EDITORIAL: Iglesia Católica: Tiempo de reflexión

El Domingo 19 de Agosto pasado no será un día cualquiera para la Iglesia Católica de Hartford, ni para los que compartimos la fe y nos sentimos parte de esa institución. En la habitual misa en español en la Iglesia Nuestra Señora de los Dolores, llamó la atención que el padre Rev. James Aherne, Párroco de dicha Iglesia, durante la prédica del Evangelio, leyera una carta del Arzobispo de Hartford, Rev. Leonard Blair. Pero más llamativo aun fue su contenido, referido concretamente a los casos de abusos sexuales de menores por parte de sacerdotes y otras jerarquías eclesiásticas. Textualmente dijo, “Desde hace algunos años la atención se ha centrado en los pecados y crímenes sexuales de algunos clérigos y en muchos casos, la incapacidad de la jerarquía para responder de manera inmediata a los delincuentes removerlos de su ministerio.”

Siguiendo con la carta, en otro tramo manifestó que, “según la Ley de la Iglesia, los cardenales y obispos acusados deben ser juzgados por mandato del Papa, por la Congregación para la Doctrina de la Fe en Roma…/…espero que los cardenales y obispos sean tratados con las mismas normas rigurosas y sometidos a los mismo procedimientos que se aplican a los sacerdotes y diáconos cuando se trata de acusaciones de mala conducta sexual y crímenes.”

A manera de autocrítica señala en uno de sus párrafos, “Los hechos que han salido a la luz a lo largo de los años han sido una cruz dolorosa y humillante para todos los obispos.”

A tono con esta declaración del Arzobispo Blair, el Lunes 20 el Papa Francisco sorprendió con otra carta pública mucho mas directa, con el título de “Si un miembro sufre, todos sufren con él”. En el inicio manifiesta, “Al constatar una vez mas el sufrimiento vivido por muchos menores a causa de abusos sexuales, de poder y conciencia cometidos por un notable número de clérigos y personas consagradas.” Luego, haciendo un reconocimiento de los hechos, “Mirando hacia el pasado nunca será suficiente lo que se haga para pedir perdón y buscar reparar el daño causado.” Señalando al respecto, que “la solidaridad nos exige, denunciar todo aquello que ponga en peligro la integridad de cualquier persona.” Para finalmente hacer referencia a que sean reparadas estas faltas necesitan, “ayuno y sed de justicia que nos impulse a caminar en la verdad apoyando todas las mediaciones judiciales que sean necesarias.”

Más allá de la formalidad de las cartas mencionadas, lo importante que hay un reconocimiento y cierta vergüenza de lo que ha pasado dentro de la Iglesia. Recordemos que en las últimas semanas salió a luz un informe de un grupo de investigación en Pensilvania (EEUU), que habla de cerca de 300 sacerdotes y de jerarquías más altas que abusaron sexualmente de más de mil menores durante varias décadas.

La respuesta del Papa y de la Iglesia se hacía urgente. Lo que quizá no está claro, la decisión de que los crímenes que se comprueben, deben ser llevados a la justicia civil aparte de las sanciones de la propia Iglesia. También es evidente, que es tiempo que la Iglesia Católica haga ciertas reformas y cambios para que ese sinceramiento sea efectivo. De lo contrario seguirán cayendo en la poca credibilidad. Es bueno también señalar que la Fe va más allá de las instituciones.

 




ENGLISH

Catholic Church: Time to reflect

Sunday, August 19, will not be just any other day for the Catholic Church of Hartford, nor for those of us who share the faith and feel part of that institution. In the usual spanish mass at Our Lady of Sorrows’s Church, it was remarkable that Father Rev. James Aherne, Parish Priest of the Church, would take time during the preaching of the Gospel, to read a letter from the Archbishop of Hartford, Rev. Leonard Blair. But even more striking was its content, specifically referring to cases of sexual abuse of minors by priests and other ecclesiastical hierarchies. Textually he said, “For some years now attention has focused on the sins and sexual crimes of some clerics and in many cases, the inability of the hierarchy to respond immediately to seek those offenders to remove them from their ministry.”

Continuing with the letter, in another section he stated that, “according to the Law of the Church, the accused cardinals and bishops must be judged by the Pope, by the Congregation for the Doctrine of the Faith in Rome ... / ... I hope the cardinals and bishops are treated with the same rigorous norms and subjected to the same procedures that apply to priests and deacons when it comes to accusations of sexual misconduct and crimes.”

Showing signs of selfcriticism, he points out in one of his paragraphs, “The facts that have come to light over the years have been a painful and humiliating cross that all bishops have had to carry.”

In keeping with this statement by Archbishop Blair, on Monday 20th, Pope Francisco surprised with a very direct public letter, with the title “If a member suffers, everyone suffers with him.

At the beginning, he said, “Once again, we can see the suffering experienced by many minors because of sexual abuse, power and conscience committed by a considerable number of clerics and consecrated persons.” Then, making an acknowledgment of the facts, “Looking to the past will never be enough, what needs to be done is ask for forgiveness and seek to repair the damage caused.” Noting in this regard, that “solidarity requires us to denounce everything that endangers the integrity of any person.” Finally it ends with an invocation, “fasting and thirst for justice that pushes us to walk in the truth, supporting all the judicial mediation that may be necessary.”

Beyond the formality of the letters mentioned, it is important that there is some recognition and a certain shame of what has happened within the Church. Let’s remember that in recent weeks a report of a research group in Pennsylvania (USA) came to light, which speaks of about 300 priests and higher hierarchies whom sexually abused more than a thousand children for several decades. In this report the ex-archbishop of Hartford, Henry Mansell is also accused of cover up.

The response of the Pope and the Church was of urgency. What perhaps is not clear, the decision that the crimes which are proven to be true, should be brought to civil justice apart from the sanctions of the Church itself. It is also evident that it is time for the Catholic Church to make certain reforms and changes so that this opening up becomes effective. Otherwise they will continue to fall into a world of little credibility. It is also good to point out that Faith goes beyond institutions.
Jorge Alatrista
Identidad Latina Newspaper

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