DALTO COMENTA: Días de reencuentro

Como dice el dicho, “no hay plazo que no se cumpla”, aquí, allá y en cualquier lugar real o imaginario; esperas, dudas y ansias que se dilatan y que incluso se confunden a través de los años; pero que finalmente se dan como por arte de magia, o como si todo hubiese estado planificado y los hechos se sucedan uno tras otro según lo establecido y siguiendo un orden en el tiempo y en el espacio. Y es el hecho que hace unos días nos reencontramos con el hermano que no veíamos hace mucho tiempo; habían acontecido desde entonces decenas de cosas, habíamos emprendido muchos proyectos singulares, comenzado carreras y acelerado nuestros sentimientos; también salimos al encuentro de lo inesperado, aquello que viene cuando se transita hacia la juventud y un poco antes, la complicidad en las miles de aventuras que se fueron perdiendo segundo a segundo cuando nos alejamos; vivimos desde entonces afrontando la vida con ausencias y con historias con libretos cambiados y llevando siempre en la espalda el peso de no haber compartido la efervescencia de la vida en tiempos fundamentales. Pero la vida nos da sorpresas, y con los años se entiende por qué pasan algunas cosas; quizá se fortalecieron más nuestros vínculos o de repente maduramos mas rápidamente; pero recuerdo muy particularmente cuando se tomaron algunas decisiones y había que desmarcarse rápidamente, a pesar que el mundo de los dibujos, las historietas y adrenalina de dar forma y acabar una publicación, llámese periódico o cosa parecida, nos subyugaba; ese era otro mundo, como un refugio o vía libre para escapar de nuestros temores o encontrar nuestro propio espacio, liberándonos una vez más de la dureza del mundo exterior, o mas bien de cómo pasar el tiempo; y veíamos coronadas nuestras expectativas cuando los personajes y los textos tomaban forma y nos creíamos los reyes del mundo apenas en el rincón de nuestras habitaciones. Después las expectativas y prioridades fueron otras y se fueron cambiando también algunos sueños y proyectos; cada quien anduvo en lo suyo, por aquí experimentando con la racionalidad y formalidad del espacio, extrañando siempre esos comics y personajes muy personales, torpes, simples y muy entrañables, y todo aquello que quedó en el tintero; allá seguro peleándose con otra realidad, luchándola y abriéndose un lugar en otras áreas, sin embargo no fue obstáculo ese paréntesis para percibir que la tinta y la imaginación no se había acabado; y años después o más bien los años recientes, la tecnología nos fue acercando de otra manera; se fueron consolidando algunos proyectos, la comunicación fue más fluida, el lenguaje más preciso, y nos dimos cuenta que aunque la distancia nos separó, el ansia y la fascinación por las publicaciones, los personajes con tirantes o el “Echa Muni”, seguía intacto. Cuando lo vi entrar de nuevo al barrio y caminando hacia la familia, me pareció que nunca se había ido, y los hermanos que se abrazan y se salen por los ojos innegables afectos, cuestiones de honor y miles de recuerdos; la nostalgia por lo que no se pudo hacer, el pesar por no haber puesto el hombro cuando se necesitaba o la tristeza de no haber visto juntos algún triunfo; pero más fuertes que nunca nos enfrentamos a este reencuentro, muchas historias por contar, muchas ganas de renovar proyectos y nuevas expectativas por desarrollar; ya con canas, otro brillo en los ojos, con ritmos distintos, menos exagerados y más prudentes, así fue como nos vimos, como por un túnel del tiempo, jugando como niños otra vez, con el polvo en la cara, el juego en las esquinas, los pantalones trizas, corriendo sin límite, el miedo de la noche y el llamado de mamá…
Daniel Alatrista Torreblanca
dalto1961@yahoo.es

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