Cáos y muerte por fenómenos naturales

A propósito del reciente tornado que azotó Oklahoma en los EEUU

Hace más de cuarenta años que un terremoto asoló el departamento peruano de Ancash causando la muerte de casi 100,000 personas. El que escribe estas líneas, bastante joven en ese entonces, demoró casi cinco días para llegar a su pueblo. En el camino y al ver la destrucción causada por la naturaleza, comentaba con sus compañeros de viaje, lo pequeño que es el hombre frente a la fuerza de la naturaleza y su absoluta inhabilidad para poder protegerse de sus embates. Prueba de ello es el monstruoso tornado que ayer, 20 de mayo, prácticamente ha borrado del mapa buena parte del pueblo de Moore, ubicado en los suburbios de Oklahoma City.
Inicialmente, los estimados de pérdidas humanas pasaban del medio centenar. Horas más tarde y luego de un conteo realizado con mayor serenidad, dicha cantidad se ha reducido a casi la mitad, incluyendo a nueve niños de una escuela elemental que ha sido destruida por completo. Personal especializado en desastres y voluntarios siguen con la ardua tarea de buscar sobrevivientes entre los escombros. Los heridos que ha dejado este tornado llegan a los trescientos, los cuales han tenido que ser llevados a hospitales de otras localidades debido a que el Hospital de Moore también ha sido destruido. Cabe mencionar que el estado de Oklahoma es un lugar donde se producen tornados frecuentemente y el pueblo de Moore ya había sufrido, en 1999 y el 2003, el devastador efecto del paso de dos terribles tornados.

¿Qué es realmente un tornado?

Un tornado es una masa de aire que gira con alta velocidad y cuyo extremo inferior está en contacto con la superficie de la tierra y el superior con una nube. Este es un fenómeno atmosférico ciclónico de mayor intensidad energética de tierra, aunque dura muy poco. Los tornados se presentan en diferentes tamaños y formas pero generalmente tienen la forma de una nube embudo, cuyo extremo más angosto toca el suelo y suele estar rodeado por una nube de desechos y polvo. La mayoría de los tornados cuentan con vientos que llegan a velocidades de entre 65 y 180 km/h, miden aproximadamente 75 metros de ancho y se trasladan varios kilómetros antes de desaparecer. Los más grandes, si cabe la expresión, pueden tener vientos con velocidades que pueden girar a 450 km/h o más, medir hasta 2 km de ancho y permanecer tocando el suelo a lo largo de más de 100 km de recorrido, características que ha tenido precisamente el tornado que asoló Moore.
En la actualidad, con los avances de la ciencia que han llegado a niveles jamás imaginados una o dos generaciones atrás, pareciera increíble que poco o nada se pueda hacer para protegerse de los embates de la madre naturaleza. En ese aspecto el hombre sigue a merced de ella, de la misma forma que lo estuvieron sus antepasados hace decenas de miles de años y lo que es peor, tiene las manos atadas frente a estos hechos impredecibles. Estos fenómenos naturales atacan sin previo aviso, en el caso de los tornados se pueden dar algunos escasos minutos de aviso a la población de la zona amenazada. Los pobladores de Moore tuvieron menos de 60 minutos para buscar refugio seguro, lamentablemente no todos tuvieron la suerte de encontrar uno y si lo encontraron de poco o nada sirvió dada la fuerza destructiva del tornado.

¿Se acerca el fin del mundo?

En los últimos años vemos con alarma la proliferación de diferentes catástrofes, léase terremotos, maremotos, huracanes, etc., causadas por las fuerzas de la naturaleza. Los más creyentes aconsejan arrepentirse a sus conocidos “porque el fin del mundo está cerca”, virtualmente a la vuelta de la esquina. Incluso los más fanáticos construyen lugares especiales para protegerse y sobrevivir el castigo divino. No ofensa a los creyentes, pero olvidan un pequeño detalle, la tierra es un planeta literalmente joven y que está en constante evolución y movimiento, sino simplemente veamos un mapamundi. Veremos cómo las costas del lado oriental de Sudamérica encajan perfectamente, con la precisión de un rompecabezas, con las costas del lado occidental de África. Esto indica a las claras que millones de años atrás los continentes estuvieron unidos y que, poco a poco, se han ido separando y no precisamente de manera delicada. Por otro lado la fuerza energética que liberan las placas terrestres, al empujarse unas a otras, producen dantescos terremotos, los cuales son seguidos por maremotos que asolan costas ubicadas miles de kilómetros de donde su produjo el movimiento sísmico.
Ahora bien, los mismos fenómenos naturales que suceden ahora y que nos entristecen por sus terribles consecuencias, han venido acaeciendo durante toda la historia de nuestro planeta y por consecuencia, aparecido el hombre en su superficie, ha tenido que soportar todos su fuerza destructiva, al igual que lo hacemos a los que nos ha tocado vivir en este siglo. La única diferencia es que en la antigüedad las comunicaciones no eran tan rápidas y fáciles como ahora. Vivimos en un mundo globalizado y unido por la información cibernética que nos enteramos con velocidad espeluznante lo que ocurre en la cochinchina y del resultado del último partido de fútbol de la selección de Maymar ¿Alguien sabe dónde queda?
Macondo, el mítico pueblo creado por la imaginación de García Márquez, vivió feliz mientras no tuvo contacto con el mundo exterior. Y cuando lo hizo… cambió la historia de Macondo.
Armando Zarazú
azarazu@aol.com

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