Cuento Breve: Viajeros del Tiempo

CUENTO BREVE

Los hechos que desencadenaron esta increíble historia comenzaron en una venta de garaje, cuando revisaba una caja de libros, buscando alguno que fuese interesante. Me iba a retirar cuando me llamó la atención un libro que tenía el título grabado en letras doradas Viajeros del Tiempo por Ronald Mallet. Comencé a leerlo, no pude detenerme hasta casi terminar el primer capítulo.
–Los de tapa dura se los dejo a dos dólares –me interrumpió la voz melodiosa de una señora.
–Lo llevo –dije al momento, como despertando de un sueño. El magnetismo del libro me había absorbido por completo.
Acabé pues el libro y lo repasé varias veces en la semana. Trataba de la historia real de un niño que en 1955 pierde a su padre a los 11 años y que perturbado pierde el interés por la vida. Afortunadamente cae en sus manos una copia del libro La Máquina del Tiempo de H. G. Wells y asombrado ve en esa lectura la posibilidad de regresar en el tiempo y avisar a su padre para que no fume y no muera de un ataque cardíaco a tan temprana edad.
El niño, siguiendo la ilustración de la portada del libro, construye una rudimentaria estructura que remedaba la máquina del tiempo. Usó para ello las herramientas de su padre que era técnico en televisión. Obviamente la “máquina” no funcionó. El muchacho se da cuenta que necesita saber mucho de matemáticas y física para tratar de nuevo. Estos son cursos que no son de su agrado, pero por el empecinamiento de ver a su padre los toma en la Secundaria y luego en la Universidad con tanto empeño que logra ser un destacado físico en el ámbito mundial, como Albert Einstein al que adopta como guía. En esta épica jornada vence tres grandes obstáculos: Su ostracismo, la escasez de recursos económicos y la discriminación racial en los sesentas, pues el ahora famoso Doctor Mallett es afroamericano.
La historia me conmovió, yo también había perdido a mis padres hacía seis años. No había regresado al apartamento de mis padres desde ese aciago año en que fallecieron, incluso evitaba manejar por las cercanías, ya que yo seguí residiendo en la misma ciudad. Justo hacía solo tres meses había tenido una experiencia muy extraña. Por hacer un encargo a un familiar tuve que pasar por la casa que fue de mis padres. Vi un letrero de “Se Alquila”. Inconscientemente paré mi auto y bajé. Ascendí la pendiente del estacionamiento para entrar por la puerta trasera. En el trayecto todos mis sentidos empezaron a trabajar frenéticamente viendo, escuchando, oliendo, tocando. A cada paso que daba recordaba miles de anécdotas con mis padres, con mis hermanos, mi esposa, mis hijos. Era una oleada de emociones que me golpeaban como una mar embravecida. Empujé la puerta del porche, estaba abierta, llegué a la puerta trasera, toqué el timbre, como lo había hecho siempre. Cerré los ojos, olí como el suave aderezo de los guisos de mi madre, me pareció oír la voz de mi padre. Abrí los ojos no había nadie, pero fueron tan reales esos segundos. Regresé al auto con el corazón saliéndoseme del pecho.
Por eso me interesó el libro, donde se relatan a manera de crónica biográfica los trabajos del profesor Mallett, sus logros, vivencias y sus teorías explicadas en términos científicos acerca de la posibilidad de viajar en el tiempo. Desde pequeño me ha fascinado la astronomía y hacía ocho años había llevado un curso de Astrofísica en la Universidad Central, coincidentemente con la profesora Kristine Larsen, una de las alumnas más destacada del profesor Mallett. Decidido a contarle mi experiencia me animé a pedirle una entrevista para mi periódico. El profesor Mallett enseñaba ahora en la Universidad de Connecticut, el Estado donde yo también vivía.
Luego de la entrevista le conté mi experiencia cuando visité el apartamento en que vivieron mis padres. Le dije que sentí algo tan real como si me iban a abrir de improviso e invitarme a cenar. Le planteé disimuladamente una teoría que me había dado vueltas por la cabeza desde ese día: “De que, en un espacio determinado, puede haber vivencias tan fuertes que afectarían el tejido espacio tiempo y en condiciones muy especiales se podrían materializar en ese espacio escenas y personas de un tiempo ido o incluso por venir. La cuestión es que no tenemos la manera de medirlos o detectarlos por medio de instrumentos especializados”.
El profesor me llamó en tres semanas: “Tengo el prototipo de un instrumento, es un giroscopio sumamente sensible, prototipo de mi amigo Francis Everitt. Este aparato ultrasensible puede detectar cualesquiera perturbaciones del espacio y del tiempo circundante e incluso podría encontrar un portal propicio para viajar en el tiempo. Lo voy a probar en mi antiguo departamento en el Bronx, donde todo comenzó. ¿Me acompaña?”.
