Periodico Identidad Latina

Desigual trato a conductores Latinos en Connecticut

El primer año del presente siglo, un escándalo de proporciones nacionales sacudió el estado de New Jersey. No era para menos, como consecuencia de un juicio las autoridades de dicho estado se vieron obligados a mostrar más de 91,000 páginas de documentos que mostraban, a las claras y sin tapujos, que en dicho Estado, más concretamente en la autopista New Jersey Turnpike era cosa común la práctica, de lo que en inglés se conoce como “Racial Profile” que consiste, simple y llanamente, en detener a los conductores de vehículos en base a sus características raciales. Bueno, dirán algunos, eso pasó en otro Estado. No mi estimado lector, aquí en nuestro querido Connecticut también se cuecen habas, como dirían nuestras abuelas.
En la última semana de Febrero, Matthew Kauffman, periodista del Hartford Courant, el diario más importante de nuestro Estado, nos volvió a la realidad y, con una detallada información estadística y entrevistas a personajes relacionadas con el tema, ha expuesto la triste realidad que se cierne sobre todo aquel que, perteneciendo a lo que se conoce como “minorías raciales”, se atreve a ponerse frente al volante de un vehículo motorizado. Puede estar seguro de que, si por alguna situación inesperada o simplemente por descuido, está manejando su carro con una de las luces de peligro rotas, la posibilidad de que reciba un ticket de multa será cuatro veces mayor que la de un motorista anglo. ¿Casualidad? No, simplemente estadística.
El problema no es que los motoristas hispanos o afroamericanos sean descuidados al manejar, o malos conductores. El problema es que la población combinada de los dos grupos raciales es inmensamente inferior a la de origen anglo. La figura se da a todo lo largo y ancho de Connecticut. Los números estadísticos no engañan, más aun teniendo en cuenta lo sucedido últimamente en East Haven, en donde simple y llanamente hubo racismo de parte de la policía local. Lamentablemente, frente a denuncias de esta índole, los encargados de dirigir los cuerpos policiacos, “no saben”, “no creen que en su departamento suceda ese tipo de cosas”, “no hay razón para creer que sus oficiales hagan eso”, en fin repuestas que no tienen sentido ni guardan relación con los datos publicados.
Por otra parte, ya en el año 2000, las municipalidades fueron informadas que tenían que reportar toda la información de infracciones de tráfico al jefe de la oficina del Abogado del Estado para que dicha información fuera analizada. Esa oficina publicó un informe en el cual señalaba fehacientemente que los motoristas pertenecientes a las minorías tenían mayores posibilidades de tener, llamémoslo así, problemas de tráfico con la policía. Dos años después, a consecuencia de ese informe, la legislatura hizo cambios en la ley respectiva para que los departamentos de policía reportaran todos los incidentes de tráfico a la Comisión de Asuntos Afro-Americanos. Lamentablemente, por alguna razón, los reportes nunca se hicieron. Se arguyen motivos de falta de presupuesto para ello. Dados los difíciles momentos económicos que atraviesa el Estado, aceptemos la excusa, muy piadosamente por cierto, pero con la convicción de que el olor que despide el tema no es todo lo agradable que quisiéramos.
Todos sabemos que existe una diferencia vital entre el hombre y la máquina, el primero tiene la capacidad de pensar y discernir, la segunda no. Trabaja fríamente luego de ser programada con anterioridad. Decimos esto porque leyendo el artículo de nuestro amigo Matthew Kauffman, encontramos que, en casos en los cuales la falta cometida es imperdonable y ya está en los registros de las computadoras de la Policía, como manejar con licencia suspendida por ejemplo, la repartición de tickets de tráfico es pareja para todos los grupos, es decir hay igualdad o pluralidad, como les gusta decir a los políticos. Claro, en esos casos ya no hay nada que hacer y el problema de tráfico seguirá su curso para todos por igual. El problema aparece, y de qué forma, cuando el ser humano, es decir la policía tiene que usar su sentido de discreción. Allí sí que pierden las minorías y por goleada, si hablamos deportivamente.
Frente a esta reciente afrenta a las minorías que viven en el Estado, debemos esperar que las autoridades pertinentes tomen al toro por las astas, de la misma forma como se ha hecho en East Haven, a fin de evitar de controlar y evitar futuros abusos en contra de nuestra comunidad. El racismo es producto de la ignorancia e intolerancia que se incuba en mentes estrechas y faltas de visión para crear un mundo moderno que podamos legarles a nuestros hijos. No podemos aceptar que en pleno siglo veintiuno todavía existan individuos que señalen a sus semejantes por el color de la piel. Hacerlo es poner al ser humano al mismo nivel de los animales. Bueno, eso es una exageración, los únicos que están a ese nivel son aquellos que lo practican.