CUENTO: Un sollozo inaudible

CUENTO

Ya había amanecido pero el cielo estaba muy nublado y oscuro, la lluvia arreciaba, los faroles de la ciudad iluminaban las cortinas de agua que ondulaban con el viento. Roberto ya no sentía el frío ni la humedad. La mirada fija, el sobretodo empapado, un sombrero chorreando agua, las piernas retenidas en el momento de empezar a cruzar la calle. Se secó un poco la cara, pudo entonces pensar y pensó en un día soleado, en kamikazes y en un sollozo inaudible.

El cielo estaba azul, el sol calentaba, la gran ciudad resplandecía. Roberto se dirigía a la facultad, dentro de unas semanas sustentaría su doctorado en Derecho. Estaba contento, qué más podía pedir: una carrera a punto de coronarse, su trabajo en una gran firma de abogados y el aprecio incondicional de su familia y amigos. Además de una hermosa mujer que lo acompañaba y que también cursaba Derecho.
Al entrar vio a Gloria y su infaltable tablet, estaba arrellanada en un sillón del lobby y parecía formar parte del decorado. La observó un momento sin que ella se diera cuenta: su larga cabellera, el cuerpo escultural y esos ojos oscuros que lo hipnotizaban desde el primer día. La saluda como siempre, con ese beso incondicional.
–Hola amor.
–Roberto tenemos que hablar–lo toma de la mano y van a un sofá solitario– por estos estudios agotadores y excluyentes no me había dado cuenta, tengo casi dos meses de embarazo, ya averigüé todo, mira la página, es rápido, seguro y no costoso, esta es la agencia más cercana.
– ¿Agencia? ¿De qué hablas?
–Agencia de abortos, en unos meses saldrá mi nombramiento en el bufete y no puedo darme el lujo de perderlo. Acarició los cabellos de un Roberto un poco intranquilo, lo besó, lo hipnotizó.
–Si tienes razón, es lo mejor.
–Si ya tengo la cita, es en una semana.
–Es lo mejor.

Caminaba por los pasillos de la facultad cuando vio a la única abogado de la facultad que se encargaba de luchar por las causas perdidas.
–Hola Roberto te veo preocupado.
–Hola Susan, de verdad que eres observadora, Gloria ha quedado embarazada y hemos decidido que aborte.
–Por eso has venido a verme, porque soy la abogada de los marginados, entre los que están los no nacidos.
–No, me crucé contigo, eso es todo, la verdad.
–Engáñate a ti mismo, inconsientemente me buscabas, en esta profesión uno se vuelve sicólogo, detective, adivino, de todo un poco y si quieres que te de una justificación, no te la daré, no te la dará nadie con principios.
–No estoy buscando una justificación, vamos a hacer algo normal en estos casos.
– ¿Normal? ¡Vas a realizar un asesinato!
–Exageras no lo es legalmente, no es un ser humano, el Congreso y la Corte Suprema lo han decretado así.
–Se equivocan, todos cometemos errores, sabías que 620,000 soldados perdieron la vida hace 150 años durante la Guerra Civil, murieron en el afán de demostrar si los afroamericanos eran seres humanos o no lo eran… ¡el Congreso había decretado que no lo eran! Si pusiéramos las bajas en porcentaje actual de población hablaríamos de 6 millones de soldados muertos en una guerra fratricida.
–Para las Cortes los no nacidos no son humanos, si lo que dices tuviera algún asidero legal entonces tendríamos que hablar de millones de casos de homicidio.
–Es por eso que los partidarios del aborto se enfocan en el derecho de la mujer sobre su cuerpo, pero el feto no es parte del cuerpo de la mujer, depende de ella, sí, pero es otro individuo con un ADN diferente al de ella, un ser humano con derechos legales que las autoridades no quieren reconocer.
–Es más presunción que realidad.
–Es real y alguien tiene que hablar por ellos, son los seres humanos más indefensos y contra los que se desata el más cruel holocausto, y nosotros somos los mas sanguinarios ¡el país guardián de la libertad!
–Lo has tomado a pecho no es para tanto.
–Son un millón y medio de abortos al año solo en este país y han polarizado a la opinión pública. Los manifestantes por la vida se movilizan por todo el país en marchas multitudinarias que no son cubiertas por los medios, como la Marcha por la Vida que paraliza por completo Washington DC todos los 22 de Enero, lo puedes comprobar en Youtube. Busca también en este medio bajo el título “Imágenes de abortos de bebes”, lo primero que verás será el ultrasonido de un aborto y de allí para abajo necesitaras agallas para seguir viendo.
–Esto es surrealista, estas exagerando Susan.
–No exagero y si es que no se ha llegado a la guerra civil es porque no hay conciencia colectiva. La casi totalidad de los medios no difunden la realidad. No se muestra los cientos de tachos de basura llenos de bebes asesinados a lo largo de la nación en un solo día: cabezas, brazos, piernas, manos trituradas flotando en sangre. Si se pasaran diariamente por CBS, NBC o FOX, las imágenes que te mencioné, donde fetos de diversas edades hasta de 6 ó mas meses de gestación se alejan desesperadamente de las sierras eléctricas que los despedazan vivos… la respuesta sería diferente… los medios nos saturan con espectáculo político, de farándula y deportivo que no queda espacio para ver la atroz realidad.
–Tienes un caso bien argumentado.
–Y te digo algo más, se gastan millones de dólares en animales maltratados o en el estudio de la comunicación de delfines y ballenas a través de las ondas sonoras que surcan las aguas marinas. Pero ningún centavo en escuchar el sollozo inaudible de los fetos en el líquido amniótico al verse acorralados por sierras y cuchillos. Si no fuera por unos cuantos kamikazes, se diría que nadie ha logrado nada en esta larga guerra fría del aborto que ya dura más de cuarenta años.
– ¿Kamikazes?
–Si como esos pilotos japoneses de la II Guerra Mundial que sabían que tenían la guerra perdida y dirigían su avión a estrellarse contra el portaviones más cercano en un desesperado intento de hacer el mayor daño posible al enemigo.
– ¿De qué hablas?
–Ha habido ya varios doctores de la muerte, como se llama a los médicos que practican el aborto, que ya han sido asesinados a su vez por antiabortistas alterados mentalmente al ver que el sistema legal no hacía nada y pensaban que su causa está irremediablemente perdida. Este acto es totalmente condenable, pero mira el otro lado del espectro ¿Cuántas vidas se salvaron al ser muerto el matador?
–Me has asqueado.
–Más asco te daría si vieras una agencia abortiva por dentro. Mañana incursionaremos encubiertos a una de ellas, si quieres ven con nosotros lo veras con tus propios ojos. Están en el internet, chequea con el nombre de Planned Parenthood que tienen el descaro de decir que llevan 40 millones de abortos y siguen contando. Su política es defender el derecho de las mujeres, cuando en realidad abusan y lucran con ellas a través de las millonarias ganancias que esta industria genera.

