DALTO COMENTA: Lo que el viento se llevó

DALTO COMENTA

A propósito de la entrega del Oscar en los días pasados, en los que se difundieron films ganadores de esa estatuilla, pudimos apreciar nuevamente la antiquísima película “Lo que el Viento se Llevó”, con Clark Gable, Vivian Leigh y Leslie Howard, nos llamó la atención la impecable calidad de imagen y sonido, y nos sorprendió gratamente su proyección; es que el clásico del cine americano narra historias de amor, odio e intrigas en los días de la Guerra Civil en la segunda mitad del siglo XIX y posee todos los ingredientes para ubicarse como “la mejor película de todos los tiempos”.
Me acuerdo, cuando niño, haberla visto en el viejo Cine Ollanta, ubicado en una de las calles más remotas de la ciudad, en una sala para 500 personas, con butacas de madera, previo trailler, y música clásica en el compás de espera; pero la película era muy larga, casi 4 cuatro horas, y de esos años solo recuerdo apretones al ingresar, buscar el sitio a oscuras, algo de miedo y algunas golosinas; pero si retengo en la memoria, como flashes repentinos, el personaje de bigote impecable (Gable), la movilización de grupos y escuadrones de guerra, el incendio de una casa gigante, escapes en carreta, llantos, miles de personas heridas y trajes fastuosos y coloridos; el nombre de la película “Lo que el Viento se Llevó”, resonaba esos días, allá por los años setentas, como algo mágico y legendario, el nombre nos llevaba a rincones profundos de la imaginación, nos parecía, en efecto, que la memoria era arrastrada de verdad por el viento que se llevaba a su paso, libros, recuerdos y personajes, y arrasaba todo a su paso, como hojas llevadas por los aires en un mes de Otoño.
Después, con el paso del tiempo, cuando el viento se llevó finalmente nuestros años, ilusiones y recuerdos, vimos que la gran cinta no estaba tan lejos de nuestra primera visión; pues en efecto se retrataba lo descarnado de la guerra civil entre el norte y el sur de Norteamérica, la famosa guerra de Secesión, los esfuerzos y afanes por mantener la Unión y los propósitos afiebrados por dividir al gran país del norte, que aun luchaba por definirse y consolidarse; y en medio de todo la belleza y fortaleza de Scarlett, la heroína de la historia, con la presencia, arrebato y mirada que bastaba para llenar la pantalla, con amores no correspondidos, buscados y esperados, con angustias en medio de los cañones y con personajes cabales, ciertos y sensatos, como el oficial que buscando llevarse preso a Howard, quien liquida a los asaltantes de la diligencia, y haciéndose pasar por ebrio y salvado por el discurso del capitán Gable, respetable miembro de la sociedad, acepta finalmente los argumentos de este último, a pesar de las sospechas y evidencias, y resalta la palabra empeñada como una de los más altos valores, en medio de la fiereza de la guerra implacable.
La perspectiva de una cámara que se aleja y muestra poco a poco la dimensión de la guerra, con miles de heridos desparramados por los campos y un doctor tratando de curar heridas, con la heroína nuevamente desconcertada por tanta desgracia y participando de la historia más grande de ese país, con los negros como actores fundamentales, y la nana negra llevándose el protagonismo, con muertes inesperadas, amores recién comprendidos y desilusiones súbitas, con una nación por explosionar y deslumbrar en el resto del planeta; con epílogos después del final, y manos empuñadas remplazando al final feliz, de besos y felicidades, con sentimientos y valores extremos, con la tierra como protagonista y la heroína, que se vuelve real, repitiendo y anunciando que no pasará más hambre, de aquí y hacia adelante…
Daniel Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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