De primera dama a candidata presidencial de Argentina

Cristina Fernández de Kirchner, lanzó su postulación a la primera magistratura de su país

Animada por el triunfo de otras mujeres en elecciones presidenciales, la senadora y primera dama de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, lanzó su postulación a la primera magistratura de su país, logrando que varios medios internacionales hicieran

eco de su anuncio, resaltando el mensaje de continuidad

y la oratoria de la senadora.

Si bien evita que la comparen con Evita Perón, muchos analistas coinciden en que la esposa de Néstor Kircher mantiene muchas similitudes con la mítica figura. Ella tiene posibilidades de ganar las elecciones del próximo 28 de octubre porque las encuestas le adjudican una intención de voto de un 48 por ciento, suficiente para triunfar en primera vuelta.

Pero no todos han respondido de manera positiva a este anuncio. En un artículo editorial del diario argentino La Nación, critica el discurso de lanzamiento de Cristina Fernández pronunciado en el Teatro Argentino de La Plata, porque dejó más dudas que certezas acerca del supuesto cambio que tanto se ha pregonado desde los afiches callejeros ideados desde el oficialismo.

Mientras la senadora por la provincia de Buenos Aires hablaba, por ejemplo, de una “democracia sin palos” y de su apuesta por la vida, en adyacencias del lujoso teatro platense, un buen número de militantes kirchneristas que competían, como de costumbre, por ocupar el mejor lugar, se enfrentaba a palazos limpios.

Y al tiempo que la candidata por el Frente para la Victoria se refería a la existencia de una nueva cultura, era acompañada por los mismos barones abanderados del clientelismo que, en su momento, estuvieron con Carlos Menem y Eduardo Duhalde.

La primera dama también afirmó que los argentinos necesitan certezas. No dijo una sola palabra, sin embargo, sobre varias de las cuestiones que más incierto tornan el futuro de la Argentina: la inseguridad y la corrupción. Tampoco hizo referencias concretas a la incertidumbre que implica la falta de estadísticas en un país en serio, como proclama el eslogan que hizo famoso el oficialismo.

Del mismo modo, el país enfrenta un escenario extremadamente delicado, a partir de la ya innegable crisis energética, la inflación reprimida y una desordenada política de subsidios sostenida en un superávit fiscal que sólo existe por la continuidad de instrumentos de política impositiva, como las retenciones y el llamado impuesto al cheque, creados por anteriores gobiernos y de los cuales se ha beneficiado la actual administración nacional, en virtud de un manejo claramente discrecional de buena parte de los recursos.

Otro de los cuestionamientos que se hacen a la primera dama y candidata presidencial es que ofrezca señales efectivas de una nación sin exclusión social, renunciando a la utilización del personal de la Presidencia de la Nación y el helicóptero presidencial, para sus actividades proselitistas, como lo viene haciendo desde el 2005, cuando fue candidata a senadora nacional por la provincia de Buenos Aires. Tampoco debería tener privilegios que no tienen otros ciudadanos, como la adjudicación de dominios en internet reservados exclusivamente a organismos gubernamentales, como lamentablemente ha ocurrido.

La primera dama tiene simpatizantes, no hay duda, pero también debe prever el surgimiento de enemigos políticos que vigilarán, fiscalizarán y supervisarán cada uno de sus pasos. Depende de ella que la imagen de una mujer devuelva la confianza de sus compatriotas en la clase política y que el triunfo electoral en octubre próximo no se convierta en un acto que le provoque amnesia de todos sus ofrecimientos electorales.

Julio Panduro
jpanduro@gmail.com

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