Duelo Migratorio: Un Reto en la Maternidad

Tener un hijo es un gran acontecimiento en la vida de una mujer. Es, en definitiva, un antes y después. Es un proceso profundo de cambio y adaptación a un nuevo estilo de vida. Si a eso le sumamos el tener que criar a nuestro retoño en un lugar lejos de casa, sin nuestros familiares cercanos y sin nuestras costumbres se puede convertir en una experiencia realmente abrumadora.

Las que hemos salido de nuestro país, siendo mamás o no al principio, tuvimos un motivo por el cual tomamos esa decisión, todos son válidos, porque todos involucran el mejorar algún aspecto de nuestras vidas. Ya sea por mejores oportunidades laborales, mayor seguridad, una mejor educación para nuestros hijos… Una de esas o todas las anteriores. Es un derecho que todos tenemos, el querer pintar de mejor color nuestro futuro.

Pero seamos claras, a veces al principio no vemos tan bonito ese dibujo de nuestras vidas como imaginábamos que iba a ser. Los primeros años en otro país, con una nueva vida tan diferente, puede hacernos sentir cansadas, tristes, frustradas, sentir que no hemos cumplido con las expectativas. Muchos dicen que en vez de irnos por una vida mejor, en realidad estamos intercambiando unos problemas por otros. Hay algo de verdad en ello, pero también es cierto que todos esos sentimientos son normales sentirlos y forman parte un proceso llamado “Duelo Migratorio”.

El Duelo Migratorio “Es un proceso de pérdida de una persona, objeto, evento o lugar significativo”. Así lo afirma la autora Yaneth Rubio en el sitio de formación www.psicologia-online.com, agrega que este estado hace cambiar de ánimo a quien lo vive y puede afectar su salud física y mental. Afortunadamente es un proceso transitorio y dinámico, y su duración dependerá de cada persona y de cómo haya llevado otros duelos en el pasado. Es una nueva etapa en la que se debe lidiar con la soledad, barreras en el idioma en algunos casos, diferencias en las costumbres, ¡hasta con el clima! Es completamente normal y entendible sentir nostalgia por un pasado en el que en definitiva nos sentíamos más cómodas.

Un ejemplo de uno de los grandes retos cuando somos mamás inmigrantes es la ausencia de familiares cercanos que nos acompañen o nos “echen una mano” con nuestros pequeños. La parte positiva de esto en comparación con épocas anteriores es que contamos con esta era digital, con la tecnología a nuestro alcance. Ahora nuestro teléfono celular se convirtió en nuestra herramienta diaria ¡indispensable! Los vídeo llamadas con la mamá, la hermana o abuelita preguntando cuánta cosa posible, y ni hablar de los innumerables envíos de fotos, textos y vídeos mostrando el crecimiento de nuestros hijos o algún acontecimiento importante. Sin duda, han cambiado nuestra dinámica de la relación con nuestros seres queridos, pero estamos presentes aún estando lejos, y hacen nuestro día a día mucho más feliz.

La buena noticia además es que tarde o temprano el duelo pasa, ¡sí pasa! y ese dibujo de nuestra vida que pensábamos que no era tan bonito, descubrimos que es un dibujo que podemos ir moldeando y direccionándolo a lo que queremos, con paciencia y optimismo. Si te sientes triste o sola busca grupos de mujeres como tú, sal a caminar, habla, toma una clase de algo que te apasiona, atrévete a hacer nuevas amigas. Te aseguro que por allí hay muchas mujeres como tú con la que te puedes sentir identificada.  Podemos transformar la nostalgia en proyectos y en cosas hermosas. La vida es bella si tu permites que así sea. Un paso a la vez.

 

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EFE

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