Esa noche Roberto revisó todo el material que le había mencionado Susan, tuvo ganas de vomitar y un sentimiento nuevo y ardiente lo envolvió se podría decir de la noche a la mañana. Al día siguiente, junto a otro joven incursionaron en la agencia abortiva. Utilizaron el disfraz de repartidores de material médico. Pudieron ver las salas y cuartos donde se practican los abortos. Estos no contaban con las mínimas condiciones de sanidad e incluso se veían rastros de sangre en los pisos. Además observó el mobiliario en condiciones deplorables y por una ventana pudo ver el barril que le dijo Susan donde descartan a los fetos, no pudo acercarse porque el cuarto estaba cerrado y la seguridad era fuerte. A diferencia de una clínica normal donde solo los pacientes lucen sombríos, en la agencia de abortos todo el personal tenía un rostro culpable mal disimulado.

Roberto se dirigió al apartamento que compartía con Gloria, no la encontró… “menos mal que hay tiempo” pensó “aún faltan tres días”… en eso reparó en una nota pegada en el refrigerador: me llamaron de la agencia, tenían un espacio vacío para hoy, lo tomé es a las dos. Roberto miró su reloj, eran la una y diez, tomó un taxi y estimuló su velocidad con unos billetes, llegó a un cuarto para las dos. Se identificó como novio de Gloria y que quería estar su lado, corrió por un largo pasillo y al llegar al lugar indicado vio salir al doctor que vestía jean y se colocaba un sombrero cowboy. “Ah, usted el novio de Gloria… todo salió bien, ella me contó que ya terminan sus doctorados en leyes, los felicito… ya no tendrán ningún obstáculo”.

Terminaron al poco tiempo, tras mucha discusión en la que Gloria no entendía el cambio de Roberto y su alejamiento de todo. Sicológicamente estaba desecho, él había dado con su firma el visto bueno para lo que ahora consideraba el crimen más nefasto de la humanidad. Había firmado, aunque no era necesario legalmente, solo en el caso de que hubieran estado casados.

Lo que lo reinsertó al mundo fue la nueva causa a la que se unió y desde la cual usaría toda su experiencia en leyes. Se dedicó de lleno al juicio que había reabierto Susan en defensa de los no nacidos. Se apeló en muchas instancias, hasta llegar a la Corte Suprema donde lideró el panel de abogados que peleó por los que no pueden defenderse así mismos. Fue tildado de todo en los medios desde retardado mental hasta fundamentalista anticuado. Roberto observó cómo el médico que había realizado el aborto de Gloria subía al panel como experto de los partidarios del aborto, no vestía su indumentaria de cowboy, sino un fino traje de paño y una presencia pulcra y decidida.
El médico con ademanes de ser una eminencia y con una terminología retórica conjuraba arteramente la medicina y las leyes, clavándoles la estocada final a los argumentos de los defensores de la vida. Los términos fisiológicos, biológicos, morales y éticos que esgrimieron Roberto y sus colegas y que definen al embrión humano como tal, rebotaron contra la coraza ideológica y partidaria de los jueces de la Corte Suprema que encontraron los recursos legales para definir como no humano al ser que habitaba en los vientres de las mujeres.

Roberto lo vio llegar manejando su auto que cortaba las cortinas de lluvia, lo vio salir vistiendo su jean y su sombrero de cowboy, lo vio dirigirse corriendo hacia la escalera de la agencia, sorteando los charcos de agua en el asfalto. Entonces destensó las piernas y cruzó la calle, en el bolsillo del sobretodo apretó el revólver y comprobó que estuviera sin seguro, empezó a correr hacia la agencia, tuvo tiempo de pensar y pensó en un día soleado, en kamikazes y en un sollozo inaudible.
Pablo D. Perleche
pablodperleche@aol.com

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