DALTO COMENTA: Tormentas y agresiones a la naturaleza

Por estos días el mundo se convulsiona debido a los diferentes fenómenos atmosféricos que se producen en cualquier momento y en cualquier lugar, si es que en Estados Unidos aparecen de pronto las tormentas y las violentas nevadas, además de las bajas temperaturas, aquí en Sudamérica, pese a estar en verano, las lluvias torrenciales y los huaicos (desmoronamientos de barro y piedras) arremeten contra pueblos y gentes indefensas; y aunque sabemos que va a ocurrir y creemos tomar todas las precauciones del caso, siempre existirán los desbordes no controlados de los ríos, las avalanchas de lodo y piedra en las montañas y ciudades o los inesperados volúmenes de nieve acumulados en pistas, veredas o jardines, con víctimas y destrucción al paso de los días.
La naturaleza es más fuerte a veces que las voluntades, y el rio cargado por varios días de lluvia, aumenta su caudal de manera impresionante, se vuelve turbio y salvaje, arrasa todo, es un torbellino que avanza con afán destructor, nadie lo puede detener, es que son infinitos centímetros cúbicos de agua, con anchos y profundidades que multiplicados por su longitud generan una fuerza descomunal, que puede sin mayor esfuerzo levantar un árbol de raíz o minar los cimientos de una casa, quitándole el sustento necesario, doblegándola pacientemente, partiéndola poco a poco y finalmente desapareciéndola de la faz de la tierra; y en las ciudades la cosa es de terror, pues las calles se vuelven cuencas o ríos de cemento, los peatones se ven de pronto atrapados como en islas remotas, las aguas que corren velozmente por avenidas, mientras más estrechas mayor violencia en su arremetida, y el caudal que va llegando a las rodillas, a la cintura y amenaza con llevarse todo, alcantarillados que colapsan, puentes que se mueven, vehículos arrasados y el miedo que nos acerca al infierno.
Si es que aquello pasa aquí al sur por estos meses, en que el calor se acentúa por la estación y es cotidiano ver las lluvias, por televisión vemos que en Europa y Norteamérica el frío congela a los humanos; solo podemos sospechar que existe un miedo y temor similar, con ciudadanos escondidos en su casa, con hielos que bloquean sus accesos, con avenidas colapsadas e intransitables, con muchos pies de altura de nieve en las paredes y pensando y reflexionando, cómo el pequeño giro del globo terráqueo sobre su eje en los polos, puede causar tantos cambios y angustias en nuestro territorio, acentuado por el permanente accionar del hombre sobre la naturaleza, depredándola, saturándola, gastándola y agrediéndola día a día; y como todavía nuestra vieja naturaleza, compuesta por campos, llanuras, montañas, ríos, quebradas y atmósferas, se resiste a morir y respondiendo a cualquier intento por derribarla, se sacude, protesta y solo manda señales, acomodando los espacios y regiones del mundo, con certera puntualidad y necesaria intervención, aunque nos cueste muertos y heridos.
Solidaridad a todos quienes sufren los embates de la naturaleza y el golpe de Dios, cobijo y mantas para quienes sufren frío y desesperanza, mejores refuerzos en cuartos y viviendas para evitar su caída, máquinas y herramientas para salvarnos de la nieve excesiva, mayor criterio para no edificar en zonas críticas al borde de ríos o debajo de montañas, mejor disposición y sentido común en los desplazamientos de grupos o individuos, mayor participación del conjunto de la sociedad y apoyo entre unos y otros; pero principalmente conciencias limpias durante el día y hasta el fin del mundo, botas hasta las rodillas, gruesos ropajes y oportunas decisiones, los seres queridos a salvo, trabajo honrado, esfuerzo al máximo, manos dispuestas, y la repentina ilusión y entendimiento de pisar firme en tierra fértil, respirar fuerte y profundo al frente de nuestra casa y la sonrisa abierta por saber que estamos vivos ante tanta belleza.
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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