En camino, la Segunda Inquisición

Expulsarán a Sudamericanos y Africanos en Europa

Como ayer, con la expulsión de moros y judíos, Europa vuelve a arrojar
fuera de su continente a los hijos de África y a los descendientes de los
grandes surcos étnicos de América, a los que expolió en el pasado. Está
en camino la Segunda Inquisición, disfrazada bajo la denominación de
“Directiva de Retorno”. Nada parece detenerla.

Primero fue la Italia berluscónica en sus arrestos fascistas, la que decidió, en un día de primavera, que ya estaba bien de ver tanto africano asoleándose en los parques, y era menester sacarlos a todos del territorio itálico, para que bien regresaran a sus casas por voluntad propia o bajo la dictadura de la ley aprobada el pasado 15 de Mayo, en Bruselas, por los 27 gobiernos que conforman la Comunidad Europea, denominada “Directiva de Retorno”. Ahora, es toda la UE la que, como un solo guante, ha lanzado el golpe en contra de los inmigrantes africanos y suramericanos.

Cada época trae su afán, pero el mundo no ha cambiado sustancialmente, desde la antiguedad. Ayer, fue la España católica, la que, victoriosa sobre los califatos moros, decidió no sólo poner cruces sobre las viejas mezquitas, sino que también buscó chivos expiatorios de sus seculares desventuras, y los encontró también en los judíos, a los que expulsó por millares.

Bajo la bandera de la fé única, la creencia en un solo Dios, la intolerancia dio paso a la barbarie. La inquisición llevó a la física hoguera a centenares de “infieles”, judíos, masones, científicos, gentes dotadas de un talento especial y, por tanto, buceadores en los orígenes de la fe, la creación del mundo y sus especies; fueron vistos como enemigos de la humanidad y del catolicismo, y por tanto condenados al fuego y las tinieblas.

La cruzada de hoy acude a sofismas tales como “ausencia de papeles, permanencia ilegal, degeneración del trabajo, errancia”, para justificar las mismas lacras de antaño, las que en verdad apuntan a “cazar infieles”, otra vez, por su color de piel y diferente fe. La Directiva de Retorno es pues una decisión racista que atenta también contra la cacareada libertad de credos, con la cual, “altruísticamente” se llenan la boca los políticos de Occidente.

En medio de toda su locura y personalidad bipolar, el único latinoamericano que ha alzado la voz, hay que decirlo, y ha tenido la dignidad suficiente para rechazar esta expulsión de inmigrantes latinoamericanos del Viejo continente, es Hugo Chávez, Presidente de Venezuela, con un coro, en tono menor, de Fidel Castro, quien no puede hablar muy duro hoy después de la torta de vainilla que acaba de ofrecerle la Unión Europea. Resulta paradójico que la eliminación de sanciones a Cuba, haya coincidido con esta sangría de ignominia que se avecina. Europa sabe que la voz de Fidel todavía redobla como un tambor por todo el continente, y la gabela de hoy, no puede interpretarse más que como la zanahoria, de quien empuña, tras la espalda, un garrote. El mazo para machacar sudacas, subsaharianos, árabes de toda condición.

Europa tiene mala memoria; olvida que Argentina fue regazo de centenares de nazis que entraron por el puerto de Buenos Aires con papeles falsos certificados por el Vaticano, mientras a miles de judíos se les negaba la entrada. Juan Pablo II le pidió perdón al pueblo judío. México fue la casa de miles de españoles republicanos que se refugiaron ahí y encontraron pan y hogar después de la Guerra Civil de 1936, y Cuba es hasta hoy la segunda patria de los “gallegos”, como se denomina en la isla a todo el que viene de la península ibérica.

Francia puso hablar francés a los nigerianos, a sangre y fuego, de la misma manera que llevó el catolicismo a Vietnam; España, Inglaterra, Portugal y Holanda, asolaron el continente negro con látigo y bergantines. Toda su carga humana fue dejada en las costas de Connecticut, en el Caribe, en Cartagena de Indias, pero hasta hoy, nadie le ha pedido perdón a los expoliados hijos de África, como tampoco se ha dicho una sola palabra, desde la civilizada Europa, contra el genocidio de las culturas nativas. Mayas, Mixtecas, Chibchas y Zapotecas, Sioux, Dakotas y Seminoles, Incas y Caribes, Siboneyes y Taínos, a todos Europa les quemó la casa y les puso el látigo en la espalda. Más de 500 años después, los descendientes de africanos y nativos de América que han llegado al continente europeo en busca de una mejor vida, continúan con la bota en la nuca y el látigo en la espalda. Ahora, al cepo y la hoguera, se le denomina “Directiva de Retorno”. La Segunda Inquisición.


*Escritor colombiano

Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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