A los dos días salíamos muy temprano para Nueva York. Llegamos al edificio en la avenida Harrod. Noté cómo el profesor empezaba a sentir los efectos que experimenté al visitar la casa de mis padres, solo que la intensidad de su aflicción se notaba de lejos mucho mayor que la mía. Subimos al piso 11. Llegamos a la puerta de su apartamento, el 11 D, donde hacía poco más de medio siglo había pasado por la traumática experiencia de perder a su padre y que había desencadenado los acontecimientos para que él fuera lo que es ahora. Activamos el giroscopio en el pasillo y junto a la puerta de su antiguo apartamento las agujas empezaron a oscilar, tocamos la puerta ¡Nos abrió el padre del profesor! Lo reconocí de inmediato por las fotos del libro. El profesor casi se desvanece, entre su padre y yo lo acomodamos en un sofá. Todo el mobiliario era de hacía medio siglo, en la sala estaba un televisor a tubos rodeado de herramientas.
Tratando de serenarme dije: “Disculpe, mi amigo perdió a un familiar que vivía en este apartamento hace ya muchos años. El calor y la emoción de los recuerdos lo han sofocado, ¿por favor nos alcanzaría un vaso de agua?”. El señor Mallet fue por el vaso de agua y aproveché para decirle al profesor: “Piense bien lo que va a decir, estamos no sé cómo aquí, lo que usted haga o diga podría modificar el futuro en nuestro tiempo y podría traer consecuencias catastróficas, especialmente para usted ¡podría borrar su identidad en nuestro presente! Hemos probado al menos para nosotros dos, que el tiempo es transitable en un espacio específico, por personas específicas y con una ayuda técnica especial. ¡Cálmese! ¡Disfrute del momento!”. El profesor, científico ante todo, asintió con la cabeza.
La situación era paradójica ¿qué le dirías a tu padre al encontrarlo cincuenta y cinco años después de su muerte? Sin embargo, el profesor hábilmente le preguntó acerca del televisor y a la vez se identificó cómo físico y recomenzaron una charla acerca de tubos, resistencias, medidores y gases que había quedado inconclusa por más de medio siglo. Los dejé hablar todo lo que quisieran, además, ¿qué podía hacer para evitarlo? Solo me mantuve atento a que el profesor no hablara del futuro.
–Mi familia ha salido de compras- dijo el padre del profesor observándolo detenidamente. Sabe -dijo de repente- usted me recuerda a alguien, pero no sé de dónde, es algo extraño que no sé cómo explicarlo.
–Tenemos que irnos –dije presintiendo que el profesor no pudiera resistir más y añadí: “El profesor perdió a su padre aquí mismo hace mucho tiempo y el recuerdo de este departamento lo ha afectado mucho”.
–Y se parecía mucho a usted -dijo el profesor intempestivamente-, si me permite abrazarlo, me haría un gran bien.
El señor Mallett padre se estrechó en un abrazo intemporal con su hijo que le doblaba la edad. No pude evitar que los ojos se me nublaran y un nudo me apretara la garganta. Las agujas del giroscopio se habían vuelto locas y giraban sin control.
–Gracias por su ayuda– dije arrastrando al profesor y salimos.
Bajamos hacia la calle, el profesor se apoyaba en mi hombro, sus suspiros me preocupaban. Salimos ¡y vimos que estábamos en nuestro tiempo! De inmediato regresamos asombrados y presurosos al apartamento de su padre. Tocamos y nos atendió ahora una señora hispana con vestimentas de nuestro tiempo.
–¿En qué los puedo servir?
–El señor vivió acá en su infancia –improvisé otra vez– y querría revivir momentos felices. Si usted fuera tan amable de ayudarnos.
Nos miró desconfiada, pero al ver las lágrimas que rodaban por las mejillas del profesor y que se apoyaba en mi para no caer, dijo: “¡Seguro, pasen, pasen!”.
Entramos, el mobiliario era del presente al que regresábamos, miré el giroscopio, las agujas estaban inmóviles.
Pablo D. Perleche
pablo@identidadlatina.com
Identidad Latina

Identidad Latina
Acerca del Autor

Cruel eliminación del TPS por parte del gobierno de Trump

El presidente que terminó DACA ahora amenaza al “Dream Act” con drásticas medidas

Revocación de DACA: Es tiempo de presionar el Congreso

¿Mantendrá la Casa Blanca como rehenes a los Dreamers?

¿Mantendrá la Casa Blanca como rehenes a los Dreamers?

INMIGRACIÓN: un cubano se salva por ahora de la deportación

Trump respalda reducir a la mitad la inmigración legal en EE.UU

La agenda “transparente” del Presidente Trump

Kris Kobach, anti-inmigrante y todavía con poder en los EEUU

INMIGRACIÓN: Ley de Confianza de Illinois, modelo para política pro inmigrante en EEUU

Clima

noviembre 21, 2017, 2:24 pm
Soleado
Soleado
14°C
sensación térmica: 10°C
presión: 1020 mb
humedad: 40%
viento: 6 m/s SSW
Ráfagas: 11 m/s
UV-Index: 1
salida del sol: 6:48 am
puesta de sol: 4:26 pm