferente. La situación económica del ciudadano promedio no le permite distraer su presupuesto en la adquisición de un arma pequeña, mucho menos de un fusil ametralladora. El armamentismo en los países del sur del continente, se centra alrededor de agrupaciones criminales, asociadas mayormente con el negocio del narcotráfico, cuyos réditos, que duda cabe, les permite adquirir armamento de última generación. Este ilegal arsenal, al ser rastreado, tiene su origen en este país, como lo demostró un sonado escándalo acaecido últimamente en México, cuyas mafias están armadas hasta los dientes con “importaciones” provenientes de los Estados Unidos.
Es necesario entender entonces que el primer reducto en donde se tiene que tomar conciencia de este problema es el hogar y la guía que se les dé a los hijos. Ser vigilantes de las aplicaciones que utilizan en sus juegos electrónicos no significa recortarles su autonomía, al contrario, es mostrar interés para un mejor desarrollo intelectual que los llevará a ser útiles en el futuro. No hacerlo es abandonarlos a un incierto destino en donde, agrupaciones como la NRA, bajo el pretexto de “luchar por su protección” le ofrecerán “entretenidos juegos electrónicos” a precios módicos, sin importarles el daño que les puedan causar.
De una vez por todas se debe detener ese inmundo negocio que, bajo la falsa premisa de que la Constitución otorga el derecho a llevar armas, olvidan que ese derecho fue dado hace más de dos centurias y era para promover una milicia ciudadana fuerte, porque todavía no había un ejército organizado y fuerte como el que ahora cuenta nuestro país.

*Armando Zarazú es profesor de Torrington High School.
Armando Zarazú
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