Cortina de humo de Trump: Mentir y satanizar inmigrantes

La economía marcha bien, pero para Trump el tema es muy aburrido. Es mejor inventarse una “invasión” antes de las elecciones de medio término. La desproporción es tal, que de tan evidente se vuelve ridícula pero es aceptada como verdad absoluta por quienes lo respaldan, así contradiga el hecho de que el país más poderoso del mundo es “amenazado” por una columna de desamparados de la región centroamericana.

Es más, Trump enviará al Ejército a la frontera y afirmó que los militares podrán disparar si son atacados con piedras. Balas contra piedras parece ser la consigna, la que a su vez funciona como mensaje subyacente para los supremacistas que solo esperan una oportunidad para dar rienda suelta a sus frustraciones sociales, estancadas desde el triunfo de la lucha por los derechos civiles.

Y si a eso se suma la proliferación de milicias que asoman ya las narices en las inmediaciones de la frontera sur con el fin de bloquear, a su manera, el eventual arribo de la caravana de migrantes, los posibles escenarios se tornan desde ya temerarios y, al mismo tiempo, confirman el carácter más que elemental de un segmento considerable de la sociedad estadounidense.

Pero en este caso, lo tenebroso no es solamente que Trump esté explotando con fines electorales la caravana de migrantes que intenta llegar a Estados Unidos, para pedir asilo huyendo de la violencia que plaga a sus naciones. Ni que Trump pinte a la caravana como una marabunta de “criminales” que vienen a “invadir” y a apropiarse de nuestro estilo de vida. O que el nacionalista Trump, en otro guiño a los extremistas que quiere sacar a las urnas, asegure falsamente que puede eliminar de un plumazo y por decreto el derecho a la ciudadanía por nacimiento que garantiza la Constitución. O que convoque a la prensa en la Casa Blanca para enviar otro mensaje a los extremistas, asegurando que someterá una orden ejecutiva integral de medidas migratorias, incluyendo restricciones al proceso de obtener asilo.

Los “invasores” que soliciten asilo permanecerán en carpas hasta que se escuchen sus casos, dijo Trump, como si se tratara de un decreto imperial para disuadir cualquier intento de los inmigrantes de piel morena de pisar suelo exclusivo para blancos.

A estas alturas nada de esto nos sorprende porque ya sabemos quién es Trump, qué lo mueve y para quién gobierna: es un nacionalista movido por prejuicios raciales y culturales que únicamente busca complacer a su base con carnada para solidificar su poder político y su capacidad, como hasta ahora, de cambiar la política pública incluso sin la intervención del Congreso. Eso, y alimentar su ego de barril sin fondo.

Pero lo que indigna es que tanto el Congreso de mayoría republicana como el Departamento de Defensa se presten al juego de un demagogo que quiere enviar tropas a la frontera con México, para hacer frente a una crisis y una invasión que él y todos saben perfectamente que es una treta publicitaria electoral, como si se tratara de un juego con muñecos GI Joe.

Es un proceso costoso que sufragamos los que pagamos impuestos y un proceso peligroso al colocar a militares entrenados para matar y no para enfrentar refugiados que lleguen a una frontera buscando asilo.
Maribel Hastings, asesora ejecutiva de America’s voice
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