CRONICA: La celebración de la derrota

CRONICA

Entramos con mi hijo a una licorería muy grande buscando el vino que faltaba para la reunión familiar. Parecía un supermercado, pasillos y pasillos pero de botellas de toda clase y de muchos países. Entre ellos había un stand de una conocida marca de cerveza y de la televisora local de Connecticut. Estaban promocionándose y ofreciendo premios, entre ellos dos entradas al próximo juego de la Copa de Oro entre EEUU y Haití.

Reporteros
Apuntamos nuestros nombres sin mucha esperanza de ganar. A la semana siguiente mi hijo recibió por correo las felicitaciones por participar y las entradas del premio. Tuvimos así que planificar un viaje inesperado a Boston, Massachusetts. Luego de resolver los asuntos laborales y familiares de ese Viernes por la tarde, nos encontramos manejando por la interestatal 84 hacia el estadio Gillette. Allí se jugarían dos partidos, el preliminar entre Honduras y Panamá y el de fondo entre EEUU y Haití.
El viaje en auto demora normalmente dos horas así que paramos en una isla de la carretera para tomar un refresco en la tienda. Allí encontramos un grupo de personas vestidas con las camisetas de la selección de Panamá, algunos con una bandera grande a manera de capa, viajaban desde Nueva York en un bus alquilado a ver el partido. Es sabido que el fútbol se está imponiendo entre los estadounidenses, pero siempre es un gusto ver la colorida celebración de los fanáticos que por más de un siglo han puesto al fútbol mundial a un nivel casi religioso.
El tráfico se hacía más denso conforme nos acercábamos al estadio, pensé que era por ser la hora punta, pero nos rendimos a la evidencia de que era por el fútbol. La mayoría de autos portaban los colores de una de las cuatro selecciones que jugarían dentro de pocos minutos. Las banderas estadounidenses eran numerosas pero las de Haití no se quedaban atrás. Conforme avanzábamos el tráfico era lentísimo y los precios de estacionamiento subían.
Estacionamos a dos millas del estadio en una explanada inmensa donde se celebraba por anticipado en grupos que conversaban, tomaban cervezas, cocinaban en parrillas portátiles y hasta improvisaban partidos de fulbito en terrenos mínimos. No había esa rivalidad enconada que caracteriza a algunas barras bravas, sino más bien un ambiente de camaradería donde todos se deseaban buena suerte y que gane el mejor.
Durante las largas dos millas desde el estacionamiento al estadio íbamos caminando codo a codo con estadounidenses, panameños, hondureños y haitianos. Entablamos una conversación con un haitiano de Boston. Este asistía por vez primera a un estadio de fútbol estadounidense y se había extraviado de su grupo. Nos contó que los haitianos tienen una buena representación en el área de Boston y eso explicaba su gran asistencia al juego. Hablábamos en inglés pues nuestro amigo hablaba creole y solo un poco de español.
Era inevitable pasar del fútbol que nos hermana a las realidades políticas y económicas de nuestras naciones latinas, a las ansias de desarrollo de un continente suprimidas por siglos de gobiernos, con una corrupción impune y casi perpetua. También el fútbol que debería ser un oasis en medio de la corrupción había sido herido por esta y su máximo organismo administrativo a nivel mundial se debatía en el escándalo. Aun así el aficionado y el jugador, células básicas del fútbol, habían resistido y la fiesta a la que nos acercábamos así lo demostraba. El fútbol vive y hermana naciones mejor que el más grande de los diplomáticos del mundo.
Llegamos al gigantesco estadio con capacidad para setenta mil personas, sus tribunas altas desde el interior eran intermitentes y parecían colgar del cielo. Nos despedimos de nuestro “hermano” en el fútbol. Habíamos demorado en la ruta, buscando estacionamiento, compartiendo unas cervezas y caminando. Cuando al fin llegamos a nuestros asientos, el primer encuentro había finalizado con el empate de Honduras con Panamá uno a uno. Se entonaban ya los himnos de EEUU y Haití, se enfrentaban las selecciones de fútbol de la nación más poderosa del mundo y del país menos desarrollado de América.
El partido se disputó con tal intensidad que el triunfo podía ser para cualquiera de los dos. Ataques de ida y vuelta, sin pausa, casi sin tomar aire, defendiendo cada uno sus colores, en el fútbol no hay equipos chicos. Haití estuvo muchas veces a punto de abrir el marcador en el primer tiempo. Durante el intermedio se vivió otra fiesta en las áreas de venta de comidas y bebidas. Allí se juntaban ambas barras, los de Haití espontáneamente bulliciosos individual o colectivamente, los de EEUU solo podían hacerlo en el colectivo de la tribuna.
Pese al constante ataque Haitiano los estadounidenses hicieron un gol en el principio del segundo tiempo por intermedio de su estrella Clint Dempsey. Lo defendieron a capa y espada hasta el último minuto, pese al denodado esfuerzo de los haitianos por empatar.
Al final del partido los haitianos tuvieron un gesto de tristeza, pero que solo duro unos segundos. Al momento volvieron al ritmo que habían tenido durante todo el partido. Bailaban una danza similar a las danzas afroamericanas que recorren el continente de norte a sur. Bailaban y cantaban con alegría por todas las graderías y salidas, lo hacían pese a la derrota y ante el asombro de los demás que solo están dispuestos a celebrar los triunfos. Algo hermoso que se puede extender a todas las actividades humanas y establecer que de una derrota se puede saltar al éxito, como lo hicieron una semana después clasificando y celebrando con la misma intensidad. Los haitianos bailaban por la alegría de estar vivos, para un pueblo que por siglos ha sobrevivido con casi nada, la vida es suficiente regalo, qué diferencia de los que teniéndolo todo sufren indeciblemente al perder algo mínimo.
El tiempo se hizo muy largo caminando al auto, otra vez las dos millas, y la espera para que salgan todos los autos de los estacionamientos por una sola vía de dos carriles, el tiempo fue largo, muy largo. Ya era de madrugada cuando enrumbamos a Connecticut, había sido una jornada para el recuerdo.
Pablo D. Perleche
pablodperleche@aol.com
Identidad Latina

Identidad Latina
Acerca del Autor

EEUU: Trump apunta a la inmigración y el comercio como las claves de su discurso en el Congreso

INMIGRACIÓN: La justicia para los Dreamers sigue en espera

EEUU: Salvadoreños con TPS renueven permiso

EEUU: Trump arremete contra México

EEUU: Los soñadores "no son negociables"

EEUU: Trump, inmigrantes "de todas partes"

EEUU: ONU pide respeto para inmigrantes

INMIGRACIÓN: Condenan decisión de terminar TPS para 200 mil Salvadoreños

EEUU: Estadía de 200.000 salvadoreños; definición

Colombia: Canciller reitera, Ecuador acompañará el proceso de paz

Clima

febrero 17, 2018, 6:36 pm
Cubierto
Cubierto
1°C
sensación térmica: -1°C
presión: 1030 mb
humedad: 58%
viento: 2 m/s S
Ráfagas: 2 m/s
UV-Index: 0
salida del sol: 6:44 am
puesta de sol: 5:26 pm