CUENTO: Ojalá fuera ficción

Los dos hombres caminan las últimas cuadras de la Avenida Brasil, que termina en el acantilado de la Costa Verde, doscientos metros abajo el Océano Pacífico golpea su base. La neblina limeña se desplaza al ras del piso y apenas si se distinguen las casas al otro lado de la calle.

–Te lo dije, si tú me la negabas el loco Fito me iba a dar la receta.
–Lo que vas a hacer es ilegal e inmoral, es un crimen, Fernando.
– ¿Según quién Daniel? Ni Julisa ni yo queremos alterar por ahora nuestras vidas.
– ¿Estás realmente hablando en serio?
–Sí, no planeamos tener hijos.
– ¡Ya ves lo admites, vas a eliminar a un ser humano!
– ¿Quién lo dice?
–El sentido común, es un crimen.
–Son solo células, un tejido indiferenciado.
–Usa la lógica: Todos nosotros fuimos concebidos y ahora estamos vivos y lo estuvimos desde la concepción. Si no hubiéramos sido un ser humano en la concepción, no lo seriamos ahora tampoco.
–Sin embargo el aborto es aceptado en los países industrializados, solo en el tercer mundo somos los que estamos en contra de él, cuando más lo necesitamos con nuestra superpoblación.
–Sus gobiernos lo hacen por temor a perder las elecciones, el poder y se amparan en la libre elección de la mujer. Estos gobiernos que dejan caer todo el peso de la ley contra el que hiere o mata a un niño, hipócritamente financian el crimen de millones de niños que están por nacer y lo hacen en “clínicas” para este execrable fin.
–Pero lo hacen de una manera segura para la madre.
–Es un mito, el aborto “seguro” no existe. El aborto sea clandestino o “legal” crea muchas y severas lesiones físicas y sicológicas de por vida en las mujeres que lo practican.
–Pero, si lo hacen médicos.
–El aborto va contra un proceso fisiológico. El embrión humano, llamado así en libros de embriología de todas las universidades, se arraiga al útero materno por sendos vasos sanguíneos. A los diez días de la concepción ya se nota la formación del cerebro y la médula espinal. Entre la cuarta y la quinta semana ya están diferenciados el cerebro, la médula espinal el corazón, el hígado, los ojos, las fosas auditivas y nasales además de los esbozos de las piernas y brazos.
–Pero todavía no siente y no puede vivir por si solo.
–Fernando el cerebro y la médula espinal son tejidos nerviosos, ¡el embrión siente!, necesita de la madre, pero ya es un ser humano diferente a sus padres como algún día lo fuimos todos.
–Yo creo que es cuando está por nacer que se lo debe considerar humano.
–Lo es durante toda la gestación, el niño en formación quiere alejarse de los “médicos” que lo cortan en pedazos, sacándole primero una pierna, después un brazo, estando aun vivos y luego el resto del cuerpo para terminar aplastando la cabeza con una tenaza. Al final ponen los restos en cilindros como si fueran basura. Mira el link abortionNot.org
–Lo que me cuentas parece ficción.
–Ojalá fuera ficción. Estoy orgulloso de practicar la medicina en mi país, ojalá y no prospere la legalización del aborto aquí. La función de un médico es la de aliviar el sufrimiento físico y emocional, no el de causarlo, y mucho menos el de suprimir la vida. En Estados Unidos se gastan millones de dólares en salvar unas cuantas águilas, focas, perros o gatos con lacrimógenos comerciales televisivos y paralelamente asesinan legalmente un millón y medio de bebes cada año apoyados por su gobierno. Su actual presidente es el más grande auspiciador. Él dijo, “Si mis hijas cometen un error no las voy a castigar con un bebe”. Y está apoyado por nueve seres humanos de la Corte Suprema, capaces de equivocarse y que están pasando las leyes más destructivas de la historia contra la vida y la familia, liderando lo que hoy se llama Cultura de la Muerte. Recientemente el presidente se ha comparado con un humilde joven afroamericano muerto por un guardia en Florida. El fue humilde de joven, menos mal que su abuelo castigó a su madre con un bebe ¡Imagínate llegó a ser presidente de la nación mas poderosa del mundo!
Fernando se queda pensativo, llegan a un parque desierto.


–Toma esta receta, la jornada de tu hijo aún sigue, son vitaminas para tu esposa, para que el niño nazca saludable-. Daniel se despide y se aleja perdiéndose en la niebla del malecón.
Fernando se dirige a una farmacia y entrega la receta de Fito, “estará en media hora, ¿va esperar?
–Regreso– Luego se sienta en una banca del parque y al rato llega un grupo de niños que improvisan con piedras dos arcos y se ponen a jugar fulbito.
La pelota rueda donde Fernando que la entrega al niño que venía por ella. Al verle la cara palidece, ha reconocido en el menor, su cara, cuando él fue niño. Al recobrarse se acerca al grupo. Por más que busca no puede encontrar en ellos los rasgos del niño que ha visto.

Angustiado se dirige a la farmacia. En ese momento comienza a garuar, era una garúa extraña pues las pequeñísimas gotas parecen brillar como si fuesen de luz y no líquidas. Fernando se detiene asombrado pues no hay ni sol, ni alumbrado que reflejen esa luminosidad que lo cubre.
–Ya está su pedido señor.
–Cancélelo por favor, cámbielo por esta otra receta.
La dependienta dice que no puede y ante la insistencia de Fernando llama al dueño. Este examina el fármaco y la nueva receta, luego mira fijamente a los ojos de Fernando, para añadir sonriente: “Haga el cambio Anita y recuerde que el cliente siempre puede reconsiderar los hechos”.
Pablo Perleche
pablodperleche@aol.com

Avatar
Acerca del Autor