CUENTO: Y se rompió el silencio

CUENTO BREVE

Boston, Massachusetts, 15 de Enero del 2011
Miguel Quijana
The Hispanic Herald
Providence, Rhode Island
Estimado Miguel:
Según tu último correo veo que te estás recuperando muy favorablemente del terrible accidente automovilístico. Cuando te visité en el hospital parecías una momia llena de tubos y mangueras. En la foto que me enviaste te veo ya sentado y comiendo, qué bueno amigo mío. Y como regalo de recuperación te digo que al fin he aceptado el contínuo reto que me hacías para acompañarte a Washington y cubrir la marcha anual por la Vida. Tú ya sabes que soy un escéptico a todo lo que me has contado acerca de las marchas pasadas, más bien pienso que son fanaticadas de gente anacrónica y fundamentalista que alucina monstruos inexistentes. Pero al verte tirado en esa cama, y, sabiendo que no podrás ir a cubrir el evento al que nunca faltas, es que me decidí a ir por ti. Creo que exageras al decir que asisten más de un cuarto de millón de personas. Como reportero del Globe no he visto un solo artículo de la marcha y si bien comencé a trabajar en el diario hace solo tres años he revisado los archivos por los últimos 38 años que dura la marcha y siempre encuentro lo mismo: “Ningún artículo ha sido encontrado según su pedido”. Y no me limité al Globe, sino que revisé los archivos de todos los grandes diarios del país con los mismos resultados. No puede ser que toda la prensa guarde silencio acerca de la multitud a la que tú refieres en tu periódico. Quiero ser imparcial, voy por mi cuenta, pedí una semana de vacaciones, solo tú sabes que voy a Washington, mantén la reserva te tendré informado. Pronta recuperación.
Tu amigo de siempre.
Francisco Ranza

23 de Enero del 2011
Estimado Miguel Quijana:
Acepté al fin tu sugerencia de unirme a la caravana de buses que salían de Boston hacia la Marcha, no solo por los precios más reducidos del transporte y hotel, sino para ir preparando el artículo sobre los marchistas. Pensaba encontrar solo personas muy adultas y para mi sorpresa la mayoría eran jovencitas y jovencitos con todo el entusiasmo, fuerza y picardía de su edad. Durante el trayecto (9 horas y media) todos compartían alimentos, libros y aparatos electrónicos; había una gran camaradería. Pusieron unos videos en los televisores del ómnibus y eran acerca de la marcha anterior del 2010. Asombrado vi una multitud de buses que llegaban a Washington DC de todos los rincones del país, llenos de estudiantes secundarios y universidades. Todos coincidían en llamar al aborto como crimen de lesa humanidad. Al principio me sentía como un infiltrado saboteador. Al ver los videos y la juventud, nada anacrónica, que me rodeaba comencé a arder en impaciencia por llegar a la capital y verificar si este año era igual. Al regístrarnos en el hotel me cambié y estuve listo, me habían invitado a una misa esa noche en la catedral de Washington. Cuando el bus se dirigió a la Basílica se notaba un gran congestionamiento de buses. La inmensa estructura estaba llena tanto en su nivel alto como en el bajo. En este último me llamó profundamente la atención los cientos de bolsas de dormir enrolladas y a lo largo de las paredes. Preguntando averigüé que en todo espacio disponible de la edificación pernoctarían cientos de jóvenes que no pudieron conseguir hotel. Las colosales dimensiones de la Basílica competían con la multitud reunida, todos los asientos estaban llenos, así como todo espacio donde alguien podía mantenerse en pie y seguir el desarrollo de la misa. En ella se pedía por el fin de cuatro décadas de abortos.
Alfred, un joven del bus que se había convertido en una especie de guía, me dijo que las casi diez mil personas que abarrotaban el lugar eran solo una pequeña muestra de la marcha del día siguiente. También me dijo que los buses seguirían llegando toda la noche, la madrugada y el día siguiente hasta el momento mismo de iniciar la marcha, algunos viajaban durante dos días.
Por ahora me despido, te escribo mañana, saludos.
Francisco Ranza

