Cambio de frente en la política de EE.UU.

Los Demócratas se enfrentan ahora a un gran pulso para demostrar que sus promesas con respecto a los derechos
de los inmigrantes, y el fin de la guerra en Irak, son reales. Compromisos enormes que llenarán la agenda de los
próximos dos años, además del reto para continuar
la guerra contra el terrorismo.

El resultado de las pasadas elecciones en Estados Unidos fue recibido por la prensa del mundo, en general, como una demostración de los cambios que anhela la sociedad estadounidense, a dos años de la culminación del mandato del presidente George W. Bush.

La razón de este pensar tiene que ver con la derrota del partido republicano en las urnas, y el ascenso al poder legislativo de los demócratas, quienes son vistos, en cabeza del senador de Massachussets, Edward Kennedy y de la senadora Hillary Clinton, como mensajeros de concordia, en lo que tiene que ver con el fin de la guerra en Irak, y la reducción de tensiones en la relación de Estados Unidos con la comunidad inmigrante, particularmente la hispana.

Kennedy, uno de los senadores más veteranos entre los cien que integran esta corporación, ha liderado personalmente multitudinarias manifestaciones hispanas en lucha por derechos en suelo estadounidense. Frecuentemente, sus alocuciones son acompañadas por frases dichas en español, tales como el “Sí se puede”, y otra, que parece tomada de la divisa del guerrillero argentino Ernesto Che Guevara: “Hasta la victoria siempre”.

Si nos acogemos a la sinceridad del senador Kennedy, otro vientos soplan desde el pasado 7 de noviembre para millones de inmigrantes latinoamericanos, y otros vientos también se ven venir con respecto a la recién firmada decisión de construír un muro de 1.200 kilómetros, inicialmente, en la frontera con México.

Hasta el “durísimo” gobernador de California, Arnold Schwarzenegger, amaneció contemporizador después de la derrota republicana, y visitó al presidente Fox para decir, en México, de viva voz, que “el muro no es una solución”. Algunos analistas mexicanos no podían creer que se trataba del mismo gobernador que en múltiples oportunidades ha expresado su apoyo a los grupos civiles que vigilan la frontera, y se ha negado sistemáticamente a aprobar licencias de conducción para inmigrantes, en este, uno de los estados con mayor presencia suramericana.

El presidente Bush, por su parte, se reunió con la nueva líder de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi, en un gesto de acercamiento a este nuevo país que deberá gobernar por dos años más.


Temores en el mercado

Paradójicamente, con el cambio de rumbo de la política, algunas naciones suramericanas como Perú y Colombia, temen que sus respectivos tratados de libre comercio, se echen a perder, ante el conocimiento, probado, de que los demócratas no consideran benéfico el excesivo proteccionismo en materia mercantil, y abrogan bondades de estos tratados, sólo para las naciones en desarrollo.

En adelante, el partido demócrata tiene la responsabilidad histórica de demostrar que sus promesas con respecto a los derechos de los inmigrantes son reales, que la construcción de un muro en la frontera sur es impopular, y que Estados Unidos puede retirar sus tropas en Irak, con la cabeza en alto, sin que ello se traduzca en el mundo como una derrota, o un símbolo de ¨debilidad¨.

La guerra en Irak de todos modos ha traído consigo el fantasma nada grato de los largos años de confrontación estéril en los arrozales de Vietnam; son ya más de 3.000 los soldados estadounidenses muertos en Irak, soldados que, obviamente, tienen padres, hermanos, esposas, hijos. El efecto del dolor por la pérdida de un ser querido, amplificado, es devastador a la hora de consultar si es menester que Estados Unidos continúa ahí.

De otro lado, el partido demócrata, antes de que se diluya el jolgorio de su triunfo, debe demostrar también que está dispuesto a proseguir la guerra contra el terrorismo, una amenaza real para los Estados Unidos, y que si bien es cierto, no ha compartido los métodos republicanos para enfrentarla, tampoco está dispuesto a bajar la guardia delante de acechanzas de los grupos extremistas islámicos.

El partido republicano, de todos modos, perdió los comicios por un margen muy estrecho en el Senado y aunque se ha visto reducido en su capacidad de legislar ahora, aminorado en su poder, mantiene un “cabeza a cabeza” que permitirá, hábilmente, poner “el balón en el territorio demócrata”, para permitir que ellos hagan el gasto político, mientras sus principales figuras se alistan para mover el ajedrez de las próximas elecciones.

El triunfo demócrata también ha perfilado, definitivamente, las opciones presidenciales de la senadora por Nueva York, Hillary Clinton, a quien muchos ven, desde ahora, como la virtual triunfadora en las próximas elecciones. Aunque ella guarda discreto silencio con respecto a estas hipótesis, en su círculo más cercano se da como un hecho su postulación al primer cargo de la nación. Del lado republicano, se baraja también el nombre de otra mujer, Condolezza Rice, para dicha contienda.

Sea lo que fuere, lo cierto es que el mapa político de los Estados Unidos cambió drásticamente el pasado 7 de noviembre.

*Escritor colombiano

Medardo Arias Satizabal
medardoarias@yahoo.com

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