Dalto Comenta: Una aventura anunciada

Apenas al costado de la casa la aventura podía comenzar, porque las ganas siempre estuvieron allí, solo faltaba encender la imaginación y dar el primer paso; aquella noche estaba dibujando en mi tablero, la lámpara siempre a la izquierda para no hacer sombra en el papel, la ilusión de crear historias magníficas, todo el poder en las manos; de pronto un ruido afuera, ya era tarde y la gente dormía, me asomo a la ventana y la belleza del momento, silencio, árboles encendidos por los postes de luz, algunos vehículos estacionados, el asfalto reluciente, la noche despejada, nos sentimos los únicos en ese instante, y quisiera ver algo al frente, o mas bien podría de pronto aparecer un plato volador por los techos de las casas, o es que una lluvia repentina nos traiga ahora la posibilidad de crear ríos por estas calles, inundarlo todo y remecer los sentidos, cambiar la historia en estos segundos; estoy en límite de mi creación, una gran aventura se desborda, las calles en efecto se vienen transformando, la visión en perspectiva de pistas y veredas nos muestran algunos personajes, me asustan algo esas apariciones, pero serán pues parte de la aventura buscada.
Se acercan y la luz me ayuda, lo tomo con calma, me sorprendo de los hechos y acciones, serán seguro buenos amigos, pero es difícil describirlos, son personas comunes y sigo sentado en mi tablero, cada vez más cerca, sus cabezas son mas bien grandes pero alargadas, esbeltas, como en punta, no se define su perfil, quizá midan tres o tres metros y medio, caminan irracionalmente, todavía estoy en mi cuarto aunque ya pasó una hora de los sucedido, las figuras hacen esfuerzo por aparecer, no siento su agresividad, no tienen cola pero sí pies muy agudos, es imposible imaginarlos con diez brazos, dos cabezas o desproporcionados por la exageración, sus movimientos no lo permitirían, mas bien pueden adaptarse a formas y volúmenes más regulares, ellos pueden mimetizarse en cosas u objetos, pero ahora los tengo solo en la garganta en estos dientes apretados y este sabor algo tenso, las imágenes ya no están al frente, se trasladan por encima, al costado, ubicables solo por sonidos y música armoniosa, desdobladas por el tiempo y con sensaciones de otros años, con olores, sabores e imágenes de otra época; estoy conversando con ellos en estos momentos, frente a frente y me veo en perspectiva, igual los observo y sus piernas largas se deslizan por el asfalto, ellos salen cuando todos duermen, me comunican que están con los niños en algunas circunstancias y en lugares desconocidos donde no se les pueda encontrar, como los cerros, las montañas y los desiertos donde no llega el hombre, allí en noches de luna brincan y celebran su existencia, aquellos lugares y paisajes que muy tarde dejamos al viajar, esos lugares en lo alto e inaccesible de los andes, o la inmensa selva a la que jamás entraremos y que las dejamos con nostalgia girando la cabeza, es posible que habiten allí.
Ya son las 4.30 de la mañana y el amigo de siempre me toca la ventana para correr por el parque, esta vez vino con un invitado, otro deseoso de ejercitar la humanidad, la rutina de siempre, el frio de la madrugada, comenzamos lentamente la carrera, dándonos ánimo, es muy temprano, todavía hay luces, pocos vehículos nos facilitan el trote, queremos ganarles a todos, guardamos energía por que subiremos una cuesta, uno se me adelanta y acelera el paso, el otro está mas bien rezagado y yo voy al medio, ya van veinte minutos de footing y los tres seguimos por el asfalto, me canso algo y me alcanzan, ya voy último, el amigo de siempre se despuntó, y oh! siento un escalofrío, cuando el otro agiliza su carrera y sus piernas larguísimas y su color plateado danzan por la carretera y su cabeza cónica y puntiaguda voltea para mirarme…!!!
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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