Enero 24 del 2011
Estimado Miguel Quijana:
Este lunes por la mañana hubo una conferencia en el hotel. Un dirigente narró las condiciones infrahumanas con que las clínicas de aborto funcionaban. Explicó que operan usando instalaciones insalubres y sin otro objetivo que lucrar con la muerte de los más indefensos seres que existen en el planeta, los bebes en el vientre materno. Añadió que se hacía con la desconcertante venia de quien más debería velar por ellos: los padres y el gobierno. Se resaltó que existen campañas lacrimógenas para salvar perros, gatos y animales en vías de extinción, pero esa misma gente contempla sin remordimientos la muerte de 50 millones de seres humanos desde 1973. Todos los gobiernos desde ese entonces condenan con todo el peso de la ley al que mata un niño nacido y al mismo tiempo, hipócritamente, legislan y financian la muerte de millones a los que solo le faltaban unos meses más para poder ver la luz del sol. Y lo más vergonzoso, la sociedad misma acepta tácitamente el genocidio con su silencio.
Fueron palabras fuertes que me hicieron meditar mientras nos dirigíamos al “Mall”, la inmensa explanada que conecta el Capitolio con el monumento a Washington. Por todos lados había letreros que decían que el tráfico estaba cerrado desde las 8 de la mañana hasta las 6 de la tarde. Con mis credenciales de periodista subí al estrado de la prensa y pude contemplar al promediar mediodía, pese al frío de 10 grados F., que el Mall estaba ocupado por unos 300,000 manifestantes que escuchaban a los oradores políticos y de diversas religiones que levantaban su voz de protesta a solo unos metros del Capitolio. La capital estaba paralizada, por todas las calles aledañas la policía había puesto barricadas ¡El centro neurálgico del turismo en el DC estaba tomado por los marchistas! Alfred me dijo que esto era todos los años, pero que nunca se ponía una palabra en los medios de comunicación de la nación. Solo aparecía en los medios religiosos que no podían cubrir lo mismo que el monopolio informativo privado. La marcha comenzó y me quede fascinado al observar por lo menos tres cuartas partes eran jóvenes de ambos sexos. La muchedumbre desfiló copando toda la extensión de la Avenida Constitución a lo largo y ancho flanqueada por unos cuantos policías que se perdían entre la multitud. A las cinco de la tarde llegamos a la Corte Suprema que también estaba custodiada por policías. No dejaba de disparar el obturador de mi cámara, un ambiente surrealista rodeaba a la marcha, mientras los oficinistas de los edificios contiguos a la Corte saludaban a los manifestantes. De allí nos dirigimos a la Estación Central que estaba colmada por los marchistas y sus buses. Tomamos nuestro transporte y llegamos a Boston a las 2 de la madrugada. Te cuento más en la próxima, por ahora tengo muchas emociones encontradas.
Saludos.
Francisco Ranza.

Febrero 24 del 2011
Estimado Miguel Quijana
Hola amigo:
Me enteré que ya estás muy recuperado y caminando, qué bueno amigo. Ya pasó un mes y ningún medio se pronunció acerca de la marcha. Estoy a punto de ser noticia, no de escribirla, sino de ser parte de ella. Hace un año hice un reportaje acerca del general Dwight Eisenhower y la parte que más me llamó la atención mientras hacía la nota fue cuando el general observó los campos de exterminio creados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y dijo: “Graben todo esto ahora –tomen las cámaras y consigan los testigos– porque en alguna parte en el recorrido de la historia algún bastardo saldrá a escena y negara que esto sucedió”.
Recordé esta cita pues encaja perfectamente en lo que está pasando con los medios que están del lado pro aborto y saben que si esto se difunde la nación tomará conciencia del crimen que se está cometiendo, están usando la práctica desinformativa y parcializada de una dictadura típica, ¡increíble!
Visité varias clínicas abortistas y comprobé lo que había visto en la página web: abortionNO.org que me había entregado un manifestante que en fotos ampliadas mostraba fetos mutilados incluso de más de 6 meses. En eso llegó también la noticia del encarcelamiento del “médico” abortista de Philadelfia, Kermit Gosnell, que realizaba abortos ilegales de hasta 8 meses en barbáricas condiciones y asesinaba a los bebes que nacían vivos cortándoles la médula espinal con tijeras, además de causar la muerte de por lo menos una madre y poner en peligro la vida de todas sus pacientes. Fui averiguando más y más acerca de estos horrores. Este “doctor” como cada uno de los demás que practican el aborto tiene ganancias millonarias al año y practican en las mismas condiciones insalubres. Y los fiscales que lo investigan dicen que hay suficientes argumentos para decir que Gosnell asesinó cientos de bebes que nacieron vivos durante 30 años. Pero dicen también que se lo juzga por que mató a bebes que nacieron respirando, ¡dejando entrever que si los hubiera matado en el vientre materno sería menos condenable! ¡Con qué cara criticamos la violación de derechos humanos en otros países! Fue cuando llegué al límite y me decidí. Los correctores de prueba y circulación están de vacaciones, ya convencí a O’Conell y a Rodríguez que los remplazan, filtramos la noticia de la marcha y la verdad acerca del aborto. Se darán cuenta cuando el periódico ya esté en la calle. Por supuesto, lo menos que nos pasará será que nos despidan y vayamos presos. Pero creo ahora firmemente que vale la pena hacer esto. Las pruebas que le mostré a mis dos colegas fueron tan contundentes que se decidieron de inmediato; eso espero que pase con el público al ver la nota y las fotos. Son las cinco de la mañana, lee el Globe que ya debe estar llegando a Providence.
Gracias por abrirme los ojos a una realidad tan grande y terrible. Al menos ya se difundió.
Un abrazo.
Francisco Ranza.
Pablo Perleche
pablodperleche@aol.com

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